TV ¿misión imposible?

| 10/13/2000 12:00:00 AM

TV ¿misión imposible?

Más allá de una solución coyuntural, el país está frente a la posibilidad de generar un nuevo modelo de televisión.

¿Por qué una programadora como Cenpro que en los últimos dos años logró enfrentar con relativo éxito a los canales privados y que gestó muchas de las más novedosas e interesantes propuestas de la televisión colombiana como Por qué diablos, Perro amor o De pies a cabeza, decide ante una adversidad devolver todos sus espacios a la Comisión Nacional de Televisión (CNTV)?

"Es el momento oportuno para hacer un alto y replantear nuestro negocio, mientras la industria de la televisión también replantea su modelo", afirma William Sanín, gerente de Cenpro. El jueves 28 de septiembre, la programadora anunció la decisión: su última gran apuesta, la novela de las diez de la noche AmorDiscos sucumbió y no logró mantener los niveles de sintonía que traía la exitosa Por qué diablos.



Durante su trayectoria de 25 años entendió que este negocio es una industria de las ideas y del talento. Precisamente, muchos de los talentos de Cenpro, que fue la cuna de 'protagonistas' y desarrolladores de nuevas tendencias en las producciones nacionales como Juana Uribe, Rocío Fernández o Mariana Cortés, se retiraron y la programadora con la última producción, a pesar de su historia, pagó la novatada y la inexperiencia del nuevo equipo.



Ante el derrumbamiento del rating de su programa estrella que pasó de 26 puntos a solo 9, y la llegada de la Baby Sister, una producción de Teleset para el canal Caracol, se acabó de agudizar la situación que culminó ese jueves... Sin embargo, la decisión ya estaba tomada dos semanas atrás. ¿Cuál es el mensaje de la decisión de Cenpro? Queda claro: nadie quiere perder más.



"Esta industria se está marchitando y no pasa nada. Además, el modelo de televisión pública, como tal no existe y es hora de enfrentar la situación y definir su estructura", agrega Sanín. ¿Qué les pasó a las programadoras? "Nos acobardamos y nos dio miedo. Empezamos a hacer telemercadeos y eliminar producciones originales para pasar repeticiones y les servimos el mercado en bandeja a los privados", dice Samuel Duque, gerente de Telecolombia, que en los domingos en la noche hace fuerte competencia a RCN y Caracol y que el año entrante le apostará a las carreras de Juan Pablo Montoya en la Fórmula Uno.



El caso Cenpro es el reflejo de un complejo problema en la televisión colombiana. Desde cuando el Estado les permitió la entrada a los canales privados se inició el marchitamiento de un modelo en el que competían los llamados canales públicos con los privados en un escenario económico decreciente que llevó la pauta publicitaria a los niveles más bajos en los últimos 20 años. Las cifras son contundentes: de acuerdo con cifras de Ibope el valor de la pauta en televisión fue cercano a $1 billón, en cifras brutas, pero que en cifras reales puede llegar solo a $300.000 millones en el 99 frente a unos costos de operación de programadoras y canales privados de $242.000 millones. Esto sin considerar que de esta torta publicitaria también tienen que vivir los canales regionales y locales.





" No estamos de acuerdo con una modificación de la ley, porque las condiciones que tenemos en el contrato cambiarían", Gabriel Reyes, RCN.





Los números de la televisión son poco alentadores. Los ingresos totales de los canales privados y las programadoras llegaron a los $337.000 millones. Con unos costos de $320.000 millones, la pérdida neta llegó a los $8.200 millones. Esto no es más que una evidencia de la urgencia de un modelo que haga viables las empresas de televisión.





Ante ese oscuro panorama, algunas empresas como CPT Televisión y En Vivo fueron aceptadas por la Superintendencia de Sociedades para entrar en un proceso de reestructuración bajo la Ley 550, mientras que las programadoras Datos y Mensajes, y Coestrellas elevaron una solicitud en igual sentido ante ese organismo.



El escenario, entonces, dentro de 8 meses o un año, será el de las programadoras buscando acuerdos con la CNTV o Inravisión que serán sus principales acreedores y "se enfrentarán a un problema jurídico y empresarial: no modificar los contratos o dejar morir las empresas y nos pasará como a los estudiantes que no se salen del colegio sino hasta que los expulsan", dice Carlos Mejía, de Mejía & Asociados. Y la CNTV, frente a los antecedentes de tener a varios de sus miembros suspendidos y en la cárcel, seguramente se apegará a la ley y no transformará los contratos, lo cual le significaría, además, hacer nuevos acuerdos con otras compañías.



La gran pregunta es cuál es la salida para la televisión. Hoy cursa un proyecto de ley en el Senado de la República para reformar las leyes 182 de 1995 y 335 de 1996, transformar Inravisión y modificar las condiciones de competencia para los canales privados y los concesionarios de canales públicos.



Sin embargo, el proyecto abre la puerta a una profunda disputa jurídica sobre la presunta violación de unos derechos adquiridos por los canales privados. En el proyecto (ver recuadro) se establecen las posibilidades de ampliar la inversión extranjera en un 51%, que los concesionarios de los canales de operación pública se fusionen y creen nuevas empresas para absorber las concesiones de sus antiguos socios y de pasar las concesiones de 6 a 10 años. Así "se violaría la exclusividad de los diez años. Les permitiría asociarse y convertirse en un canal privado sin pagar US$95 millones de la concesión y sin hacer la inversión de US$200 millones que nosotros hemos hecho", dice Gabriel Reyes, presidente de RCN. La amenaza para los privados es que con las alianzas de programadoras y con el aumento en la inversión extranjera que pasaría del 15% al 51%, un jugador internacional podría tener un canal privado 'por la puerta de atrás'. Pero si para los privados representa amenazas, los concesionarios de espacios públicos argumentan que el proyecto establece la prórroga por diez años más de los canales privados sin que paguen derechos adicionales.



Atrapados, ¿sin salida?



Sin embargo, el problema tiene dos escenarios: el coyuntural y la difícil situación actual de las programadoras, y el estructural porque llegó la hora de replantear el modelo. Entonces, ¿no sería más útil que las alternativas de corto plazo consagradas en el proyecto de ley, abrieran la puerta para una gran reforma de la televisión pública en Colombia?



Los canales Uno y A que se llaman públicos en realidad no lo son. Más que un modelo mixto de negocio, la estructura se basa en la forma de los particulares de intervenir en un negocio. Este modelo dejó de ser rentable y se está acabando y reproducirlo no parece la salida más lógica.



"Muchos de los concesionarios 'ordeñaron por varios años la vaca', no capitalizaron y pagaron el costo de la desorganización", dice un funcionario oficial. Y un experto del sector agrega: "la mayoría de los programadores de televisión olvidaron que llegaron a ser importantes por el contenido y creyeron que eran importantes por los ingresos". ¿Qué queda? Sería deseable evitar que se pase de un monopolio estatal que se tenía hace tres años a un duopolio de los canales privados por efectos de la crisis empresarial de los concesionarios de los canales públicos. Ahí es cuando el Estado entra en escena: en primer lugar, debe garantizar la pluralidad de la información y la equidad y no pasar de las programadoras de unos pocos a la televisión en manos de los grupos económicos. "Tenemos que buscar un equilibrio competitivo para que el modelo funcione y sea viable", dice Ricardo Lombana, presidente de la CNTV. Sin embargo, ¿quién garantiza la pluralidad y la 'democracia' en los espacios, sobre todo en un proyecto de ley que 'amarra' por diez años la posible llegada de nuevos jugadores?



La segunda posibilidad es dejar que el modelo se agote. Y, como en la larga distancia, los celulares o los PCS, que el precio determine los actores y que el mercado los premie o castigue.



Finalmente, podría crearse un modelo que fortalezca lo realmente público y también lo privado para preservar cada uno de ellos en forma independiente, como en el modelo europeo y además, dar mayor impulso a los generadores de contenido. Ante la devolución de los espacios por parte de las programadoras, muchas de ellas se están convirtiendo en productoras para un mercado local que solo tiene dos compradores. Por ejemplo, Cenpro tiene su gran apuesta en lograr que las producciones que la hicieron una programadora de vanguardia y la colocaron con los más altos índices de recordación, le permitan mantenerse viva, pero esta vez gracias a los mercados externos. Su estrategia, entonces, se enfoca a liderar el proceso de exportación. Serán, entonces, aquellas empresas focalizadas, con producción de reconocida calidad, como el caso de Teleset con la Baby Sister o el montaje de ¿Quién quiere ser millonario?, las que aguantarán en un mercado cada vez más competido y volátil, pues lo que hoy puede ser un éxito, mañana no lo es.



Esta es una industria que cada 24 horas la califica un público totalmente desconocido, pero que tiene unas reglas de juego y mercado claras: si hay buena oferta, también hay buena demanda. Por fortuna, las crisis tienen un lado positivo evidente: el aprendizaje. Los jugadores de esta industria aprendieron durante estos dos años las verdaderas reglas de la industria del entretenimiento. La primera es que el contenido es rey; la segunda que solo con capital se puede apostar y no es posible hacerlo solo con la cédula; la tercera, que la internacionalización es crítica, hay que salir a conquistar mercados externos. Y una cuarta lección no menos importante: que sin aliados globales no es posible poner en práctica las anteriores. Con estas herramientas, el reto del futuro es casi un borrón y cuenta nueva... ¡Hay que volver a pensar la televisión en Colombia!



Los hechos

Las dificultades económicas de las programadoras de televisión las han llevado a la devolución total y parcial de sus espacios y para que sean aceptadas por la Supersociedades en la Ley 550.



¿La salida?

El problema es coyuntural y de estructura. Por eso hay que replantear el modelo de la televisión.



Para algunos, se debe dejar que el modelo actual se agote y que sea el precio el que determine los actores.



Otra alternativa: buscar un equilibrio competitivo.



O se podría crear un modelo que fortalezca lo realmente público y también lo privado.





Los proyectos

Las propuestas que cursan en el Senado de la República, sin duda, tendrán grandes debates jurídicos, ya que incluyen temas tan polémicos como la ampliación de la inversión extranjera (del 15% al 51%), la posibilidad de que los concesionarios de espacios de los canales de operación pública (Uno y A) se fusionen o creen nuevas empresas para absorber las concesiones de los antiguos socios y la ampliación a diez años (actualmente está en 6) de las concesiones. Los canales privados rechazan este escenario, pues creen que se les está armando un canal privado 'por la puerta de atrás'. Pero también ellos son objeto de controversia, porque uno de los artículos incluye la ampliación de la concesión a los canales privados por otros 10 años "sin que haya lugar al pago de derechos adicionales". Por otro lado, está la propuesta de eliminar a la CNTV. Esta, por ser una reforma constitucional, sería más larga y requiere de dos legislaturas. Pero más allá de eliminar el organismo, las implicaciones están dadas sobre su eventual independencia. El principio de la CNTV es similar al de la Junta del Banco de la República y sus tareas deberían ser focalizadas. Es necesario pensar en una entidad, llámese CNTV u otra, que procure la independencia y se dedique a definir las políticas de la televisión. Al desaparecer una entidad con esta independencia, ¿estaría el país en capacidad de garantizar con el gobierno de turno 'la transparencia y pluralidad en la televisión'?
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