| 3/19/2004 12:00:00 AM

Un negocio de madera real

La teca es un árbol maderable con un mercado internacional activo y muy desarrollado, con India como principal importador. Los productores colombianos pueden estar listos para iniciar una fase de expansión de las siembras.

En silencio, la teca, una de las maderas más valiosas del mundo, se ha venido constituyendo en uno de los negocios más interesantes del sector reforestador en Colombia. Desde hace dos años, cuando Refocosta, la empresa del Valores Bavaria, inició la explotación de los cultivos que plantó hace 25 años, se han hecho avances en la consolidación de mercados internos y de exportación, y en la instalación de aserríos y capacidad de transformación. Además, en esas dos décadas, desarrolló dos productos menos vistosos, pero mucho más importantes: semillas adaptadas a las condiciones locales y tecnología para el manejo del cultivo.

Así, la empresa puede estar lista para iniciar por fin una fase de expansión del cultivo de teca, un proceso que se esperó desde 1953, cuando Alfonso Dávila importó las primeras semillas para sembrar en Puerto Salgar, Cundinamarca.



Mercado global

El árbol es originario del sudeste asiático y para su madera se desarrolló un mercado de gran tamaño, en especial en India. La teca es muy valorada por su apariencia y su duración en la intemperie e, incluso, por sus aceites esenciales.

La depredación de los bosques naturales en Myanmar (Birmania), Tailandia, Laos, Indonesia e India, los mayores productores del mundo, forzó la implantación de vedas a la tala que redujeron la oferta mundial. La más importante de estas restricciones es la de India, que limitó la explotación de teca natural y sembrada hasta 2010.

El recorte a la oferta se cumplió fácilmente, porque los cultivos en buena medida son de propiedad estatal, como han sido por tradición. Por siglos, los reyes de Myanmar y Tailandia consideraron la teca un árbol real y protegieron su cultivo y conservación.

La caída en la oferta de madera silvestre y el aumento sostenido en la demanda generaron un gran interés en el cultivo de esta especie. Al principio, en Asia, donde se extendió con proyectos financiados por el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial. Pero con el cambio de escala aparecieron otros problemas. Se evidenció la escasez de mano de obra calificada, que dificultó el adecuado mantenimiento de las siembras. La elección de lugares no aptos para el cultivo aceleró la erosión y degradación del suelo, lo cual afectó el crecimiento de los árboles. Además, el monocultivo modificó la biodiversidad de la región y muchas plantaciones fueron atacadas por insectos con resultados demoledores para el retorno financiero.

Varios centros de estudio calculan que el área sembrada con teca bajó de 11% del total de tierras tropicales cultivadas en bosques, a 5% entre 1980 y 1990. El experimento de los bancos multilaterales no funcionó.

Las áreas aptas para el crecimiento de estos árboles tropicales están confinadas a una estrecha banda alrededor del ecuador, en suelos fértiles y con elevaciones inferiores a los 600 metros sobre el nivel del mar. Por eso, con la reducción de la oferta asiática, en los 80 y 90 aparecieron plantaciones de menor tamaño -más fáciles de administrar- en Costa Rica, Panamá, Venezuela, Ecuador, Trinidad y Tobago, el norte de Brasil y Colombia. Ernesto Gutiérrez, presidente de Refocosta, estima que el área de estos proyectos podría llegar a 10.000 hectáreas, muy pequeña para la escala normal en desarrollos forestales.



Un atractivo macizo

En Colombia, la mayoría de los actuales bosques corresponde a los incentivos gubernamentales a la siembra en los 80. Mientras que las grandes reforestadoras, como las filiales de Acesco, del Grupo Ardila Lülle y del Grupo Corona, escogieron pinos o eucaliptos para sus proyectos, Refocosta se le midió a introducir además la teca.

La decisión ha resultado buena. La madera de teca tiene un precio interesante en el mercado local. La multinacional Kandecor, en Cartagena, la vende en listones para usar en construcción o muebles, por cerca de $2'200.000 el m3, un precio igual al de la caoba colombiana, la madera más costosa del país. En el mercado internacional, la madera aserrada de teca se vende entre US$200 y US$1.500 por m3.

Colombia no participa en el mercado internacional de madera aserrada, salvo con pequeños volúmenes, pero tiene un espacio en el de rolliza (con corteza), que ofrece precios FAS entre US$80 y US$150 por m3. El mejor mercado para este producto es India, donde hay una gran capacidad instalada para trabajarlo con salarios reducidos -cerca de US$1,10 diarios-, aunque ya hay más compradores. Nelson Barreto, productor y comercializador de la madera, ha vendido a España, Noruega y Taiwán. Las ventas han sido pequeñas, 15.000 m3 en 2003 frente a un consumo indio de 250.000 m3.

Los buenos precios internacionales y una fuerte demanda abrieron un espacio para conformar y consolidar varios negocios rápidamente. Los aserríos colombianos están incorporando la teca en sus catálogos y en un tiempo podrán producir madera exportable.

Refocosta tiene el otro elemento necesario para el desarrollo del sector. Adaptó la semilla a las condiciones locales. En 25 años, ha tenido ocho ciclos genéticos, en los cuales ha seleccionado las semillas que producen los troncos con mayor contenido de madera utilizable, en los suelos nacionales. "No hemos producido mucha madera, pero sí mejoramiento genético", señala Gutiérrez. Esa es una gran noticia, si se piensa que uno de los secretos de la industria forestal chilena es haber mejorado la genética del pino radiata, para hacerlo más productivo en sus suelos. La empresa ya está lista para plantar 1.000 hectáreas por año con la participación de propietarios de tierras adecuadas. De hecho, está sembrando 500 hectáreas para un proyecto de Finagro.

Con estos elementos sobre la mesa, solo faltan empresarios dispuestos a entrar al negocio en la siembra, comercialización o transformación de este valioso insumo.
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