| 11/1/1995 12:00:00 AM

Valores desintegrados

En plena fiesta nacional del 20 de julio de 1988, un miércoles, funcionarios de la Superintendencia Bancaria y de la Corporación Financiera Integral, trabajan febrilmente para tratar de aclarar un espinoso asunto. Tras intensas horas de consulta detenida de documentos, cuadre de cifras y exigencia de explicaciones, la policía financiera descubrió que no aparecían en la financiera los títulos representativos de las inversiones de alta liquidez de la corporación.

Esa misma noche se dispuso intervenir la corporación. A la mañana siguiente, en la Bolsa de Bogotá ordenó a Valores Integrados suspender sus actividades en el mercado por incumplir sus reglamentos y por no hacer entrega de valores adquiridos semanas antes por cuenta de Fiduciaria Bursátil y de la Corporación Financiera Integral. El viernes 22 de julio llegó a la bolsa la queja del Banco Central Hipotecario que denunciaba que ese día había vencido un título de participación y no aparecían los papeles de sustento de esa y otras operaciones por $480 millones.

La corporación y la comisionista de bolsa tenían los mismos socios. Esa tarde la Superintendencia Bancaria, la Bolsa de Bogotá y el Banco Central Hipotecario elevaron las correspondientes denuncias penales contra el grupo Valores Integrados. De nada valieron las explicaciones de los hermanos Augusto, Humberto y Santiago Jiménez Mejía, cabezas visibles del miniconglomerado, ni de sus colaboradores y socios Rodolfo Prieto Díaz e Iván Escobar Pardo.

El lunes siguiente Valores Integrados y la Corporación Financiera parecían oficinas de fantasmas. Camilo Mutis, un comisionista que había ingresado dos semanas antes a la firma, fue el único que dio la cara. Siete cheques rebotados por fondos insuficientes por unos $32 millones y clientes sin papeles de respaldo por sus operaciones, daban fe del descalabro.

a Cámara de la Bolsa, organismo disciplinario del mercado, consideró que los accionistas de Valores Integrados carecían de la reconocida honorabilidad e idoneidad exigida por las normas legales y dispuso retirarlos definitivamente como miembros de la Bolsa de Bogotá. Había culminado así la loca carrera de Valores Integrados que la llevó a colocarse como la segunda más grande del mercado. Los papeles comprados para el BCH resultaron enajenados a nombre de Promociones Escort Limitada, en operaciones repo que se efectuaron por considerables sumas con varias empresas del sector real y del sistema financiero colombiano.

Escort, palabra inglesa que significa escolta o acompañante, era precisamente eso para Valores Integrados. Sus socios (los mismos de Valores) la utilizaban como sociedad paralela para celebrar, por fuera de la bolsa, operaciones repo, es decir, vendían títulos inscritos en bolsa con pacto de recompra. En esencia Escort compraba papeles de largo plazo para revenderlos luego en el mercado secundario a corto plazo, en forma continua. La diferencia entre la tasa de interés de corto plazo y la de largo, era su utilidad.

La de los repos era la feria de la alegría durante esos meses, hasta que a mediados de 1988 estalló en pedazos. Por primera vez en la historia la tasa de interés de corto plazo se puso por encima de las tasas de mediano y largo plazo. El 15 de enero estaba en el 20% y a mediados de julio se colocó en 38%. Promociones Escort tenía unos $5.000 millones colocados en el mercado de los repos.

El grupo de Valores Integrados hizo agua. Además, la Financiera Integral venía en líos desde que fue adquirida al grupo Colseguros en 1982. Por esos días mostraba utilidades por $38 millones, pero en verdad las pérdidas sobrepasaban los 5523 millones. La Superbancaria estableció que la corporación perdía desvíe 1982 diez millones de pesos mensuales en su operación.

Los "rotos" eran cubiertos siempre por las otras empresas integradas. Lo cierto es que desde que los Jiménez asumieron el control de la corporación, lo habían hecho como los mejores: con todo un autopréstamo, en operaciones apoyadas por Bayron López Salazar y Darío Correa Díaz, sobrino de Félix Correa. Incluso fue muy controvertida la forma descarada como marchitaron la participación del grupo encabezado por Gustavo Arango Escobar en la entidad.

La Bolsa de Bogotá reparó a su cliente, el BCH, las pérdidas sufridas con Valores Integrados y le entregó un puesto de bolsa que se activará en breve. El proceso que adelanta actualmente la justicia contra los hermanos Jiménez Mejía avanza en la etapa de audiencia pública por el presunto delito de estafa y ellos se encuentran bajo la libertad, después del pago de la caución del caso. Santiago Jiménez vive en París en donde representa negocios para Colombia, Humberto Jiménez fue representante de Sumitomo en Colombia y Augusto Jiménez es el presidente de la Drummond de Colombia.
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