Vinos: de moda

| 6/28/2002 12:00:00 AM

Vinos: de moda

La cultura de consumo de vinos en Colombia se ha sofisticado. La diversidad de la oferta está aumentando y el potencial de crecimiento es muy alto.

Vinos tintos para acompañar carnes rojas y blancos para carnes blancas. Hasta hace poco, esto era todo lo que los colombianos sabíamos a la hora de tomar vino. Gracias a una intensa labor de educación y a la enorme variedad de vinos que encuentra el consumidor, hoy son cada vez más quienes tienen una marca, una variedad y hasta una cosecha favorita. Ya sea para acompañar una comida o simplemente para disfrutar un buen vino.



En el momento de escoger un vino ya no es tan frecuente como en años recientes escuchar la pregunta: "¿Y como de cuánto quiere el vino?". El precio había sido la variable determinante de compra en el país, pero eso está cambiando. "Hoy la gente entiende mucho mejor lo que está comprando, el precio es secundario porque la persona sabe qué quiere y está dispuesta a pagar por ello", aclara Maritza Muñoz, gerente de mercadeo de Global Wine.



La mayor parte del vino que se ofrece en Colombia es importado, principalmente de Chile, debido al convenio bilateral que exime los vinos provenientes del país austral del pago de arancel. Sin embargo, el abanico de orígenes es amplio: España, Francia, Estados Unidos e Italia son los principales. Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Portugal y otros participan minoritariamente del mercado, pero están tomando fuerza.



Para entender el comportamiento del mercado de los vinos, hay que comprender que el mercado está dividido en dos "clases": la económica y la de los vinos con pedigree. En ambos espacios se ha dado el mismo fenómeno cultural, obviamente en diferente magnitud. En los vinos económicos, hay mucha variedad. Los vinos envasados en tetrapak marcan una tendencia de consumo: son cerca del 34% de los vinos importados.



El mercado de los vinos más sofisticados está entre $15.000 y $85.000 por botella y se puede dividir en cuatro categorías: varietales, hechos con una sola cepa o tipo de uva; reservas, más elaborados; premium, añejados en barriles de roble; y superpremium, mucho más sofisticados. "La tendencia del mercado va a ser concentrarse en reservas y premium", indica Julio E. Rueda, gerente de J.E. Rueda y Compañía. "El negocio del vino en Colombia vale unos US$9 millones al año (precios FOB); pero si tenemos en cuenta toda la cadena de distribución, podemos hablar de un mercado de unos US$35 millones", agrega.



El vino se distribuye en grandes superficies, donde Carrefour y Cadenalco hacen sus propias importaciones y están llevando las riendas del mercado del vino económico; tiendas y cigarrerías; hoteles, restaurantes, clubes. Los dos últimos grupos son provistos por distribuidores-importadores o por subdistribuidores, en caso de que el distribuidor no tenga sucursal en ese departamento.



Los importadores están dando la batalla por educar al consumidor. Cursos de degustación, mucha variedad y degustaciones en el punto de venta son algunas de las armas que están usando. "El cambio de imagen del vino se ha dado. Ahora la gente lo percibe como saludable, en especial el tinto que es la tendencia reciente", menciona Carlos Alberto Pico, gerente de Marpico.



Según datos de la Asociación Colombiana de Importadores de Licores y Vinos (Acodil), el número de litros importados al país creció un 50,4% entre 1997 y 2001, pero hay una fuerte preocupación por parte de los importadores de vino pues desde mayo se eliminó la exención a los vinos chilenos y se les empezó a aplicar el 20% de arancel que pagan todos los demás países (excepto Argentina que paga el 10%). Como el año pasado los vinos chilenos fueron el 62,7% del total de litros importados, se teme que al incrementar el arancel se abra la puerta para el mercado negro de vino, que hasta hoy es muy pequeño porque no es atractivo.



El temor de que el contrabando se dispare ha hecho que algunos importadores se alíen con los productores chilenos para subsidiar temporalmente el arancel con la esperanza de que sea eliminado nuevamente en el corto plazo. Al parecer el origen del problema con Chile está en un sector totalmente ajeno: azúcar. Colombia exporta a Chile una cuota de azúcar que en algún momento fue desconocida por Chile. En retaliación, el gobierno colombiano decidió desconocer el acuerdo en el que se comprometió a no cobrarles el arancel a los vinos chilenos. En el momento, la discusión está al rojo, pero los empresarios son optimistas y creen que el cobro del arancel será reversado.



De todas maneras, la propuesta argentina se está explorando porque el vino de ese país ofrece una alternativa más económica pues paga la mitad de arancel que los demás países. "Hay un buen potencial porque algunos productores chilenos han sembrado en Argentina con toda la calidad chilena. Y con la crisis actual, los argentinos están buscando dólares y vender como sea", menciona Martha González, directora ejecutiva de Acodil.



Si el problema con Chile se resuelve y las cosas siguen como en los últimos años, podríamos ver el vino mucho más metido en nuestro día a día, incluso desplazando otros licores hasta hoy mucho más fuertes en el mercado.



Elegir... nada sencillo

La adecuada selección de un vino como acompañante de una comida puede ser un arte muy sofisticado y va mucho más allá de escoger entre un tinto y un blanco. Por ejemplo: solamente los blancos se pueden clasificar en:



Ligeros, generalmente bajos en alcohol y producidos únicamente en tanques de acero inoxidable. Su frescura y acidez los hacen recomendables para acompañar pescados blancos y carnes blancas.

Con cuerpo, criados en madera, presentan un contenido de alcohol más elevado --de 13% a 14%--, su contenido de tanino se debe más a la madera que a la uva. Acompañan mejor aves que pescados.

Voluptuosos, muy aromáticos. Las ostras, el pescado blanco y alimentos con salsas sutilmente condimentadas acompañan idealmente este tipo de blancos, al igual que lo hacen quesos grasos cremosos y salados.

El ideal para los vinos blancos es buscar una temperatura de 8°C en botella, de tal forma que al pasar a la copa el vino logre una temperatura final de 10°C.
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