| 8/9/2010 2:20:00 PM

Un negocio que suena duro

En los últimos dos años, Colombia se ha consolidado como el cuarto destino para grandes conciertos en Suramérica. La posición geográfica del país, el 'voz a voz' entre los artistas y la persistencia de los empresarios son factores que han jugado a favor.

Colombia está atravesando por una verdadera 'bonanza' de conciertos y espectáculos internacionales, al punto que está catalogada como el cuarto escenario en Suramérica, detrás de países con más tradición en este mercado como Brasil, Argentina y Chile. "En los últimos dos años, el país cogió vuelo y ahora es parada obligatoria para los artistas internacionales que deciden venir a la región", comenta Alfredo Villaveces, country manager de Evenpro.

Según datos de la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Sayco), el crecimiento de los grandes conciertos ha venido aumentando de forma exponencial en los últimos tres años. En 2007 se realizaron cuatro eventos que tuvieron venta de boletería superior a los $1.000 millones, en 2008 fueron nueve y, el año pasado, pasaron a 18.

La recaudación por derechos de autor creció 36,5% en los últimos tres años: Sayco pasó de captar $7.854 millones en 2007, a $12.372 millones en 2009. Como este dinero corresponde al 8% del total de la venta de boletas, este mercado de grandes conciertos superó fácilmente los $150.000 millones el año pasado. Según un experto, al contar la publicidad, estos ingresos pueden llegar a duplicarse.

Los conciertos son la forma como los artistas alrededor del mundo están recuperando el dinero que han perdido por la piratería y las descargas ilegales de música a través de internet. "En estos eventos, los fanáticos no solo tienen la oportunidad de conocer nuevas canciones sino, además, de conocer al artista", comenta Julián Vargas, jefe del departamento de espectáculos públicos de Sayco.

En lo corrido de 2010 se han realizado diez conciertos masivos, entre los que sobresalen Metallica, Aerosmith, Franz Ferdinand, Coldplay y Sting. Para el segundo semestre, ya están confirmadas las presentaciones de Green Day, Rammstein, Pixies, Scorpions, una gira de Ricardo Montaner y, nuevamente, Aerosmith.

Fernán Martínez, representante del cantante Juanes, opina que los conciertos y patrocinadores ahora son más importantes que la misma venta de discos, cuando de ingresos se trata. "Los derechos editoriales están creciendo en Estados Unidos y los países europeos y, poco a poco, en países del tercer mundo donde las sociedades de autores cobran con voracidad pero no distribuyen las regalías correspondientes", dice.

Esta tendencia no es ajena a Colombia. Incluso Juan Paz, manager de Superlitio, comenta que el 80% de los ingresos de la agrupación provienen de presentaciones, a través de la venta de boletas y de sus patrocinadores. "Los eventos también sirven para acercarnos a los fanáticos y a un público nuevo. En cada concierto vendemos 50 discos compactos en promedio".

Razones del éxito

El auge por los conciertos y espectáculos masivos no es casualidad. Los especialistas concuerdan en señalar que es el resultado de un trabajo que lleva más de 30 años y que ha tenido puntos de inflexión con la llegada de algunos artistas internacionales, como Guns N' Roses (1992) o Alanis Morrisette (1999).

Para Alfredo Villaveces, la principal razón de este crecimiento está en el 'voz a voz' entre los artistas y los miembros de sus respectivas comitivas. "Cuando los cantantes salen de gira, dentro de sus equipos de producción por lo general hay personas que habían estado en el país con otro espectáculo y que lo promocionan", dice Villaveces.

Ricardo Leyva, presidente de Bravo Show, concuerda con esta visión, al tiempo que resalta la persistencia y la credibilidad que tiene esta industria y que se traduce en confianza para que los artistas decidan venir. "La seguridad también ha sido pieza clave: antes los artistas ni lo pensaban para rechazar una propuesta", comenta el ejecutivo.

El país también es reconocido como un 'destino intermedio', al ser paso geográfico obligado para las principales giras internacionales. "Los promotores compran bloques de conciertos para abaratar costos. Compañías como AEG y Live Nation pueden comprar 100 ó 150 fechas de los artistas grandes. Si van para Brasil o Argentina, pues no es mala idea parar en Bogotá", dice Martínez.

Aunque Venezuela ocupó un lugar importante para conciertos que iban desde Estados Unidos o Europa hacia el Cono Sur, ahora es considerado un destino riesgoso ante la incertidumbre de sus políticas. Por ejemplo, Sting aplazó un par de días su concierto en Caracas porque el Gobierno solicitó el escenario, en la misma fecha, para una actividad oficial.

El público también ha sido pieza clave para este crecimiento, al exigir espectáculos de mejor producción. "Los asistentes en Colombia son muy emotivos, eso termina por impactar a los cantantes que suelen venir de países más fríos en los espectáculos", dice Villaveces.

Costos por las nubes

A pesar de su crecimiento, los empresarios argumentan que la realización de conciertos en Colombia no tiene un futuro claro ante la gran cantidad de impuestos y la falta de escenarios adecuados, especialmente en Bogotá, la principal plaza.

Los grandes conciertos pagan 35% de impuesto por la contratación de artistas del extranjero, 10% de impuesto de Hacienda y 8% de tributo a Sayco, sobre los ingresos por venta de boletería. "En este momento, Sayco y el Ministerio de Cultura trabajan en una ley que unifique y rebaje los tributos. La idea es que los empresarios hagan más eventos con artistas nacionales", dice Julián Vargas, de Sayco.

Los empresarios critican duramente la falta de escenarios, pues la adecuación de escenarios diferentes a estadios o auditorios termina por desestimular la venta de boletas e incrementa fuertemente los costos. "Tenemos que invertir más dinero en adecuación de escenarios, poner más cerramientos, alquilar baños portátiles y contratar más personal de logística", comenta Ricardo Leyva.

Por ejemplo, al alquiler del parque Simón Bolívar, que llega a $60 millones, los promotores deben sumarle el costo de acondicionar el sitio y poner cerramientos adicionales ($30 millones en promedio), la alimentación de auxiliares de policía y de logística ($18 millones), la producción de sonido y luces ($150 millones) y la adecuación de la tarima ($450 millones).

Para los organizadores, estos costos terminan por pasar la factura a los mismos asistentes que tienen que pagar boletas a un precio promedio que supera el de cualquier otro país latinoamericano.

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