| 10/29/2004 12:00:00 AM

Timonazo en Ola

Para levantar el vuelo, Colombia Móvil tiene que lograr que la empresa sea viable financieramente, reconstruir su reputación con los clientes y mejorar su credibilidad ante accionistas y reguladores. ¿Podrá hacerlo?

Pocas empresas en el país han sido tan cuestionadas como Colombia Móvil. Después de haber conquistado 1,1 millones de usuarios en un tiempo récord con su plan Pioneros, este éxito comercial hizo crisis porque no estuvo respaldado con la infraestructura tecnológica para soportarlo. Esto saturó la red, generó insatisfacción entre los usuarios y problemas de facturación para la empresa. A ello, se unieron la investigación de la Contraloría Distrital y las sospechas que han generado el mismo diseño del plan Pioneros, sustentado en una tarifa de $30 el minuto; los altos inventarios concentrados en teléfonos de baja rotación y la negociación con los distribuidores. En este último caso, las cifras son elocuentes: la empresa les paga a sus aliados 60% más que los otros operadores móviles por la activación de los planes pospago, y entre 10 y 15% más por los prepago.

Sin embargo, cuando se compara el balance de la compañía con las proyecciones que se tenían al iniciar el negocio, el panorama no parece tan crítico: capturó 315.000 clientes más de los proyectados en 2004, casi duplicará los ingresos esperados al llegar a $826.000 millones en diciembre, su ebitda será de -$93.000 millones a finales de año cuando lo proyectado inicialmente era -$282.000 millones, y la pérdida neta será casi la mitad de la presupuestada, al llegar a -$213.000 millones (ver tabla). Entonces, ¿por qué tanto alboroto?

Hay que mirar los balances con mucho detalle y entender la dinámica del comportamiento de Ola para comprender lo que está pasando financieramente en la compañía: hay un problema de flujo de caja que ha tenido que ser absorbido por sus accionistas, y por esta vía por los habitantes de Bogotá y Medellín (sus socios son la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Empresas Públicas de Medellín).

Por su parte, el desfase en el flujo de caja se origina en el errado diseño de los planes y en los líos que se han presentado en la facturación. Lo primero ha hecho que los clientes de OLA consuman más minutos que los estadounidenses y estén entre los que más hablan en el mundo (ver gráfico), mientras que tienen la tercera tarifa más económica, con el consiguiente costo para la empresa. Lo segundo, que la velocidad de recaudo sea muy lenta, y que la compañía haya tenido que hacer un esfuerzo con recursos propios y de sus accionistas para poder hacer las inversiones que requiere el correcto desempeño del servicio. Esta situación es insostenible en el tiempo.



La mano al bolsillo

Así, ETB y EEPPM tuvieron que girar anticipadamente $625.000 millones cada una para darle a Colombia Móvil, de los cuales $200.000 millones corresponden a capital, y el resto a préstamos. De esta última suma, $300.000 millones se convierten en bonos optativamente convertibles en acciones, y $125.000 millones deben ser devueltos por Colombia Móvil a cada accionista. "El tema ha sido de manejo de caja, porque factura y no puede cobrar. La empresa ha estado viviendo de lo que le dan los socios y hay un momento en que ellos no pueden dar más", explica un miembro de la junta directiva de Ola.

Por esta razón, se están gestionando créditos por $500.000 millones. Uno es sindicado y el otro corresponde a créditos europeos de segundo piso ($210.000 millones). Su desembolso le permitirá devolverles $300.000 millones a los socios.

Ha habido preocupación por el efecto que la situación de Colombia Móvil tenga en las finanzas de sus socios. Sin embargo, según Mario Contreras, vicepresidente financiero de ETB, "la compañía tiene contemplada la provisión, pero esto no minará su proyección en cuanto a utilidades finales".



Flujo de caja

Incluso si reemplaza los recursos de los accionistas por créditos, la empresa tendría comprometido su futuro si no reversa los problemas estructurales que tiene hasta el momento: tarifas y cartera. Actualmente, Colombia Móvil deja de recaudar el 59% de su facturación, y también ha tenido que obtener créditos de corto plazo para cubrir ese faltante. Eso, debido a los problemas de facturación, que van desde información errada sobre la dirección del usuario hasta errores en la cuenta.

A esto se suma que tiene congelados recursos por US$80 millones, representados en un inventario de teléfonos concentrado en gamas alta y media, que tienen baja rotación y pierden trimestralmente un 10% de su valor.

Por otro lado, tiene cuatro planes que definitivamente no son rentables por el valor del minuto entre usuarios Ola, y por los costos de interconexión con otros operadores móviles (los de 450, 900, 950 y 1.500 minutos).

El fenómeno de los $30 por minuto ha impulsado un comportamiento "compulsivo" en la utilización del teléfono Ola, con el agravante de que gran parte de la comunicación se hace por medio de operadores de otras líneas, en especial Comcel y BellSouth. Cada minuto que un Ola hable con estos operadores tiene un costo de $300 para la empresa, que no está cubierto por la tarifa. Eso no sería tan problemático si Ola obtuviera la misma cifra por el uso que los otros operadores hacen de sus redes, pero mientras los ingresos por interconexión al 31 de agosto eran de $103.775 millones, los costos por este mismo concepto eran $166.338 millones.

La triste realidad de Ola es que, si no arregla la casa por dentro, entre más usuarios y más consumo tenga, no tendrá más ingresos, sino más costos. Y eso es imposible de sostener (ver gráfico).

"Este negocio es de altas inversiones de capital y la idea era capturar todos los clientes posibles para diluir los costos fijos de la red", afirma León Darío Osorio, presidente (e) de Ola. Sin embargo, el uso indiscriminado de la red ha generado saturación y ha apresurado inversiones en infraestructura, eliminando el efecto de dilución de costos.



Reversazo

El dilema de Ola es cumplirles la promesa a los pioneros de los $30 por minuto, haciendo que la operación sea rentable, sin generar insatisfacción entre sus clientes. A septiembre había 854.000 pioneros, que usaban las dos terceras partes de la red de Ola.

El primer reversazo fue tapar esa vena abierta, prohibiendo la venta del plan Pioneros (si bien se vendieron 100.000 planes más después de esta prohibición).

El segundo es cambiar los cuatro planes que le dan pérdidas a la compañía. Por el lado del usuario, la idea en este punto es mantener a $30 el minuto entre usuarios Ola, pero incrementar la tarifa para llamadas a otros móviles.

Por el lado de los otros operadores, el objetivo es renegociar la tarifa de interconexión. "Antes de la entrada de Colombia Móvil, Comcel y BellSouth no se cobraban costos de interconexión entre sí", comenta León Darío Osorio. Por eso, está gestionando una revisión de la tarifa e incluso acudió ante la Comisión de Regulación de Telecomunicaciones para que intervenga en el tema.

En el rediseño de los planes, la prioridad es erradicar la pérdida de valor que se genera en los clientes que son más exportadores de tráfico (hablan mucho con usuarios de otros operadores) que importadores. La empresa encontró que el 6% de sus clientes tiene este comportamiento, lo que hace que generen más del 20% de las llamadas de Ola. El tercer reversazo es salir del inventario para recuperar los recursos que tiene congelados, por lo menos para no perder tanto con ellos.



La toma de la caja

El otro paso que dieron los accionistas para buscar la estabilidad de Ola y lograr que salga a flote fue "tomarse" la caja de la compañía. Para esto, conformaron un equipo financiero con funcionarios de ETB y EEPPM, que está controlando cada gasto, cada compra, cada ingreso y que busca devolverle la austeridad a una empresa que, para muchos, se caracterizaba por gastar sin medida.

Como parte de este plan, y después de la junta directiva del 9 de octubre, se nombró a César García en la vicepresidencia financiera de Colombia Móvil. García, quien venía de la ETB, tiene el encargo de desenredar las cuentas de Ola y hacer que sea financieramente viable.

A este movimiento también se puede atribuir la decisión de contratar una auditoría externa para conocer mejor a los distribuidores. "Esto nos ayudará a consolidar una mejor relación con nuestros aliados", señala León Darío Osorio.



El próximo paso

La tarea urgente es apagar el incendio que hay en Ola, pero a largo plazo será lograr sinergias con ETB y EEPPM, que permitan la optimización de las redes de los tres (incluso con Orbitel) y de los recursos de las compañías. Entre las alternativas estarían integrar las redes, tener una fuerza de ventas conjunta o aprovechar los canales de sus socios para comercializar los productos de Ola y, más adelante, tener un negocio de larga distancia entre ETB y Orbitel para optimizar costos. "Ya hay equipos conjuntos de ETB y EEPPM trabajando con los mandos altos y medios en Colombia Móvil y reflexionando sobre sinergias posibles entre las dos compañías", afirma Rafael Orduz, presidente de ETB.

Teniendo a los accionistas, la junta directiva y la dirección de la empresa alineados en recuperar Colombia Móvil, no cabe duda de que se podrán reversar las decisiones que la llevaron a la difícil situación actual. Sin embargo, es importante que no se pierdan de vista los interrogantes que planteó el caso Ola. ¿Hubo abuso de autonomía por parte de la gerencia o una mala supervisión por parte de la junta directiva? ¿Debe responder la gerencia por el descalabro de Ola? ¿Qué tan expuesta queda la compañía a la rotación de los presidentes de ETB y EEPPM y de los alcaldes de Bogotá y Medellín? ¿Es factible que se repita el problema de gestión en el mediano o largo plazo? ¿Quién se beneficiaba de la cuestionable gestión en Ola? ¿Qué futuro tiene un negocio de telecomunicaciones, con tantos requerimientos de capital e innovación, cuando sus accionistas son empesas públicas? La respuesta a estos interrogantes debería hacer que lo que sucedió en Colombia Móvil sea una lección para blindar a la compañía de nuevas equivocaciones ... y para todos los demás.
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