Tras la energía del sol

| 5/2/2003 12:00:00 AM

Tras la energía del sol

Este año, la inversión en sistemas de energía solar podría superar los US$10 millones en el país. Sin embargo, descubrir su potencial es una tarea pendiente.

Aunque parezca sorprendente, en Colombia hay instalados unos 100.000 sistemas de energía solar para producir electricidad, en una actividad que empezó hace cerca de 20 años y en la cual se invierten en promedio US$5 millones anuales. Para este año, esta inversión podría duplicarse y llegar a US$10 millones.

Este crecimiento está ligado al potencial de la energía solar como soporte en el desarrollo de programas de telecomunicaciones, seguridad o exploración de hidrocarburos y como beneficio social para cubrir las necesidades de energía eléctrica de las zonas no interconectadas. En los próximos meses estarán listas las licitaciones para uno de los mayores proyectos del país: proveer de energía eléctrica a alejadas zonas de la Amazonía y la Orinoquía, con más de 2.000 sistemas solares, con una inversión que asciende a US$8 millones.

El país se enfrenta a una situación paradójica. Aunque fue uno de los pioneros en la región en adoptar la energía solar, su penetración no es muy alta y el alcance es muy limitado. Estos sistemas de energía están generando entre 2 y 10 megavatios, una cifra marginal frente a los 13.000 megavatios en capacidad instalada de todo tipo de energía que tiene el país. Por otra parte, más de 1'800.000 personas no tienen servicio de energía eléctrica. Por eso, el gobierno busca multiplicar el número de sistemas solares instalados y utilizar esta energía como elemento de competitividad para las regiones más abandonadas.



¿Para qué sirve?

La energía solar se utiliza para obtener, a partir de la radiación solar, calor -en especial en el calentamiento de agua- y electricidad -en aplicaciones profesionales y en hogares y servicios comunitarios-.

Las aplicaciones profesionales se usan en la operación de los sistemas de telecomunicaciones, defensa, telemetría, seguridad, oleoductos, boyas marinas y otros proyectos que no pueden ser atendidos con energía eléctrica interconectada.

En telecomunicaciones, por ejemplo, arrancará en el corto plazo Compartel II, la segunda etapa del programa de telecomunicaciones sociales del gobierno. Aunque no se han estimado los sistemas de energía solar que el proyecto demandará, las cifras de Compartel I dan una aproximación al tamaño de ese negocio: se colocaron 1.200 puntos con una inversión superior a US$1,4 millones. En otros países andinos también se avanza en este sentido. En Perú, el año pasado se desarrolló un proyecto de telecomunicaciones, Fitel, en el que se invirtieron US$3 millones en sistemas solares para telefonía rural.

En la aplicación de hogares y servicios comunitarios uno de los mejores ejemplos es Brasil, donde el año pasado se instalaron sistemas para atender 1.852 escuelas, con una inversión superior a US$12 millones. El proyecto para la Orinoquía y la Amazonía en Colombia permitirá cubrir 23 municipios y 8 comunidades indígenas con una población atendida de 493.000 habitantes. El Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas (IPSE) tendrá listo antes de finalizar mayo, el documento base y los pliegos para iniciar el proceso de licitación, que será adjudicada por el Fondo de Inversiones para la Paz.

Según cálculos de Humberto Rodríguez, experto en energía solar y profesor de la Universidad Nacional, de los 100.000 sistemas instalados, la tercera parte corresponde a aplicaciones profesionales y el resto es de aplicaciones en hogares y servicios comunitarios.

Hoy está tomando fuerza la idea de crear soluciones que optimicen la prestación del servicio y que tengan la prioridad de darles energía a organismos de beneficio común, como escuelas y centros de salud, y crear mejores condiciones de vida para desarrollar actividades productivas.

Por esta razón, el objetivo es convertir el suministro de energía en factor de competitividad para trabajar en riego, iluminaciones para talleres e, incluso, pequeñas cadenas de frío, buscando alianzas con programas como el Plante en esas zonas del país.



Las posibilidades

Colombia tiene varios factores a su favor. Uno, altos niveles de radiación por estar en la zona ecuatorial; dos, tiene, según el IPSE, 1'800.000 habitantes no atendidos en zonas no interconectadas eléctricamente que representan un déficit de cerca de 360.000 sistemas de energía solar.

Y tres, ha ganado experiencia en trabajos de universidades como la Nacional o los Andes, o de fundaciones como Gaviotas, que han demostrado que se está formando personal calificado para atender los requerimientos técnicos. Pero no es solo eso. También han llegado jugadores internacionales como BP Solar, Kyocera y Atersa, entre otros. Algunos, como BP Solar que operan desde Colombia, también atienden a los países andinos, Centroamérica y el Caribe. De hecho, esta empresa duplicó su presupuesto de ventas del año pasado, que era de US$3,2 millones, y llegó a más de US$6 millones.

El problema es cómo aprovechar este tipo de energía cuando su potencial es inmenso pero hay poco dinero. Por ser altamente dependiente del gasto público, este sector está amarrado a la estrecha situación fiscal del país y de la región. De hecho, el proyecto más grande de los últimos años en el país, el de la Orinoquía y Amazonía, se hará gracias a un crédito del gobierno español.

Y, además, tampoco hay claros incentivos por parte del gobierno a la industria de energía solar. Mientras la reforma tributaria dejó libres de impuesto de renta por 10 años los proyectos de generación eólica, cuyo mayor beneficiado hasta ahora es Empresas Públicas de Medellín con su proyecto en la Guajira en Jepirachi, la generación solar no tiene beneficios.

Darles nuevas posibilidades de desarrollo a las regiones más apartadas es una tarea fundamental para que mejoren su calidad de vida. Y la electricidad es vital en ese proceso. Como lo menciona una vocera de BP Solar, "en Colombia o en cualquier país de Latinoamérica, la energía solar es un motor de desarrollo. Se puede cambiar la calidad de vida de los habitantes de esas regiones no interconectadas, con nuevos esquemas de productividad y generación de ingresos". La tarea está pendiente.

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