| 3/1/1995 12:00:00 AM

TRUCHAS, TILIPIAS Y CACHAMAS

Ante la precariedad de la pesca artesanal y la depredación de la industrial, la acuicultura es la mejor alternativa para producir pescado y cuidar el medio ambiente.

La acuicultura tiene como objetivo el cultivo de especies acuícola animales o vegetales, con el propósito de utilizarlas para consumo propio, fines comerciales o repoblación de aguas. El hombre se ha dedicado a esta actividad durante milenios. Bajorrelieves egipcios hechos hace más de cuatro mil años representan escenas de cultivos de peces en estanques artificiales. Los romanos cultivaban peces en viveros, y en toda la región indo pacífica se ha practicado la piscicultura durante siglos. En Colombia, la acuicultura como actividad económica apenas comenzó hace unos treinta años, cuando algunos hacendados antioqueños comenzaron a cultivar la trucha en sus predios en forma rudimentaria. Para 1994 el volumen producido de las principales especies cultivadas fue de 24.000 toneladas y las exportaciones representaron un ingreso de divisas por US$53 millones.

La producción de especies acuícola de una manera controlada tiene ventajas diversas, que van desde la conservación del medio ambiente hasta la uniformidad de precios y un abastecimiento permanente de los productos. Al existir una fuente alterna de pescado la presión sobre la fauna de los mares, ríos y lagos se reduce. Por ejemplo, muchos negocios han reemplazado el bagre, cuya pesca ha sido inestable en los últimos años debido a la sobre-explotación, con trucha ó tila pía de cultivo, obtenibles durante todo el año a precios estables. Si esta tendencia continúa, las reducidas poblaciones de bagre tendrán una posibilidad de recuperarse. El róbalo es otra especie que escasea. Normalmente lo que se vende como róbalo es toyo, o mini tiburón.

Otra contribución de la acuicultura al bienestar ambiental es la de la producción de peces para repoblación. El INPA, Instituto Nacional de Pesca y Acuicultura, produce anualmente en sus estaciones más de 10 millones de alevinos de diferentes especies (lisa y lebranche, entre otras) con el propósito exclusivo de enriquecer aguas empobrecidas por la sobrepesca.

Para los comerciantes de pescado la utilización de productos provenientes de la acuicultura es también de gran utilidad. Según Santiago Jaramillo, gerente general de Entre mares, comercializadora bogotana de pescados y mariscos que mercadea tilapia, trucha, salmón, cachama y cat fish (bagre norteamericano) de cultivo, es una gran ventaja el poder contar con una programación en las tallas de los productos que adquiere. De acuerdo con sus necesidades, Entre mares puede solicitar a los cultivadores proveerlo con un tamaño o peso indicado de cada producto. Con los productos de la pesca se torna complicado, si no imposible, exigir tallas específicas a medida que se vuelven cada vez más escasos los recursos piscícolas naturales.

Para el consumidor final los productos de cultivo gozan también de grandes ventajas. Como el alimento que se utiliza es un cuido especial (fabricado a base de ingredientes naturales como la harina de pescado), el sabor que se obtiene en el producto es estable y de buena aceptación.

Como las especies cultivadas son cautivas, se evita que éstas consuman otros alimentos, como cierto tipos de algas presentes en las aguas naturales que pueden estropear el sabor. Además, el cuido contiene altas cantidades de proteína, lo que asegura un alto nivel nutricional.

Según Clara María Sanín Posada, presidenta ejecutiva de Acuanal (Asociación Nacional de Acuicultores de Colombia), ,,al gremio de los acuicultores le depara un futuro brillante". Y tiene cifras concretas en las cuales basa su optimismo. La industria camaricultora, por ejemplo, obtuvo en 1994 un incremento en la producción con respecto al año anterior de más del 20%, situándose en 8.200 toneladas. Hay que considerar que esta industria venía reportando reducciones en la producción hasta 1992 debido situaciones climatológicas adversas. A partir de 1993, y gracias a cambios climáticos y a la implementación de nuevas estrategias de producción, los volúmenes cosechados de camarón tuvieron un repunte dramático. Con respecto a 1993, en 1994 hubo un incremento de más del 50% en el valor de las exportaciones de camarón. La recuperación económica de Estados Unidos, la escasez del camarón capturado y la reducción en la oferta de algunos países productores, son algunas de las causales de la presente bonanza. Atrás ha quedado la crisis del sector, y los precios del camarón continúan en alza.

Por los lados de la truchicultura, 1994 no fue 'un año tan brillante. Los productores tuvieron que enfrentar los retos de la apertura, la cual ha permitido el ingreso al país de productos pesqueros de otros países que compiten con la trucha en calidad y precio. Además, los truchicultores nunca han tenido una política coherente de precios, situación que ha llevado en muchos casos a una guerra sucia entre éstos que perjudica especialmente al pequeño productor. Sin embargo, la situación no es del todo crítica. Según Alonso Orrego, de Truchas Aguas claras, con sede en Medellín, existe interés por parte de comercializadores europeos por la trucha en sus diferentes presentaciones, lo que indica que la calidad de la trucha nacional está a la altura de la mejor del mundo. La cosecha de trucha cultivada en 1994 fue de aproximadamente 900 toneladas, de las cuales el mayor productor, Pez Fresco de Pereira, produjo 355 toneladas vivas, que se convierten en 273 toneladas de producto procesado. La cachama, pez de la familia de la piraña y de consumo exclusivamente doméstico, duplicó a la trucha en producción.

En los últimos años ha surgido la industrialización de la tilapia, un pez de origen afro-asiático que se ha popularizado en todo el mundo por su carne blanca y de suave sabor. La tilapia tiene la gran ventaja de que puede cultivarse en agua dulce o salada. A diferencia de la trucha, su desarrollo óptimo se presenta en aguas cálidas. Actualmente la tilapicultura es el mayor sector de la acuicultura en Colombia. En 1994

su producción fue de 9.000 toneladas, lo que representó casi el 40% del total acuícola. El mayor volumen de tilapia se consume a nivel doméstico, ya que la demanda internacional se limita a los filetes o al pescado entero de gran tamaño, para los que se requiere un tiempo de engorde prolongado que implica altos costos.

Actualmente alrededor del mundo se están cultivando a nivel experimental o comercial cientos de especies acuícolas, que van desde algas hasta almejas gigantes, anguilas y cocodrilos. Colombia cuenta con un sinnúmero de especies potencialmente cultivables, y existe interés por cultivar especies exóticas como el salmón, que está siendo importado de Chile, Estados Unidos, Noruega y Canadá. El manejo en cautiverio de este pez es similar al de la trucha, ya que ambos pueden ser cultivados en piscinas de concreto y sus requerimientos alimenticios y de calidad de agua son semejantes. Pero antes de emprender un proyecto acuícola es imprescindible considerar varios aspectos de la especie a cultivarse. Ante todo es fundamental realizar un estudio de impacto ambiental para determinar el efecto de la especie introducida sobre las especies nativas.

Después se consideran los factores técnicos. ¿Es factible obtener suficiente semilla de las especies a cultivarse? Es frecuente que los organismos acuícolas no se puedan reproducir con facilidad bajo condiciones de cautiverio. ¿Son las especies potencialmente cultivables resistentes y adaptables a condiciones de cultivo? El crecimiento y por ende la producción podría ser deficiente si no existe una óptima adaptabilidad. ¿Se puede obtener fácilmente el alimento para estos organismos? Se facilita mucho el cultivo si se puede utilizar cuido, pero hay especies que no toleran alimentos diferentes a los que usualmente ingieren. Hay que examinar luego las características del agua disponible; su temperatura, salinidad, pH, presencia de sustancias tóxicas y cantidad de oxígeno, entre otras, para determinar si puede sostener una alta densidad de seres vivos.

Durante las primeras décadas del presente siglo la pesca industrial marina se encontraba en pleno auge y se pensaba que los recursos oceánicos eran virtualmente inagotables. A medida que se desarrollaron nuevos avances tecnológicos en la pesca el producto obtenido aumentaba. Pero a partir de la década de los 80 la cantidad de pescado y mariscos capturada se ha nivelado, indicando que se ha alcanzado un límite de explotación. Sin embargo, la población humana crece a un ritmo acelerado y la demanda por proteína es cada vez mayor. La acuicultura puede satisfacer en parte este déficit y se debe fomentar su práctica siempre y cuando sea una actividad ecológicamente viable. Se requiere de un control severo para evitar su interferencia con ecosistemas frágiles.

La industria acuícola marcha a paso firme en Colombia. Desde todo punto de vista es una actividad saludable: para el cultivador por los crecientes mercados, para el consumidor por la calidad del producto que adquiere y para la economía nacional por las divisas obtenidas de las exportaciones y por la preservación de la vida marina, lacustre y fluvial.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?