| 4/16/2004 12:00:00 AM

Tiempo de oro

Los buenos precios internacionales y la creciente demanda de oro en el mundo traen para Colombia una buena oportunidad de negocios que depende de su capacidad de resolver los problemas internos de seguridad.

El precio internacional del oro se ha mantenido sobre los US$410 onza troy en el último mes. Alrededor del mundo, las compañías mineras y los países con grandes depósitos auríferos vienen experimentando desde hace un año -cuando los precios del mineral empezaron a subir vertiginosamente- una bonanza que les permite desempolvar viejos proyectos de extracción. El interés de tres de las mayores multinacionales mineras por el oro colombiano hace pensar que el fenómeno está tocando nuestras costas.

Barrick Gold Corp, Newmont Mining Corporation y Rio Tinto Limited vienen adelantando monitoreos satelitales y de campo para evaluar los actuales depósitos auríferos y la posibilidad de que haya yacimientos en zonas que permitan la explotación a cielo abierto.

Desde hace meses, en zonas como Quinchía, Risaralda, donde hay 12 minas -tres pequeñas explotadas a cielo abierto de manera rudimentaria-, Irra en el occidente de Caldas y Segovia en Antioquia, las multinacionales han realizado trabajos de campo en forma intermitente, para establecer su potencial aurífero.

Incluso en Palermo, Huila, han adelantado conversaciones con pequeñas empresas extractoras y con mineros informales para entrar en su territorio e iniciar trabajos de exploración, una vez lo autorice Ingeominas.

Pero es en Vetas y California, Santander, donde las mineras internacionales tienen puestos los ojos por ahora. Si bien el potencial aurífero de la zona no es tan grande como el de Quinchía o el sur del Bolívar, y su extracción es muy difícil, comparada con los Pórfidos de Pantanos-Pegadorcito, Antioquia, y algunos depósitos en el Putumayo -los únicos prospectos con posibilidad de explotación a cielo abierto-, tiene algo que las demás no: seguridad.

Allí las guarniciones con batallones de alta montaña del Ejército han logrado pacificar en buen grado la región y así la extracción minera se volvió más rentable que en cualquier otro lugar del país.

Sin duda, a decir de varios consultores, el mayor costo de la minería de oro en el país lo representan las demoras en los proyectos, los pagos por extorsiones, las 'vacunas' y el mantenimiento de cuerpos de seguridad para proteger equipos y personal.

Para la muestra un botón. La minera Greystar lleva casi una década operando en Colombia, pero la guerra entre paramilitares y guerrillas llevó a que un proyecto en Santander, que podría haber iniciado su explotación en cuatro años, se demorara ocho.

No en vano al superponer el mapa de la riqueza aurífera colombiana y el de las zonas de mayor conflicto interno, coinciden casi exactamente. Tal relación le ha costado al país mantener bajo explotación irregular una gran fuente de riqueza.

Por ejemplo, las mineras saben que las serranías de San Lucas y Montecristo, en el sur de Bolívar, y los municipios Río Viejo y Norosí son un inmenso Dorado sin explotar. Se calcula que hasta el momento solo se ha extraído el 5% del total de oro que hay en sus montañas. Pero hoy es territorio vedado. Cerca de 2.000 hombres de las Autodefensas ejercen el control sobre gran parte de la zona, luego de una sangrienta guerra que les arrebató parte del control a las Farc y el ELN, antiguos 'dueños' del territorio. Especialistas del sector aseguran que los 54 títulos mineros otorgados por Minercol para esa zona, están en su mayoría a nombre de mineros que tienen claro quién es el verdadero 'patrón' en ese negocio.



Seguridad y transparencia

La decisión de las grandes mineras internacionales a entrar de nuevo en el país depende del progreso de la política de seguridad del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, pues tienen claro que en su actividad la seguridad es oro.

Un consultor del sector minero resume así la situación. "A las mineras no les importa si deben abrir túneles de cientos de metros, donde la extracción se realiza a temperaturas extremas de entre 50°C y 60°C. Con los actuales precios internacionales, ni siquiera los costos fiscales las intimidan. Pero la inseguridad y el terrorismo son precios que ninguna empresa está dispuesta a pagar".

Por esta razón, las mineras han empezado por hacer tanteos sobre las condiciones de orden público en las regiones que llaman su atención. Y hasta ahora, las únicas que han mostrado un avance gubernamental en ese sentido son Vetas y California.

Además de la seguridad militar, otro tema que preocupa a las empresas mineras internacionales es la falta de garantías para explorar. La inseguridad legal.

La ausencia de un catastro minero actualizado, completo y público ha puesto un velo sobre la adjudicación de títulos. Con frecuencia, cuando las empresas que han hecho las primeras aproximaciones en una zona solicitan los títulos para empezar a explorar, ya están adjudicadas a compañías locales de las que no se tiene información, por lo que la minera tiene dos alternativas: pagar un alto sobreprecio por títulos revendidos o perder la inversión inicial.

Las entidades estatales tampoco dan información detallada sobre las empresas productoras ni sobre el tamaño de su explotación. Solo reportan la extracción por departamentos y municipios, lo que les facilita la vida a las compañías que el contrabando emplea, en detrimento de las productoras organizadas.

El desorden llega hasta el denuncio de regalías, pues las fundiciones reportan el recaudo y no las empresas que extraen el oro, lo cual impide obtener información creíble sobre la producción. El año pasado, el Banco de la República registró regalías por 43 toneladas de oro, cuando los registros de producción son de 7 a 8 toneladas.

Estas irregularidades han hecho que las mineras internacionales se sientan con pocas garantías para invertir en el país. Por estas razones, desde hace decenios, buena parte de la explotación aurífera quedó en manos de la minería informal y en tres grandes mineras organizadas.

Mineros de Antioquia, Frontino y Oronorte son las tres principales productoras de oro del país. Y si bien su infraestructura y producción parecerían en riesgo por la llegada de las extranjeras, el estado actual del negocio de explotación aurífera les permite ver más bien una gran oportunidad para aprovechar la ola de buenos precios ampliando la explotación de oro en Colombia.



Competencia bienvenida

Mineros de Antioquia nació hace 30 años y hoy es la minera más importante. Produce dos toneladas de oro al año en su operación en el valle del río Nechí. Es, además, la dueña de Mineros Nacionales, que opera en la mina de Marmato, Caldas, con una producción de 600 kilos anuales. Exporta todo hacia Estados Unidos, donde Metalor se encarga de la fundición.

Esta compañía es la única que realiza minería de aluvión en el país, es decir, en depósitos ubicados en las playas y valles de los ríos. Además, es una de las pocas de su tipo que quedan en el continente.

Mineros de Antioquia siente que la llegada de compañías extranjeras al país es una oportunidad para la actividad. "Su presencia puede dinamizar el sector y modernizar las condiciones legales de explotación. Además, su aporte de capital será muy importante para las zonas donde operen", piensa Gonzalo Gómez Vargas, gerente técnico de la minera.

Mineros cuenta con tres dragas de cucharas, tres de succión para el descapote (remoción del lodo sobre el material con contenido aurífero) y un laboratorio en el que realiza el proceso de recuperación del mercurio que se usa para separar el oro del material extraído en el aluvión.

En este momento construye una cuarta draga de cucharas, con la que piensa aumentar en 600 kilos la producción, un incremento del 40% anual. Mejorará sus costos de operación, que oscilan entre US$0,80 y US$0,90 por 120 mg de oro que se extrae de una tonelada de material aurífero. "Con esta nueva draga, bajaríamos a US$0,60. Esto y los buenos precios del mercado, si se mantienen, nos darían un gran empuje", explica Nicolás López, gerente técnico de proyectos de Mineros de Antioquia.

Esta nueva draga implica una inversión de US$5 millones en ingeniería para modernizarla y mejorar su rendimiento, como se hizo con las tres que están en operación. Su modernización subió 65% el precio de su acción en bolsa en casi dos años al pasar de $590 en junio de 2002 a $1.000 en marzo de este año.

Además de mejorar su operación actual, explora playas cercanas a su yacimiento del río Nechí y busca socavones en la región de El Bagre. También adelanta negociaciones con el gobierno peruano para conseguir los títulos que le permitan iniciar la exploración de un depósito ubicado al norte de ese país, cerca de la frontera con Ecuador.

A Mineros le interesaría asociarse con alguno de los extranjeros para las exploraciones locales o en otros lugares del continente, puntualizó Gómez Vargas.

La falta de capital hace que el gran potencial minero se explote a media máquina, con utilidades escasas, que impiden el crecimiento de las mineras locales. Así se observa en Frontino Gold Mines, que tiene bajo su control los socavones de Segovia, Antioquia, una de las zonas con mejores características auríferas del país.

Frontino es una de las más antiguas mineras en Colombia. Hace más de un siglo llegó para explotar la zona, pero los bajos precios internacionales y los altos costos laborales la hicieron cerrar y pasó a manos de los trabajadores.

El pasivo pensional que todavía carga y los actuales costos de la convención de trabajo la tienen en el límite. Gracias a los buenos precios del mineral ha tenido un respiro que puede durar poco por el acoso que sus minas sufren de parte de los mineros ilegales.

El 'pirateo' de sus túneles -la perforación ilegal de socavones al lado de los de la compañía- le ha provocado grandes pérdidas y hace menos de un mes la obligó a cerrar El Silencio, una de sus minas más antiguas. Los ilegales dañaron la vía férrea interna y las motobombas, ocasionando la inundación de casi 20 de los 44 niveles construidos. Un fuerte golpe para una minera que trabaja con las uñas por falta de capital.

La Frontino produce hoy alrededor de 1,6 toneladas de oro al año. Sin embargo, por el tenor de sus minas -el contenido de mineral por tonelada o por metro cúbico de material aurífero-, podría producir más si contará con la tecnología adecuada. "La llegada de mineras extranjeras no es competencia. Por el contrario, puede significar oxígeno para nuestra operación. Desde hace mucho, buscamos una inyección de capital para mejorar nuestra maquinaria", afirma el ingeniero Jairo Chaparro, director de minas de Frontino Gold.

Su esperanza está fincada en la operación de la mina Sandra K, un socavón con un inventario de cuatro millones de toneladas de material aurífero con un tenor de 6 gr. de oro por tonelada. Y es su esperanza porque es nueva, es decir, libre de informales que se cuelan por las paredes. Esto no sucede con la mina Providencia, la explotación que sostiene a la Frontino luego del cierre forzoso de El Silencio.

Allí, el Miércoles Santo descubrieron en un tramo del túnel 'un arsenal' de los ilegales: picas, linternas y pequeños taladros. "Es preocupante, porque -ante la imposibilidad de reabrir rápidamente El Silencio, por los costos que esto implica- si los informales nos dañan Providencia estamos acabados", dice Chaparro.

Sin embargo, la empresa ve el futuro con optimismo. Además de los buenos precios del metal que le han permitido sortear deudas, los trabajadores se han comprometido más con su labor y su actitud ha cambiado, haciendo posible un clima de entendimiento para mejorar las cargas laborales.

Para los operadores nacionales y los analistas, con las mejoras en seguridad en zonas de alta riqueza aurífera para que las grandes mineras del mundo entren al país, los demás escollos serán fáciles de sortear. Por eso, creen que la fiebre del oro para Colombia aún está por venir.
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