| 4/30/2015 5:00:00 AM

TGI amplía el tubo

El crecimiento de la demanda interna está moviendo las inversiones de la mayor transportadora de gas del país. Pero también está mirando negocios en México y Perú.

En abril de 2014, la Transportadora de Gas Internacional (TGI) presentó al mercado un proyecto para ampliar en 20 millones de pies cúbicos diarios (mpcd) la capacidad de su gasoducto, en un proyecto que denominó Cusiana-Vasconia III.

Un mes después, los directivos de la empresa se sorprendieron por el tamaño de las solicitudes que recibieron: la demanda fue por 150 mpcd; es decir, más de siete veces lo que estaban ofreciendo.

Este episodio le permitió a la compañía verificar que, por un lado, existe una demanda insatisfecha entre sus clientes industriales, generadores térmicos y distribuidores –que atienden el servicio domiciliario– y, por el otro, que este potencial de mercado es tan atractivo, que la compañía debía abordar nuevos proyectos para atenderlo.

La lección aprendida de esta tercera ampliación del gasoducto que conecta los campos de producción en los Llanos Orientales con el hub de distribución de Vasconia, en el centro del país, motivó a la compañía a diseñar un ambicioso proyecto de expansión que movería inversiones en el país por unos US$560 millones de aquí a 2018.

El presidente de TGI, David Riaño, cree que esta es una decisión que no puede aplazarse. “Ya toda la capacidad –de transporte– que hoy existe está vendida hasta 2020 e, incluso, físicamente estamos llegando a las máximas posibilidades de transporte”, confirma. Pero ¿en qué consisten los proyectos de expansión que planea ejecutar la compañía?

La respuesta está en el open season que TGI lanzó el pasado lunes 27 de abril como parte de su estrategia para definir el tamaño de su expansión. La actividad, abierta hasta el próximo 29 de mayo, busca que todos los clientes actuales y potenciales conozcan los detalles de los proyectos que la compañía estaría en capacidad de ejecutar, y confirmen la demanda.

Entre los proyectos se destaca una nueva ampliación de Cusiana-Vasconia, conocido como Fase IV, que podría aumentar en 100 mpcd la capacidad, con un costo de US$270 millones, o hasta 150 mpcd, y costaría US$370 millones, dependiendo de la demanda que confirmen los clientes. En estos casos, se necesitarían tubos paralelos al trazado actual.

Actualmente, Vasconia tiene una capacidad potencial de 222 mpcd y, con la ampliación que se aprobó el año pasado –a un costo de US$31 millones–, alcanzaría los 242 mpcd a finales de este año.

Otro de los proyectos busca darle bidireccionalidad al tubo que trae el gas desde los yacimientos en la Costa Caribe hacia el centro del país, conocido como Ballena – Barrancabermeja, y también requeriría tubos paralelos en algunos tramos. En este caso, TGI plantea tres alternativas: hacer un contraflujo para mover 45 mpcd, o de 100 mpcd o de 150 mpcd, cuyo costo oscilaría entre US$6,5 millones y US$9,5 millones. Riaño explica que la importancia de este proyecto radica en que, debido al descubrimiento de nuevos yacimientos en el área del Cesar, habría posibilidad de llevar gas hacia el Caribe e, inclusive, exportarlo.

La tercera iniciativa busca ampliar la capacidad del gasoducto Mariquita-Gualanday, debido al crecimiento que registra el mercado del gas en los departamentos de Tolima y Huila. Este tendría un costo aproximado de US$80 millones.

En los tres casos, el cronograma de TGI plantea que a finales de agosto se firmarían los contratos de transporte y para el 29 de octubre estaría definido el cierre financiero. Dependiendo del tamaño final que tengan las tres iniciativas, las obras arrancarían desde mediados del año 2016, en unos casos, o mediados de 2017 en otros.

La demora en el inicio de las obras tiene que ver con el tiempo que toman los procesos de licenciamiento, negociación de predios y consultas, mientras que la ejecución de las obras dura, en promedio, 18 meses.

Al Pacífico

Pero no solo la ampliación de la capacidad de transporte en el centro del país tiene agitada la agenda de TGI. La compañía también ha expresado su interés en participar en el desarrollo de la infraestructura para mejorar el abastecimiento en el suroccidente del país, que hasta el momento se ha frenado por falta de un marco regulatorio para la construcción de la planta de regasificación en el Pacífico.

Aunque ya está contemplada esta infraestructura en el Plan Nacional de Desarrollo, hasta el momento la Creg no ha definido las condiciones del proyecto y, sin reglas de juego, las compañías que participan en el negocio del gas no pueden adelantar inversiones.

El costo de una planta de regasificación en el Pacífico –muy probablemente en Buenaventura– tendría un costo estimado de US$600 millones, pero su ejecución podría tomar no menos de cuatro años, razón por la cual los actores del mercado han pedido al regulador que defina la remuneración y el cargo por confiabilidad. Esta planta permitiría atender la creciente demanda en el suroccidente del país y abarataría los costos al consumidor final.

El presidente de TGI señaló que, dependiendo de la normatividad, su compañía estaría dispuesta a invertir en la construcción de la planta, pero su principal foco estaría en la construcción del gasoducto entre Buenaventura y Yumbo, cuyo costo se estima en unos US$320 millones a precios de hoy.

El panorama de la demanda de gas en el país envía buenas señales a TGI para avanzar en sus proyectos de inversión. Ahora falta que desde las entidades de regulación estas señales sean atendidas.

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Proyectos manitos


En Perú arrancó hace unos años el proceso de internacionalización de TGI y hoy tiene allí dos compañías: Cálidda y Contugas. Esta última entró en operación hace un año y ya tiene 30.000 usuarios conectados, con una demanda de 17 mpcd. La meta es llegar a 50.000 clientes en tres años, y alcanzar un consumo de 50 mpcd. Este año TGI planea continuar su expansión en México, si logra concretar su participación en alguna de las seis licitaciones que sacará este año ese país para la construcción de gasoductos.

Riaño destacó el programa de inversiones que adelanta México desde que tomó la decisión de abrir su industria de hidrocarburos. El gobierno planea construir unos 10.000 kilómetros de ductos –petróleo y gas– en los próximos ocho años, y concretar inversiones que alcanzarían los US$20.000 millones. Brasil es otro mercado en la mira, pues en ese país EEB, propietaria de TGI, compró recientemente activos de transmisión eléctrica y en el mediano plazo planean concretar proyectos en el área de gas.
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