Venezuela: nuevas reglas

| 3/22/2002 12:00:00 AM

Venezuela: nuevas reglas

Tras la devaluación del bolívar, los colombianos deben aprender a moverse en un nuevo entorno.

"La globalización es como el matrimonio. Cuando se casan dos personas lo hacen con todas sus virtudes, pero también le endosan a la relación todos los defectos. En el comercio entre Colombia y Venezuela, estamos pasando una crisis matrimonial compleja y de proporciones mayúsculas". Así describe Miguel Gómez, presidente de Bancoldex, el momento que atraviesan las exportaciones colombianas a ese país, luego de que el gobierno venezolano dejara flotar el dólar y se alcanzara una devaluación cercana al 30%.



En los dos últimos años, nuestras exportaciones a Venezuela alcanzaron sus niveles más altos en la historia. Solo en el 2001 se vendieron US$1.700 millones en productos. Pero ahora los empresarios colombianos enfrentan una coyuntura muy difícil, pues la tasa de cambio, que hace unos meses fue su gran ventaja, se ha devuelto en su contra.



¿Habrá más devaluación?



Desde el punto de vista macroeconómico, la primera pregunta es si la devaluación acumulada hasta ahora (el dólar arrancó el año a 766 bolívares y el 15 de marzo se cotizaba a 911) es suficiente, o si será mayor. El consenso de los analistas espera una mayor devaluación. El banco Credit Suisse First Boston estima que el dólar se ubicará en 1.150 bolívares al terminar el 2002, con una devaluación del 50%. Otros analistas creen que al final del año puede ubicarse entre 1.200 y 1.500 bolívares. Según Francisco Rodríguez, representante de la oficina de análisis económico de la Asamblea Nacional (órgano legislativo en el vecino país), por cada 11 puntos de devaluación se genera un punto del PIB adicional en ingresos fiscales. "Si dentro de la programación fiscal del gobierno faltan 4 ó 5 puntos del PIB, lo más lógico es que ellos se obtengan con una mayor devaluación", dice.



En un mes, el Banco Central de Venezuela ha quemado US$685 millones en reservas y el nivel que alcanzan es US$9.710 millones, similar al que se registraba en 1995 cuando el control de cambios estaba en vigencia. El Gobierno ya comenzó a hacer uso del Fondo de Inversión para la Estabilización Macroeconómica (FIEM), que constituye un colchón para emergencias alimentado con divisas del petróleo.



La segunda pregunta es hasta qué punto la devaluación se reflejará en mayor inflación. En el ciclo tradicional venezolano, la sobrevaluación acumulada lleva a una fuerte devaluación, la cual es compensada por un rápido crecimiento de los precios. La inflación acumulada en 12 meses aumentó de 12,5% en enero a 33,3% en febrero de este año. Sin embargo, en esta oportunidad no se espera que toda la devaluación se traslade a mayor inflación interna. Los analistas creen que los precios internos absorberán cerca del 60% de la devaluación y, por ello, la inflación al final del año podría ubicarse entre 30% y 35%.



El contexto internacional de hoy respecto a la inflación es diferente al del pasado. Hay una presión deflacionista en el mundo y en los países que han devaluado desde la segunda mitad de los años 90 el impacto sobre la inflación (el llamado pass-through) ha sido reducido. En Venezuela la gran mayoría de los productos de consumo son importados, por lo cual el vínculo devaluación-inflación debe ser elevado. Pero de todas formas la tendencia mundial deberá mitigar el efecto.



Otros factores hacen que la situación sea diferente a las antecedentes. Por una parte, el elevado volumen que ha alcanzado el comercio entre Colombia y Venezuela implica que hoy la crisis venezolana afecta a muchas más empresas y más sectores que en 1996 ó 1989. Por otra, en la coyuntura actual la economía colombiana está más débil que en esos años.



Los riesgos para las empresas



Las empresas colombianas enfrentan varios efectos negativos en Venezuela. Primero, disminuyen los negocios por la contracción del mercado. Segundo, no solo bajan las ventas, sino que se deteriora la cartera en las que se hacen. Y tercero, puesto que el gobierno está intentando reducir la presión cambiaria con contracción monetaria y altas tasas de interés, las empresas enfrentan grandes dificultades para acceder al crédito.



"El problema en Venezuela no es vender. El problema es cobrar", asegura Jorge Alberto Velásquez, consultor del mercado venezolano.



Según Bancoldex, entre el 85% y el 92% de las exportaciones colombianas hacia Venezuela son en cuenta abierta. Esto significa que el exportador colombiano despacha los bienes y manda la factura a 30, 60 ó 90 días, sin sistemas de pagos incorporado, sin cartas de crédito ni compromiso de reembolso irrevocable. La exposición en Venezuela de Segurexpo, entidad afiliada a Bancoldex que asegura cartera de exportadores, es de solo US$38 millones. El riesgo de pago se incrementa por la carencia de instrumentos, pues los bancos en Venezuela hoy no abren cartas de crédito ni compran facturas. A esto se suma la ineficiencia y lentitud del sistema judicial para el cobro.



Los sectores que primero han sentido el impacto son los de consumo final, como alimentos, confecciones y calzado (estos últimos representan el 10,9% de las exportaciones colombianas a Venezuela). En otros sectores tardará un poco más, ya que entran como insumos en cadenas productivas. El impacto sobre demanda y precios se ve con rezago. Entre tanto, Proexport está monitoreando con los empresarios el impacto de las medidas en Venezuela, a través de encuestas. La demora en los pagos es el primer resultado que han observado.



Las empresas colombianas se ajustan a las nuevas circunstancias del mercado. Para Cativen (la inversión de Exito en Venezuela), la medida genera una descapitalización de los negocios, pues en la reposición del inventario se pierde valor. En este proceso tendrán que castigar el 2 ó 3% de sus ventas. Por otro lado, el gobierno está ejerciendo una política agresiva de control policivo, al exigir a los comerciantes de algunos productos que vendan los inventarios sin considerar el efecto de la devaluación. Según Carlos Hugo Escobar, gerente de la compañía, "las importaciones se van a resentir y se dificultan por costos. Esto va a llevar a un negocio más básico y dependiente de la producción venezolana, que se caracteriza por su estructura oligopólica y de poca competitividad". Una salida que estudian es desarrollar una marca propia más fuerte y bajar así los precios. Pero estiman que el consumo en unidades caería 5%.



En el caso de Coltejer, las ventas en febrero se redujeron en cerca de 35% frente al mismo mes de 2001. Sin embargo, según Alvaro Lafourie, representante de negocios internacionales de la compañía, en diciembre de 2001 recibieron los pagos más grandes de su cartera. Además, agrega, "nuestros clientes en Venezuela están comprando con mucha prudencia, solo lo que necesitan, sin aumentar inventarios".



Sofasa registró en febrero una caída del 40% en la demanda. Para enfrentar la coyuntura de su principal mercado de exportación, la empresa adelanta nuevas estrategias. Está evaluando el ingreso a nuevos nichos de mercado con productos de precios adecuados. También busca ganar competitividad en precios, los cuales han aumentado en la cuarta parte de la devaluación.



En el sector metalmecánico, aunque para algunas empresas hay relativa tranquilidad en el mercado, gracias a que los competidores locales manejan sus listas de precios en dólares (lo que pone a colombianos y locales en igualdad de condiciones), la incertidumbre está en una contracción de la demanda y en que "el ingrediente financiero que se relaciona con las negociaciones se va a ver tremendamente afectado", asegura un empresario.



Por su parte, el presidente de una empresa de alimentos afirma: "El consumo interno en Venezuela no ha caído en forma significativa, lo que es una buena noticia en medio del difícil entorno. Lo importante es mantener inventarios en niveles bajos y controlar gastos. En cuanto a la calidad de la cartera, los que más van a sufrir son los que no tienen sistemas de distribución propios, pues están sujetos a la capacidad y voluntad de pago de su canal. Otro punto muy importante es contra quién compite uno en cada línea de producto. Si el competidor es extranjero, el terreno es relativamente equilibrado. Si es local, pero tiene un alto componente importado en sus costos, tal vez la situación es manejable. La coyuntura más difícil la enfrentan quienes tienen competidores locales cuyos costos se fijan en bolívares".



Después de varios años en los que los colombianos avanzaron en el mercado venezolano como en una autopista de alta velocidad, viene ahora una etapa de poco acelerador y mucho freno. Venezuela seguirá siendo un mercado clave para los colombianos, pues el modelo económico de ese país está basado en exportaciones de petróleo e importación de bienes manufacturados, precisamente los que Colombia puede suministrarle. El problema es la alta volatilidad. El reto para nuestro país es lograr que los crecientes números de empresas colombianas que descubren el mercado venezolano aprendan a manejar esa volatilidad y logren sobrevivir a los estrellones que van a tener en algunas vueltas del camino.



¿Control de cambios?

Puesto que se sabe que la devaluación alcanzada hasta ahora no es suficiente, está en el aire la posibilidad de que Venezuela aplique un control de cambios, como lo hizo a mediados de la década del 90.



Sin embargo, Francisco Rodríguez, asesor de la Asamblea Nacional, espera que Venezuela no se vaya por esta decisión. "No creo que la adopten, porque el presidente Hugo Chávez está consciente de la necesidad de recuperar la confianza de los mercados internacionales en Venezuela y del daño que un control de cambios le haría".



Hace más de 6 años, cuando Venezuela adoptó la medida, Colombia la enfrentó con relativo éxito al utilizar el esquema de Aladi de pagos de crédito recíproco. Este mecanismo lleva las importaciones y exportaciones entre dos países a una cuenta de compensación, en la cual solo hay movimiento de divisas por el saldo. Los países se encargan de pagarles a los nacionales en moneda local. El convenio permitió reducir el impacto de los movimientos cambiarios sobre el volumen del comercio entre Colombia y Venezuela en el anterior episodio de sobrevaluación de la moneda, a mediados de los 90.
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