| 6/1/1993 12:00:00 AM

Un negocio en transición

Después de afrontar el año más difícil en su historia, los noticieros de TV se acomodan y piensan en grande.

Para los diez noticieros que se emiten en las cadenas nacionales de televisión 1992

fue un año con unas de cal y otras de arena. A pesar que obtuvieron ingresos por unos $13 mil millones, una cifra récord que representa una sexta parte de la tajada publicitaria que se repartió en la televisión colombiana el año pasado, los números rojos aparecieron en los balances de al menos cuatro de los informativos. Algo sin precedentes en la última década.

En circunstancias normales hubieran vivido una bonanza. Sin embargo, muchas cosas se encargaron de atentar contra sus vulnerables finanzas el año pasado. Los cambios en las reglas de juego debido a la nueva programación que comenzó en enero de 1992, el racionamiento, el reacomodamiento de horarios para algunos y la aparición de nuevos noticieros, fueron los factores que más trastornaron el negocio.

Lo cierto del asunto es que 1992 fue un año complejo por todas las modificaciones que se dieron. Desde enero ingresaron al ruedo tres nuevos noticieros. Dos de ellos, QAP y CM&., se robaron el show, captaron los mayores ingresos por publicidad (casi el 45%) y sacaron las mejores ganancias al terminar el año.

En cambio los que fueron trasladados al fin de semana o al mediodía, TV Hoy y Nacional, y los que resultaron más afectados por los horarios de racionamiento nocturno, De Las Siete y 24 Horas, arrojaron pérdidas al reducirse en casi un 50% sus ventas por publicidad. Se produjo un desplazamiento de la masiva audiencia de estos últimos noticieros hacia las nueve y treinta de la noche, beneficiándose QAP y CM&.

Adicionalmente, muchas de las programadoras de noticieros debieron adecuarse a manejar solamente los espacios informativos, pues anteriormente podían emitir otras producciones en espacios infantiles y especiales (hasta el 31 de diciembre de 1991). Sin embargo, a partir de la nueva programación de televisión hay empresas dedicadas a producir programas de contenido general y recreativo, y otras solamente noticieros y programas de opinión. Pero el gobierno no les entregó a las programadoras de noticieros ningún programa de opinión.

A partir de junio de 1992 Inravisión suspendió las menciones, patrocinios y logotipos que aparecían frecuentemente en los noticieros. Ese rubro representaba el 10% de los ingresos totales de cada noticiero. Eso fue cambiado por un minuto más de comerciales, pero hubo quienes siguieron quejándose por ese nuevo cambio. Todas esas situaciones tuvieron un notable impacto económico sobre las programadoras.

Y también existen otros imponderables. Por ejemplo, se habla del efecto de "arrastre" de los programas que anteceden o suceden cada emisión. En este sentido, algunos explican el ascenso del Nacional por el denominado efecto "Lucerito", debido a la audiencia que tiene la novela previa y que por arrastre

se queda viendo este noticiero. Eso mismo se dice de la programación futbolera y de la recuperación de CM& frente a QAP. Pero aunque este efecto puede tener importancia, no se puede desconocer la evidente mejora, desde el punto de vista de calidad periodística, tanto de CM& como del Nacional. Aunque QAP fue en su momento el noticiero más innovativo, sus competidores no se quedaron atrás y eso se refleja en los ratings.

Muchos de los inconvenientes financieros se reflejaron en los cambios de propiedad que tuvieron lugar en las sociedades programadoras. En agosto del año pasado María del Rosario Ortiz y Miguel Arturo Torres vendieron la programadora Telestudio (del Telenoticiero del Mediodía, que perdió $189 millones al final del 92) a hombres y empresas allegadas a la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, entre otros, Héctor Vesga Perdomo, quien aparece también en la telefonía celular con Sarmiento.

En el caso de Prego Televisión (el Noticiero Nacional), bajo pérdidas superiores a los $100 millones al culminar el año y una puja interna, sus dueños, los periodistas Javier Ayala y Gabriel Ortiz y los inversionistas de Procolmodas (Jean & Jackets) e Inveramérica, cedieron su participación por $536 millones a los nuevos propietarios: Gonzalo Jaramillo Peña, Enrique José Arboleda Perdomo (hermano de un empleado y directivo del Grupo Santo Domingo) y Alejandro Urdaneta Santos.

Una de las nuevas programadoras NTC (Nacional de Televisión y Comunicaciones) que inició el año bajo la propiedad de los periodistas Daniel Coronell y Oscar Ritoré, bien pronto (también en agosto) debió conseguir capital privado fresco. Así entró a tomar parte de la mayoría de las acciones el inversionista César Villegas Arciniegas.

Desde febrero de 1992 la programadora Globo Televisión (del antes llamado Notivisión, hoy AM PM ) fue a dar a las huestes de la Alianza Democrática M-19. Los antiguos dueños, Jorge Enrique Ramírez Suárez y Amalia Restrepo Mejía, quienes habían adquirido la empresa que perteneció a Jorge Guzmán Moreno, vendieron por $ 35 millones su participación a Otty Patiño Hormaza y Esther Morón Sánchez.



Pero qué viene en el negocio? Todavía le quedan cinco años a las actuales concesiones, pero la anunciada privatización de los canales preocupan más que cualquier otra cosa. Entre las medidas que incluyó el gobierno dentro del proyecto de ley sobre la televisión que cursa en el Congreso se incluye la prohibición de que los conglomerados económicos puedan ser dueños de noticieros de televisión.

Los concesionarios de espacios de televisión, quienes obtendrán en subasta pública al mejor postor los canales de televisión a partir de 1998, para poder realizar telenoticieros tendrán que subcontratarlos con programadoras independientes y evitar así el monopolio sobre el poder de la información. El punto, aunque hasta ahora poco debatido, no ha dejado de levantar ampolla entre los interesados. No existe una forma clara para evitar la presión económica sobre la presunta objetividad periodística. Hay quienes consideran que de todas maneras la capacidad de decisión de los dueños del canal para contratar a tal o cual noticiero le da el manejo necesario para someterlo a sus intereses.

Cualquiera que sea la fórmula que finalmente se adopte, siempre habrá la posibilidad de manipulación tanto por parte de un grupo económico como por parte de un grupo político. No hay fórmulas perfectas. Sin embargo, si hay más competencia porque hay más canales y si los noticieros no son una concesión gratuita del gobernante de turno como ha venido siendo el caso, es de esperar mejoras adicionales en calidad y objetividad. El peor de los mundos es el actual, pues el otorgamiento del monopolio de la información televisa es un botín político al cual sólo tienen acceso los más amigos y los más influyentes en el momento de la licitación.

Con bemoles o no, el negocio sigue viento en popa y la lucha continúa. Todos los integrantes del negocio saben que tarde o temprano llegará mayor competencia. Saben, además, que en condiciones normales el negocio es rentable, que es el rating el que manda y que ese rating depende de muchos inponderable, pero por sobre todo del contenido y del empaque del producto. Eso es Io que hay que saber administrar en un negocio que este año manejará más de $20 mil millones.
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