| 11/24/2006 12:00:00 AM

Un nuevo balance

La industria de alimentos balanceados para animales era una de las más dinámicas del sector manufacturero. El aumento de 52% en el precio internacional del maíz le plantea nuevos retos. ¿Quién saldra beneficiado?

La industria de alimentos balanceados venía creciendo en agosto a una sorprendente tasa de 16% real anual, de acuerdo con la Andi. Sin duda, esto se debe al aumento en la producción de 10% en la avicultura y de 9% en la porcicultura. Sin embargo, para mantener esa tasa de crecimiento, el sector tendrá que sortear algunos cambios que pueden modificar la cara de la industria y alterar el mapa de sus proveedores. Además, lo que ocurra con estas empresas muy seguramente les interesará a los ganaderos y a los productores nacionales de maíz, yuca y sorgo.

El mayor cambio en el sector se produjo por el aumento en el precio internacional del maíz, la principal materia prima de esta industria. La producción maicera en Estados Unidos se reorientó hacia la fabricación de etanol y por eso, la oferta para exportación se redujo en 40% en los últimos meses. El efecto del recorte de oferta sobre los precios fue muy relevante. Mientras en septiembre un bushel (cerca de 25 kilos) se cotizaba en US$2,30, en noviembre, los precios para entrega en diciembre ya habían subido a US$3,50 por bushel, un aumento de 52%.

El precio del maíz importado a Colombia subió en la misma proporción. Según Luz Stella Kuratomi, directora ejecutiva de la Cámara de la Industria de Alimentos Balanceados de la Andi, hoy una tonelada de maíz estadounidense puesta en Buenaventura vale US$127 y en diciembre podría estar en US$195.

El fenómeno es muy relevante para la producción de alimentos balanceados, porque es un gran usuario de maíz importado. Este año, el sector importará cerca del 85% de los 3 millones de toneladas de maíz amarillo que llegarán al país.

El alza también dejó en ventaja los precios del cereal local frente al internacional. Una tonelada de maíz nacional puede valer cerca de $600.000 puesta en centros de producción como Bogotá, Cali o Medellín, mientras el importado puede estar por los $612.000, señala Fabio Polanía, subgerente técnico de Fenalce, gremio de los productores de cereales. Esta es una buena noticia para los agricultores, que podrán encontrar en la industria de concentrados un mayor interés en absorber la cosecha nacional de 911.000 toneladas.

El auge en los precios no parece un fenómeno pasajero, porque la demanda de maíz para etanol no se reducirá. Dependerá naturalmente de las siembras de Argentina y Brasil que salen en febrero y marzo, pero no se esperan grandes presiones a la baja.

Esto incentivará el cultivo en Colombia y recuperará las áreas sembradas desde agosto. Las siembras en el segundo semestre fueron más bien escasas por temor a El Niño. "Ya es difícil conseguir maíz", señala la directora de la Andi.

La situación plantea entonces una buena coyuntura para los productores de maíz o de los sustitutos de cereal, yuca y sorgo. "Hay una inmensa oportunidad para sustituir importaciones. Los agricultores deben tener confianza en que el industrial apoyará la siembra", dice Carlos Payán, gerente general de Concentrados S.A. en el Valle. Sin embargo, advierte que el proceso necesitará un fuerte apoyo de capital y un adecuado manejo del producto para garantizar su calidad.



Cambios en el sector

En el lado industrial habrá más cambios. La revaluación de este año les ayudó a los productores a mantener bajos los precios, pero el alza en los costos de producción y la disminución en la apreciación de la tasa de cambio podrían forzar modificaciones en sus estrategias.

Hasta ahora, incluso en épocas de devaluación transitoria, el sector trató de no trasladar las alzas de costos al precio, para mantener el crecimiento de los mercados de pollo y cerdo. Mientras hace dos años se consumían cerca de 16 kilos de carne de pollo por persona al año, hoy el consumo está en 19,2 kilos. Ese aumento se consiguió no solo por la mejora en las condiciones de ingreso de los compradores, sino porque se redujo el precio de lista de los alimentos para aves. Entre septiembre de 2004 y finales de 2005, bajó casi 17%.

Ahora las cosas pueden ser distintas. "El aumento de precios de los commodities nos va a afectar. Lo vamos a ver a final del año y de 2007", afirma Carlos Payán. Y no debe ser de otra forma, porque el maíz es cerca del 55% del total de costos. En plata blanca, lo que ocurrirá es que se reducirán los márgenes de operación y posiblemente un poco el consumo.

El cálculo de Manuel Bolle, gerente nacional de mercadeo y ventas de Cipa, es que los precios de los huevos y el pollo podrían aumentar en 15%. Esto podría recortar la demanda.

No es una buena coyuntura para que esto ocurra, porque se acerca el momento de hacer nuevas inversiones en expansión o renovación de equipos. La utilización de capacidad instalada en el sector es de 84%.

Para algunos de los jugadores es más grave, porque se necesitan capitales cada vez más fuertes para mantenerse en el mercado. Es un negocio en el que las economías de escala son importantes. Según Jairo Bedoya, gerente general de Finca S.A., los más vulnerables son los mezcladores independientes que, "no tienen acceso a las mismas fuentes de economías de escala, no tienen la tecnología o no garantizan los resultados que ofrecen los productos de marca", agrega.

Por eso, nadie duda que los grandes de este sector, Italcol, Contegral-Finca y Solla que pueden manejar cerca de la mitad del mercado, superen esta nueva fase de la economía sin apenas algunos moretones. También parece bastante segura la vida para Agrinal Colombia, Concentrados Cresta Roja, Cipa y una decena más de empresas medianas. Los pequeños tendrán que asociarse o buscar formas para no desaparecer. Las nuevas normas tributarias van en contra de algunos de ellos, los informales. Hoy, los productores pecuarios pueden recuperar parte del IVA pagado por sus insumos, siempre y cuando se formalicen. "Al estar los bienes finales (huevo, pollo, cerdo) exentos del IVA, la gente informal se dio cuenta de que tenía que ser formal para acceder a la devolución de este impuesto. Así acabaron con la elusión", explica Jesús Alberto Soto, gerente general del negocio avícola de Alimentos del Galpón. Así, los avicultores negociarán más fácil con las empresas formales de mayor tamaño.

Incluso si no hay más fusiones, como las que ocurrieron hace dos años, muy probablemente el sector tendrá una recomposición, que debe acabar generando una industria más fuerte y competitiva.
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