| 4/27/2017 12:01:00 AM

Venta de botes y yates crece contra la corriente en Colombia

Por turismo, placer, pesca deportiva o estatus social, la venta de botes y yates aumentó significativamente en los últimos 6 años en Colombia. El negocio apenas zarpa.

Colombia es un país paradójico: tiene 3.000 kilómetros de costas en dos océanos, 18.000 kilómetros de ríos y unas 18.000 lagunas. Sin embargo, los botes recreativos, es decir, los que se usan por hobby, llegan apenas a unos 8.000. El número de embarcaciones tipo yate sobrepasa las 100 unidades, aunque la mayoría están matriculados en otros países por razones impositivas.

Se trata de una industria incipiente pero con un potencial muy grande, debido a la ubicación geográfica de Colombia en el Caribe, la cercanía con el Canal de Panamá y porque Cartagena, Barranquilla o Santa Marta podrían ser tres refugios ideales para los yates que escapan de la temporada de huracanes. Adicionalmente, la temperatura en esta parte del Caribe promedia los 27 grados centígrados y las lluvias oscilan entre los 500 mm y 2.000 mm anuales, unas condiciones nada despreciables para este tipo de actividades dependientes del sol.

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Sin embargo, muy poco se ha aprovechado ese potencial. Un estudio elaborado hace un par de años por Innpulsa y el Ministerio de Comercio y con el que se buscaba darle aliento a un clúster de la industria náutica en Cartagena, concluyó que, “por contradicciones con los planes de ordenamiento territorial y leyes de conservación arquitectónica, no ha sido posible llevar a cabo un proyecto de gran envergadura” en la Heroica, lugar preferido por los extranjeros para fondear sus motonaves.

Adicionalmente, este estudio del Gobierno propone simplificar y facilitar las gestiones relacionadas con la tenencia y disfrute de embarcaciones de recreo. “Debido a que en ocasiones los impuestos son muy altos y los trámites dispendiosos, muchos propietarios han optado por tener sus embarcaciones en Cartagena, pero registradas con banderas de otros países, a fin de reducir costos impositivos”, indica este reporte.

Foto: Camila López, presidente de Asonáutica y Miguel Franco, presidente de Colombia Náutica. 

Según María Camila López, directora de Asonáutica, a pesar de todo ello el interés de los inversionistas para construir marinas y sitios de amarre se ha incrementado en los últimos años. “Conozco unas 40 iniciativas en distintas fases de desarrollo. No todas se van a hacer, pero ya hay algunos proyectos con cierto avance”, dijo López. En solo Cartagena hay unos 26 proyectos y otras regiones son foco, como Santa Marta, Barranquilla y la isla de San Andrés. Hoy Colombia tiene unas 26 instalaciones náuticas, mientras que en Estados Unidos hay unas 11.000 marinas y en Europa unas 9.000.

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Catalizador de inversión

En Colombia no se han hecho cálculos de cuánto puede dejar en divisas y oportunidades de negocio que un millonario fondee su yate en Cartagena por unos días. No solo está el costo asociado al amarre, tanqueo y cuidado de la embarcación; también hay que contar los consumos en hoteles, restaurantes y sitios de visita.

“El encadenamiento en esta industria es muy amplio. En algunos destinos el amarre de un megayate de 200 pies puede dejar hasta US$4 millones en toda la cadena”, dijo López. Esto es algo muy común en sitios emblemáticos como Mónaco, pero en Colombia es hoy más un asunto anecdótico.

En Cartagena hay casos para mostrar. En 2016 atracó en las costas de la Heroica el yate Attessa 4, de propiedad del empresario listado en Forbes, Dennis Washington, y en febrero pasado estuvo el Adastra, tal vez una de las embarcaciones más lujosas del mundo (ver foto).

Made in Caribe

También hay que mencionar la industria local. Según el reporte del Ministerio de Comercio, la empresa Eduardoño lidera el mercado con una penetración cercana a 49% y una facturación que supera los US$56 millones, seguido por Cotecmar, con 35% del mercado. Adicionalmente, el mercado de las pequeñas empresas facturó cerca de US$16 millones, liderado por la empresa Elementos Metálicos con una facturación cercana a los US$4,5 millones, seguida de cerca por Navtech, Ferroalquimar y Astilleros Mamonal. MotoMarlin Botes tiene su fábrica en Cartagena y sucursales en Buenaventura y San Andrés. Atiende demanda de tres segmentos: deportivo, institucional y transporte. En los últimos años ha registrado un importante crecimiento en su participación de mercado.

Otra de las estrategias para jalonar esta industria es la promoción. Y en ese sentido puede ayudar mucho la feria náutica que por estos días (27 al 30 de abril) se realiza en Cartagena. Dicho evento convoca a unas 11 empresas internacionales del sector, entre fabricantes y distribuidores de botes y yates y proveedores de tecnología y servicios.

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“Aunque no tenemos muchas cifras, se calcula que este mercado de botes en el país ha crecido 60% en los últimos 6 años. La Feria Internacional Colombia Náutica tendrá una muestra muy interesante de botes que incluirán otros actores de la cadena, como la venta de accesorios, equipos de navegación satelital, ropa, administradores de marinas y proveedores de servicios técnicos”, aseguró el director del evento Miguel Ángel Franco. También habrá lugar para entretenimiento, pues se incluirán charlas de temas náuticos, paseos en bote y música en vivo.

Entre las empresas que estarán presentes se destaca el grupo italiano Azimut. Dicha compañía es un jugador de talla internacional que tiene 4 grandes marcas: Atlantis, Azimut, Azimut Grande y Benetti. La firma cuenta con 9 plantas de producción, las cuales suman un área de 510.000 m2 y unos 2.000 empleados solo en Italia. Además, tienen presencia en 68 países, a través de 138 oficinas.

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“En la feria esperamos gente que quiera comprar su primer bote y los que quieren renovar su equipo”, dijo Franco. El perfil del navegante colombiano es empresario, mayor de 40 años, hombre y proveniente de Cali, Bogotá, Medellín o Barranquilla. Sin embargo, se está registrando una tendencia interesante y es que un grupo de amigos de entre 30 y 35 años compran un bote de mediano tamaño para usar por temporadas. De esta manera reducen los costos de operación y elevan el estatus social. Es cada vez más frecuente el cierre de un negocio importante en altamar.

Los costos son todo. Una lancha de 30 o 40 pies de eslora (longitud) puede valer entre $400 millones y $900 millones y puede incluir baño, camarote, GPS, motor de alta velocidad, equipo de sonido y cocina, así como el espacio para tomar el sol. Un yate promedio puede tener entre 50 y 60 pies y su costo puede oscilar entre los US$800.000 y los US$2 millones. A esto hay que sumar el mantenimiento, combustible y tarifa de amarre.

En general, esta es una industria en donde casi todo está por hacer. Ni siquiera se habla de pesca recreativa, en donde los lagos y ríos de Colombia son más que ideales para una práctica extensiva. Ajustes en la regulación, incentivos para matricular los botes en Colombia e inversiones en marinas hacen parte de la carta de navegación para que este sector zarpe por fin.

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