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Los empresarios en la junta de Promisión, de izquierda a derecha: Reinaldo Ruiz, empresario; Rodolfo Castillo, presidente de Icoharinas y de la junta de Promisión; Adolfo Botero, presidente de Comertex; Alejandro Galvis, presidente corporativo de Vanguardia Liberal; Bernardo Gómez, presidente de Conaring; Carlos Chaverra, gerente de Promisión, y Rafael Marín, presidente de Marval. Ausentes en la foto: Rafael Ardila, presidente Distribuidora Rayco; Juan Camilo Montoya, presidente de Urbanas; Augusto Martínez, director ejecutivo de la CRC, y Francisco Serrano, empresario.

| 5/15/2013 6:00:00 PM

Tierra de promisión

Promisión, una firma de origen santandereano, es el eje alrededor del cual se mueven los líderes empresariales de esa región. Un modelo que ha servido para apalancar nuevos negocios y apuestas estructurales que ya tiene aliados internacionales.

Todos los lunes a la hora del almuerzo, en las afueras de Bucaramanga, se reúne la que es considerada la principal junta directiva de Santander, no solo por el tamaño de los negocios que ha hecho y está consolidando, sino por la relevancia y ascendencia de sus miembros. Se trata de la cabeza de Promisión, una compañía que va a cumplir 30 años en 2014, y en cuya junta toman asiento los principales cacaos empresariales de la región.

En un moderno complejo empresarial, resulta infaltable la presencia de personalidades como Alejandro Galvis Ramírez, dueño del diario Vanguardia Liberal y de un grupo de periódicos regionales, quien además ha sido motor y dinamizador de la firma, al lado de Rafael Marín, presidente del Grupo Marval, uno de los mayores constructores del país, y Adolfo Botero, presidente de Comertex, empresa líder en textiles y confecciones.

La cita también la cumplen Rafael Ardila, representante de la Distribuidora Rayco; los empresarios Reinaldo Ruiz y Francisco Serrano; Rodolfo Castillo, presidente de Icoharinas y de la junta directiva de Promisión; Juan Camilo Montoya, quien fue presidente de la Cámara de Comercio de Bucaramanga y hoy está al frente de la constructora Urbanas; Bernardo Gómez, presidente de Conaring, una firma de construcción, y Augusto Martínez, director de la Comisión Regional de Competitividad de Santander. Se reúnen cada ocho días para definir el menú de los nuevos negocios y las apuestas hacia el futuro de esta organización.

Promisión tiene unas características que la hacen particular: desde su composición accionaria, porque, según sus estatutos, nadie puede tener más de 4% de participación, hecho que la hace una firma con un alto proceso de democratización –con cerca de 900 accionistas de la región–; hasta el mismo modelo de operación.

Si bien se parece a una banca de inversión en la estructuración de proyectos para promover planes de negocio y comprar empresas para hacerlas crecer, a diferencia de las bancas no tiene límites en los periodos de salida de sus inversiones. Además, no va tras el control de ninguna de las empresas en las que invierte –sus participaciones son entre 20% y 30%, por lo general– y, al contrario, busca que haya un aliado estratégico generador de valor, pero eso sí, exige un espacio para participar en las juntas directivas. “Somos armadores de rompecabezas, no sabemos cómo hacerlo pero sí quién lo hace. Unimos al estratégico con los recursos, y así creamos nuevas empresas”, explica Carlos Chavarro, gerente de la firma.

“Esta es una empresa asociativa que logramos formar reuniendo las voluntades de los santandereanos que sentían la necesidad de unirse para tratar de construir país, región y generar desarrollo. Los postulados fueron claros: vencer el individualismo santandereano que nos tenía bastante agobiados, poder participar en empresas importantes, y hacer nuevos proyectos porque si cada uno lo intentaba individualmente, era prácticamente imposible y un riesgo demasiado alto”, señala Alejandro Galvis Ramírez.

Aunque han pasado cerca de tres décadas desde su origen, Promisión adquiere un mayor valor por el buen momento que atraviesa la región. “Esta es la hora de Santander”, asegura Rafael Marín, de Marval, visión que Galvis comparte. “Estamos viviendo nuestro cuarto de hora. Hay inversiones de más de $1 billón solo del sector privado, y el Gobierno nos está dando la mano en la infraestructura regional, que estaba muy atrasada, y hay inversiones que sobrepasan los $10 billones”, agrega Galvis.

Promisión tiene un patrimonio, en libros, cercano a los $60.000 millones y las ventas de las compañías en las que participa superaron, a 2012, los US$100 millones.

Mientras el país está siempre a la expectativa de lo que hacen los grandes grupos económicos y los cacaos de las capitales, en Bucaramanga se vive en silencio una profunda revolución empresarial que podría replicarse en otras regiones.

“Este es un modelo muy interesante e incluyente. Podríamos decir que es una nueva versión de lo que es el Sindicato Antioqueño”, asegura un alto funcionario del Gobierno.

HISTORIA Y FUTURO

Durante sus casi 30 años, Promisión ha estado en diferentes sectores. Inició en el financiero con la Corporación Financiera Santander, y también tuvo presencia en Leasing y Fiduciaria Santander. En energía tuvo participaciones en Terpel, Transoriente, Metrogas y Gasoriente; en servicios, en el Centro de Convenciones Cenfer y la Terminal de Transportes; en industria le apostó a compañías como Extrucol, Tesicol e Hilanderías del Fonce. En agro tuvo negocios de palma y forestales, y en telecomunicaciones, con la empresa de televisión por suscripción –que luego fue adquirida por Une– y Avantel, cuya participación fue comprada por un fondo estadounidense.

Para 2015, Promisión calcula que las firmas en las que tiene participación alcanzarán ventas por $1,3 billones. Además, que el valor de ellas superará los US$350 millones con una posición propia cercana a US$60 millones. Para lograrlo se ha enfocado en tres grandes áreas: una es agronegocios e innovación. En ella tiene cuatro grandes apuestas. La primera es Agrotropical, con un agresivo proyecto de cultivo de cacao en alianza con socios ecuatorianos, con una plantación de 300 hectáreas.

La segunda, Promitec Santander, dedicada a las soluciones biotecnológicas, desarrolla productos con base en el almidón de la yuca para producir alimentos para animales. La tercera está en el campo de leche y ganadería y, junto con AG Bio, empresa neozelandesa, busca traer nueva tecnología, capital y know how. Y la cuarta es la empresa de cosméticos Apiflower.

Otra área está enfocada en el desarrollo regional con dos grandes proyectos: la Zona Franca de Santander y el complejo empresarial Ecoparque Natura. El proceso de la zona franca se inició hace tres años en un área de 32 hectáreas y una inversión cercana a US$10 millones, mientras que Ecoparque se convertirá en un eje empresarial con tres torres de oficinas.

Y la última área es lo que estos cacaos han denominado de crecimiento empresarial: participar en empresas con alto potencial. En el portafolio están Mediimplantes, que produce implantes de columna vertebral; Pretecor, enfocada en el diseño y fabricación de estructuras a base de postes de concreto; Urbanas, constructora, y el fondo Santander Inmobiliario.

Como en todo negocio, Promisión ha tenido momentos buenos y otros no tanto. “La vinculación al campo nos ha dado un poco duro en los últimos días porque los precios de los commodities se han ido al suelo: café, cacao, aceite de palma, todo eso está muy deprimido. Pero en fin, seguimos con el mismo ánimo de cuando se fundó la compañía”, dice Galvis.

¿Hacia dónde va Promisión? Su futuro puede verse en dos sentidos: uno, la expansión propia de la empresa, con una presencia más allá de las fronteras de Santander. Por ejemplo, participa con Agrotropical en Ecuador, la alianza con la empresa neozelandesa podría abrir nuevas puertas en otros mercados y busca un mayor relacionamiento con otros actores, como el fondo Progresa Capital en el que participan empresas del Sindicato Antioqueño.

Y el otro tiene la disyuntiva de replicar o no el modelo. “El gestor de Promisión es Alejandro Galvis Ramírez. ¿Qué se requiere para hacer una empresa como esta? Capacidad de convocatoria, poder y liderazgo, como el que él tiene. El modelo de negocio es universal, pero convocar masivamente a inversionistas locales que quieran apostar por proveer a la región de soluciones, no es fácil”, señala Rodolfo Castillo, de Icoharinas.

Hace más de tres décadas Promisión abrió una puerta y ahora tendrá que moverse en un escenario no solo local sino regional y nacional para proyectarse en mercados cada vez más abiertos y nuevas visiones de negocio. Una apuesta que promete.

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