| 8/6/2004 12:00:00 AM

Transportadores a la carga

Tras la crisis económica, el reto de las grandes transportadoras es enfrentar la sobreoferta del sector y enfilar baterías ante un nuevo ciclo de libre comercio.

Los transportadores de carga han tenido que luchar en el último lustro contra los crecientes costos de funcionamiento, mientras la demanda se ha visto torpedeada por las oleadas de terrorismo y piratería que se adueñaron de las carreteras entre 1999 y 2002, coincidiendo con la profunda crisis económica del país en ese período.

Hoy, la situación ha mejorado gracias a los planes de seguridad en las carreteras que el actual gobierno implementó, y la discusión que marca el ritmo de los cambios y los acuerdos entre los gremios, los grandes transportadores y las autoridades de tránsito y transporte en el país es cómo ser más competitivos.

Esta discusión no ha sido fácil de adelantar, pues el sector todavía está afectado por el costo de haber funcionado en medio de la crisis con una demanda decreciente, costos fijos de aumento sostenido, alzas de combustible frecuentes, una infraestructura vial altamente desgastante para los vehículos y una sobreoferta que ha hecho reducir los márgenes y mermar las utilidades.

Grandes y pequeños transportadores encaran los mismos problemas, pero cada uno ha podido abordar las soluciones según su tamaño.

Las transportadoras organizadas, sin embargo, marcan el camino de aguante frente a la aguda crisis de los años anteriores y las estrategias para capitalizar el buen momento de la economía, haciéndose conscientes de que deben ser los vasos comunicantes del país en el momento en que se inicie su recorrido de profundización del libre comercio si se llega a firmar un TLC.



Las Crisis son oportunidades

Frente a los cierres de carreteras y la disminución de la carga, las empresas transportadoras echaron mano de distintas estrategias financieras, logísticas, comerciales y de servicio, para encarar la recesión.

En materia de seguridad, empresas como TCC diseñaron una estrategia de administración del riesgo, que consistió en el diseño de tácticas para la movilización de los vehículos, inicialmente en carretera y posteriormente en las ciudades, para asegurar la carga y minimizar los riesgos de ataques. Por su parte, Servientrega agregó sistemas de rastreo satelital GPS y sistemas cerrados de televisión en las unidades y terminales en las principales ciudades.

Saferbo le apostó a mejorar su prestación de servicios y la atención al cliente, para lo cual creó figuras como los ejecutivos de cuenta, que se responsabilizaban de la carga de los clientes asignados, siendo los contactos directos de la empresa con ellos y teniendo el conocimiento exacto de cada uno de los envíos. Saferbo implementó una comunicación permanente con los clientes, por medio de teléfonos móviles que ella misma les confía, mientras se realiza el transporte y la entrega.

Con horarios extendidos, rebajas por volumen y frecuencia de envío, además de horarios de atención sin límites para clientes especiales, las empresas buscaron asegurarse la fidelidad de la clientela y competir por el débil mercado. "Sabíamos que ser consecuentes con la realidad económica de la industria del país era la mejor estrategia financiera, así que, aunque fue difícil para nuestras operaciones, no aumentamos precios y mejoramos las garantías de entrega", explica Luz Patricia Jaramillo, de TCC.

En medio de la crisis, las empresas identificaron oportunidades que las ayudaron a menguar su impacto. Así, ante los bloqueos y la inseguridad de las carreteras, estabilizaron nuevas rutas; para mejorar las relaciones con sus clientes, personalizaron las transacciones para enviar un mensaje de seguridad, pero sobre todo para dejar en claro que las transportadoras entendían el valor estratégico de una entrega a tiempo y confiable como parte de la atención a los clientes de sus propios clientes.

Estas empresas, además, empezaron a trabajar en implementar y certificar sus sistemas de gestión de la calidad, conscientes de que debían mejorar sus servicios y procesos para fortalecerse en medio de la crisis.

Luego de capotear la tormenta con trabajo, las empresas llegaron preparadas al buen puerto que ha supuesto la política de Seguridad Democrática, que mejoró la situación en las carreteras.



Cosechar los buenos vientos

En 2003 se dieron las buenas noticias de la reactivación de la economía. Las transportadoras de carga no solo no han sido ajenas a esto, sino que además son un buen termómetro de las diferentes variables que confluyen. "La reducción de los siniestros y de los problemas de orden público en las carreteras, y poder utilizar todas las vías y rutas del país, lo que antes era imposible, han sido de total beneficio para la organización", asegura Juan Camilo Velásquez, de Transportes Saferbo.

Desde ese año se ha dado un incremento sostenido en la carga movilizada, comparativamente con los años anteriores, cuando la recesión económica hizo que estos índices tuvieran unos decrecimientos considerables, al punto de tomar niveles de seis años atrás.

El primer semestre de 2004 deja ver índices mucho más alentadores y las transportadoras esperan que para el segundo semestre la carga supere la del primero, capitalizando las oportunidades abiertas con las estrategias implementadas.

"Los sectores de electrodomésticos y de telecomunicaciones han crecido considerablemente y esto ha representado una oportunidad para el sector del paqueteo, una modalidad de transporte que atiende de una forma adecuada las características de distribución de estos productos", comenta Jaramillo, de TCC.



Demasiada capacidad

Hoy, la preocupación de los transportadores es solucionar la sobreoferta, que la bonanza de la apertura produjo cuando el auge de automotores aumentó la capacidad de carga, que posteriormente quedó subutilizada.

En la actualidad, la oferta total de capacidad de los 168.077 camiones del sector es de 1,7 millones de toneladas y la demanda de 2003 fue de 105,2 millones de toneladas, lo que da un promedio de carga muy bajo y deprime los precios, lo cual no favorece el desempeño económico de las empresas transportadoras ni de los transportadores independientes.

Ante esta situación, el gobierno decidió congelar el número de camiones circulantes para servicio público de 3,5 toneladas en adelante, permitiendo el ingreso de vehículos a ese mercado por reposición y previa chatarrización de uno viejo.

Sin embargo, los agremiados del sector, la Andi y Fenalco piensan que la restricción en la oferta generará un mercado negro de cupos similar al de los taxis, que valorizará artificialmente los vehículos viejos.

La experiencia de la crisis impulsó al sector a profesionalizarse más y a repensar sus procesos y servicios. La mejoría que se ha dado en la economía les ha permitido cosechar los frutos de estas acciones. Sin embargo, el sector todavía tiene que enfrentar grandes retos para lograr la competitividad que se va a requerir con el dinamismo de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
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