Una lección tardía

| 2/25/2000 12:00:00 AM

Una lección tardía

El país perdió uno de los bancos más importantes y el ISS se quedó sin el 10% de sus reservas para pensiones.

Una cadena de errores y de malos manejos le dio un entierro de tercera a la entidad que financió la vivienda de muchos colombianos durante más de 30 años: el BCH. Las alarmas sobre la no viabilidad del BCH se encendieron a mediados del 98. Al cierre de ese ejercicio, las pérdidas alcanzaron los $116.183 millones; la calidad de la cartera era la peor del subsistema, el patrimonio se redujo a la mitad y la relación de solvencia cayó 5 puntos por debajo del mínimo legal exigido por la Superbancaria. En febrero del 99, los activos improductivos absorbieron el patrimonio de la entidad y unas semanas después el banco entró en causal de disolución. Sin embargo, solo hasta febrero del año 2000 el Gobierno logró aplicar correctivos drásticos para frenar el aceleradísimo deterioro de la entidad y le ordenó ceder la mayoría de sus activos, pasivos y patrimonio a la CAV Granahorrar. Pero el BCH ya se había 'comido' $800.000 millones de capital que le había puesto Fogafin en un último intento por sostenerlo y sus pérdidas a diciembre pasado prácticamente se duplicaron. ¿Errores de cálculo o de política? La misma cosa. Rafael Pérez Martínez, el presidente del BCH, recibió un banco con las bases rotas pero aun así se empeñó en no convertirse en el liquidador de la entidad y trató de revivirla, con efectos perversos. El de Pérez fue un nombramiento político y no técnico, lo que impidió que la crisis se manejara con verdaderos criterios de eficiencia. Pero era claro que la situación de la entidad no daba mucho margen de maniobra en la colocación de créditos ni en la captación de recursos del mercado. Los ingresos operacionales del banco desde bastantes meses atrás no alcanzaban para cubrir los costos de los recursos, es decir, el 'gap' operacional del BCH llegó en abril del 99 a 67,9%, cuando lo mínimo para mantener la sanidad patrimonial es 100%. Eso significaba que la cartera improductiva ya se había comido buena parte del patrimonio por el excesivo volumen de bienes recibidos en pago y el deterioro de la calidad de la cartera. Desde principios del 99, y con más fuerza después de la capitalización ordenada por la Superbancaria y realizada por el Fondo de Garantías de Instituciones Financieras (Fogafin), se generaron constantes choques entre los miembros de los organismos de control del Gobierno y el presidente del banco. Los técnicos del Gobierno opinaban que la vía menos traumática para el BCH era realizar un cierre progresivo de sus operaciones, mediante la reducción de la cartera bruta, de la planta de personal, de la pauta publicitaria y de los gastos en sistematización. El principal objetivo era sanear sus finanzas para luego dar el paso a una eventual venta, en lugar de liquidarlo. Pero Rafael Pérez contravenía las decisiones, al intentar expandir las acciones del banco mediante el otorgamiento de créditos nuevos, la contratación de personal y algo de publicidad. En ese tira y afloja transcurrió un año hasta que la calidad de la cartera alcanzó un deterioro del 43%, cuando el promedio de las CAV estaba en 14%, y el índice de morosidad se duplicó. A ese deterioro contribuyó sin duda el 'limbo' en el que se mantuvo el sistema upac durante todo el 99 por las demandas ante la Corte Constitucional y, luego, por el diseño y debate a la Ley de Vivienda que se tomó el último trimestre del año. Pero esos factores eran previsibles. Las demandas habían dejado sin bases el sistema hipotecario desde el 98 y todo indicaba que en el 99 las cosas empeorarían, atizadas por la recesión. Ahora será Granahorrar la entidad que asuma el peso de una cartera que no mejora y de un volumen muy elevado de activos improductivos. Lo del BCH fue un error de diagnóstico que le costó al país una de las más grandes entidades de crédito y a los trabajadores y pensionados del ISS el 10% de sus reservas para el futuro.



Informe de la verdad



Las conductas y acciones señaladas por la Comisión de la Verdad como causantes del gran deterioro del BCH y por las cuales se perdieron más de $350.000 millones, se dieron durante presidencias anteriores a la de Rafael Pérez Martínez. La fecha de análisis de la Comisión se suscribe en buena parte al período en que María José García ocupó la presidencia del banco. Entre otros cargos, las investigaciones se adelantan por:



El diseño y ejecución de una política equivocada que motivó y llevó a la entidad a comprar y quedarse con la cartera más mala del sistema financiero.

El otorgamiento de los créditos sin el cumplimiento de los estudios y evaluaciones correspondientes.

El desembolso de créditos a miembros del núcleo familiar del funcionario, sin los debidos estudios y sin garantías que respaldaran las acreencias.

El favorecimiento a un miembro de la Junta Directiva del Banco, por medio de la concesión de créditos, irregularmente otorgados.

La contratación de servicios con personas allegadas a los directivos de la institución, violando las normas sobre inhabilidades e incompatibilidades.
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