| 3/1/2006 12:00:00 AM

Una nueva clase de inversionistas

Las cuentas apalancadas le abrieron la posibilidad a un buen número de profesionales de entrar en negocios que estaban reservados a los traders de las grandes mesas de dinero.

Son las tres de la tarde de un miércoles, pero parece que tuviera todo el resto del mes para la entrevista con Dinero. Relajado, con chaqueta de cuero negro y jeans, tiene cara de satisfacción. La noticia del cambio en la perspectiva de la calificación del riesgo país para Colombia cuadruplicó el valor de su inversión y consiguió una utilidad cercana a los $80 millones en un día. Es la historia real de un conocido ejecutivo del sector financiero que decidió dejar su trabajo en una firma comisionista para dedicarse a transar papeles de deuda pública desde su casa, con un contrato de cuenta apalancada de una fiduciaria. Hasta hace poco, estas operaciones estaban reservadas para los corredores de las grandes mesas de dinero.

"Tengo un negocio artesanal", asegura. Y a pesar del monto de las utilidades, esto no deja de ser cierto si se considera que trabaja en el estudio de su casa con un teléfono celular, y uno fijo que usa para poner las órdenes de compra y venta de títulos, un televisor sintonizado en CNBC y un computador que dista mucho de ser un aparato de última tecnología.

Pero para estos inversionistas los gloriosos no son todos los días. Las historias de utilidades enloquecidas también están acompañadas de relatos de pérdidas enormes. De hecho, los contratos de las cuentas apalancadas, o cuentas de margen, como a veces las llaman, están llenos de advertencias sobre las posibilidades de pérdidas. "El fideicomitente. expresamente manifiesta que conoce que las inversiones apalancadas involucran riesgo tanto de mercado como de liquidez y que por tanto acepta que se pueden presentar pérdidas o utilidades incluso en períodos inferiores a un día".

Este mercado de inversionistas por cuenta propia que operan desde sus casas ha crecido aceleradamente. Mueve $1 billón cada día en títulos de deuda pública, esto es el 10% de los $10 billones que se transan en Colombia. Hay 10 jugadores grandes que transan entre $200.000 millones y $300.000 millones diarios. "Se mueven como lo haría un fondo de pensiones", asegura el jefe de la mesa de uno de los mayores comisionistas del país. Los demás operadores de cuentas apalancadas son cerca de 200 jugadores que tienen contratos en Fiducor, Interbolsa y Promotora Bursátil. La mayoría hizo utilidades el año pasado, favorecidos por la baja permanente de las tasas de interés.

Por qué aparecieron Hace unos años, algunos puestos de bolsa inventaron una figura en la que los corredores ponían unas garantías personales para hacer operaciones. El monto de las garantías determinaba cuánto podían negociar. Las utilidades se compartían -60% para la firma y 40% para el comisionista-, y las pérdidas las asumía el corredor contra la garantía. "Es una figura exótica, que no funciona en ninguna otra parte del mundo", dice Juan Camilo Vallejo, presidente de Fiducor. La ortodoxia financiera indicaría que las firmas comisionistas deberían responder por las pérdidas. De otra forma, parece que estuvieran franquiciando su licencia. Por eso, en su momento, la desaparecida Superintendencia de Valores prohibió esa práctica.

Sin embargo, con una variación, las cuentas de garantía se pueden usar para promover la entrada al mercado de inversionistas independientes. Así lo vio Fiducor, que diseñó un contrato para manejar cuentas apalancadas que autorizaron las Superintendencias Bancaria y de Valores, unidas hoy en la Superfinanciera.

El contrato establece que un grupo de inversionistas puede dar una garantía de $15 millones y con eso pueden negociar hasta $500 millones en títulos de deuda pública. Esto se puede hacer porque como se compran y se venden en un mismo día, el inversionista solo recibe o pierde el margen -la diferencia entre el precio de compra y venta-. Fiducor nunca recibe en garantía más de $150 millones por contrato, que respalda negocios por hasta $5.000 millones en TES. Tampoco recibe en garantía carros o casas, como sí lo hacían las firmas comisionistas de bolsa en el pasado. El grupo designa un operador, encargado de ordenar las compras y las ventas que ejecuta por ellos la fiduciaria. No es un corredor, en el sentido de que no puede ejecutar órdenes para terceros fuera del grupo.

La fiduciaria se encarga de la contabilidad y el manejo administrativo de las operaciones y por su trabajo cobra un salario mínimo cada mes y 0,5% por cada transacción. En esta forma de cobrar está el atractivo para los corredores: se quedan con la totalidad de la utilidad, sin compartirla con el puesto de bolsa.

El producto, innovador en Colombia, resultó ser un éxito para Fiducor. El 1 de agosto de 2004 esa firma tenía 12 empleados y una pérdida de $600 millones. A final de ese año, con las cuentas apalancadas en operación, mostró utilidades por $47 millones y a final de 2005, amplió su nómina a 65 empleados y su balance mostraba una utilidad de $2.300 millones. Por eso, cuatro firmas comisionistas avanzan en el diseño de sus propios contratos de cuentas apalancadas.

Bueno para quién Al inicio se pensó que las cuentas apalancadas podían ser peligrosas. Sin embargo, ahora la mayoría acepta sus ventajas. Pedro Sánchez, uno de los primeros operadores de este modelo de negocios, sostiene que han contribuido a generar mayor liquidez y mayor competencia en el mercado, y esto lo ha vuelto menos manipulable. "Ahora es más difícil que un solo jugador logre darle la vuelta al mercado", dice, para referirse a las situaciones en las que una entidad cambiaba la tendencia de los precios de un activo con una sola transacción.

Pero no todo son ventajas para quienes transan desde la sala de su casa. De un lado, tienen que asumir el 100% del riesgo de sus decisiones y de otro, no tienen acceso instantáneo al mercado. Tienen que dar órdenes telefónicas de comprar o vender a la fiduciaria, lo que los hace llegar siempre unos segundos más tarde que los tesoreros de las mesas de dinero que tienen pantallas para negociar en tiempo real.

Sánchez ve que esa desventaja puede convertirse a la larga en una de sus fortalezas. Los obliga a actuar más despacio "a montar posiciones más estratégicas, de mediano y largo plazo", señala. La mayoría de los inversionistas no tiene una gran infraestructura. De hecho, algunos usan una sala especial que Fiducor pone a su disposición con pantallas y teléfonos, tinto y galletas para que estén al tanto del mercado y puedan hacer sus órdenes.

No son los yuppies típicos. Las utilidades no se las gastan en más equipos, sino en fortalecer sus reservas para épocas malas, que cuando lleguen, van directamente contra su billetera. Por eso, casi todos suplen su falta de pantallas de Bloomberg y teléfonos Etrali con estrategia. Uno de ellos, que en su vida profesional pasó por un buen número de entidades bancarias y de bolsa, hace un análisis técnico todas las mañanas -como los hacen los comités de inversiones de los bancos más sofisticados-, para establecer la posición que adoptará y los límites para salirse en caso de una pérdida o para tomar utilidades. "Tengo una posición más o menos estructural", aclara, para explicar que no se dedica como otros, a comprar y vender constantemente a lo largo del día. Puede perfectamente esperar una o dos jornadas sin transar, pero siempre se mantiene fiel a sus decisiones estratégicas. Además, al hacer menos transacciones, baja el costo de las comisiones y se obliga a sí mismo a pensar jugadas más eficientes. La experiencia va desarrollando reglas: "cualquier decisión es buena, siempre y cuando se tenga claro y definido el nivel máximo de pérdida que se está dispuesto a asumir", opina Sánchez.

También se han ido armando estructuras nuevas. Se han conformado grupos que se reúnen para compartir información y los costos de sus oficinas. El más conocido es el de los 10 jugadores más grandes de este mercado, que tienen una sola mesa. Como este ya hay dos grupos de buen tamaño y posiblemente se conformen más. A diferencia de las mesas de dinero de otros intermediarios, los 'corredores apalancados' no cooperan entre sí en las transacciones. De hecho, no pueden cruzar operaciones entre ellos. Sin embargo, la cercanía facilita el intercambio de información que es el insumo vital para cualquiera que quiera hacer utilidades en negocios financieros. Además es posible que sean protagonistas del desarrollo de nuevos instrumentos, como las opciones financieras. Cuando las tasas de interés empiecen a subir, hacer dinero con TES será mucho más difícil. Una manera de defenderse de las pérdidas es hacer 'cortos' como dicen en la jerga de los financieros. Esto es, tomar títulos prestados que se devuelven cuando bajan de precio. Otra forma es comprar opciones, una especie de seguro que limita las pérdidas. Estos instrumentos no se podrán transar ampliamente entre entidades financieras hasta cuando la Superfinanciera reglamente estas operaciones. Pero entre operadores particulares como ellos, se pueden pactar sin mayores restricciones.

Así, esta nueva generación de inversionistas, la mayoría de ellos gente con experiencia en el sector financiero, ampliará la liquidez del mercado y quizás ayude a desarrollar nuevos instrumentos. Si eso pasa, las cuentas apalancadas pasarán a la historia financiera nacional como un mecanismo para democratizar el acceso al mercado de capitales, un sueño que parecía casi perdido hace un par de años.
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