| 1/23/2004 12:00:00 AM

Un gran colombiano

Con la muerte de este gran patriarca antioqueño, termina una era empresarial y filantrópica, que hizo historia en el país.

Durante seis décadas, Santiago Mejía Olarte, don Santiago, como le decían con respeto, trabajó silenciosamente para defender y resguardar el patrimonio antioqueño y no hubo proceso importante de la región en el que él no estuviera involucrado.

Una convicción férrea de pasar inadvertido le permitió mantener un bajo perfil durante sus 81 años de vida. Nunca se dejó fotografiar y no le gustaba aparecer en letras de molde, por lo que, a pesar de ser uno de los líderes empresariales más importantes del país, es también uno de los más desconocidos para la opinión pública.

Como miembro de la junta directiva del Banco Comercial Antioqueño, uno de los activos más queridos de la región, vio cómo el Grupo Santo Domingo compró el banco, experiencia que lo convenció de la necesidad de proteger las empresas de la región.

Por eso, cuando el grupo Grancolombiano, de Jaime Michelsen, intentó hacer una toma hostil de las sociedades anónimas de Medellín en la década del 70, don Santiago se apersonó del problema. Desde la junta directiva de Suramericana se convirtió en uno de los estrategas del sistema de entrecruzamiento accionario entre sociedades que dio origen a lo que en su momento se llamó el Sindicato Antioqueño, y que hoy se conoce como Grupo Empresarial Antioqueño.

Don Santiago tenía el don del consejo y la capacidad de aglutinar a las personas en torno a ideas y proyectos. Su liderazgo era muy discreto, pero muy efectivo, recuerdan sus amigos. Este rasgo de su personalidad le permitió unir a los empresarios alrededor de la creación de Proantioquia, una institución que nació con la misión de convertirse en una entidad de enlace entre el sector público y privado, regional y nacional, para sacar adelante proyectos prioritarios para los antioqueños.

Proantioquia es hoy el principal foro de la región y, al igual que su fundador, se caracteriza por un bajo perfil y, al mismo tiempo, por una gran influencia en todos los temas regionales. En el campo nacional, don Santiago tuvo un papel protagónico durante el proceso que derrocó la dictadura del General Gustavo Rojas Pinilla, aunque siempre tras bambalinas.



Gestor de empresas

Don Santiago se caracterizó desde muy joven por una gran habilidad comercial y una buena visión para los negocios. Cuando estaba en cuarto de bachillerato decidió retirarse del colegio para irse a trabajar al lado de Roque Jaramillo en el Almacén Antioquia, y luego en una agencia textil, que era de su familia.

Al poco tiempo decidió independizarse y se inició como comerciante en Pasto e Ipiales, donde dio origen a lo que hoy son Corbeta y Colombiana de Comercio.

Pero fue en otra empresa donde llevó a cabo su más importante gestión personal y donde encontró su más cercana realización comercial: Almacenes Exito. Desde su junta directiva, fue clave para darle la orientación estratégica que transformó al Exito de una empresa eminentemente local en la mayor cadena de comercio del país. Don Gustavo Toro, fundador del Exito, reconocía en don Santiago a un hombre con un don de consejo y una capacidad de gestión invaluables.

Su presencia activa en las juntas directivas de Suramericana y del Exito fue decisiva para que se concretara la fusión entre Cadenalco, empresa del Grupo Empresarial Antioqueño, y el Exito, con lo que se inicia la historia reciente de esta cadena.



Vocación social

Otra de las facetas de este patriarca antioqueño fue su permanente preocupación por la responsabilidad social y la filantropía, que lo llevaron a crear la Fraternidad Medellín, obra por medio de la cual ayudó al bienestar y al mantenimiento de cientos de instituciones.

El modelo de la Fraternidad, antes que dar asistencia directa a las clases menos favorecidas, les presta soporte a entidades con un amplio impacto en la sociedad, como hospitales y orfanatos. De esta manera, los recursos dados por la Fraternidad multiplican su efecto en la sociedad.

El bajo perfil de don Santiago se ilustra con las palabras pronunciadas por monseñor Armando Santamaría durante su entierro, el 4 de enero pasado, quien dijo que a petición de don Santiago no iba a decir en qué obras había contribuido este patriarca antioqueño.

Los valores tradicionales antioqueños, como la austeridad, la discreción, la dedicación a la familia y al trabajo, siempre estuvieron representados en este hombre recio, que supo gobernar con discreción y que irrigó estos valores desde las juntas directivas de Suramericana y el Exito, donde estuvo hasta su muerte.

A pesar de no tener diploma alguno, su inteligencia práctica y su capacidad de liderazgo lo convirtieron no solo en un empresario exitoso, sino en uno de los hombres más influyentes de Antioquia. Con su muerte finaliza un capítulo muy importante de la historia empresarial de Colombia.
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