Textiles, la hora de las alianzas

| 2/8/2003 12:00:00 AM

Textiles, la hora de las alianzas

La producción local de hilos y textiles se está quedando corta ante la demanda generada por el Atpa. Los planes de expansión coinciden con el interés de inversionistas extranjeros por entrar al país.

Antes de finalizar el año, John Smeak, presidente de Parkdale, una de las mayores hilanderías de Estados Unidos, con una producción semanal de 7,7 millones de kilos de hilazas de algodón, definirá su estrategia de reubicación de las plantas de la compañía. Y Colombia está entre sus posibilidades.

"Tenemos que ser realistas porque en este hemisferio, podemos hacer confecciones para el mercado de Estados Unidos de principio a fin en 30 días, mientras que en China se necesitan mínimo 3 meses. Vamos a reubicar nuestras plantas en Centroamérica y los países andinos para aprovechar, además, sus ventajas arancelarias", dice Smeak.

El interés de Smeak, que se mantiene a pesar de conocer los problemas de orden público y la situación interna de Colombia, tiene nombre propio. El Acuerdo de Preferencias Arancelarias Andinas, que les permite a las confecciones hechas con telas e hilazas andinas ingresar con cero arancel al mercado de Estados Unidos, y el temor por la eliminación de cuotas para China a partir del 2005.

Pero Smeak no es el único que incluyó a Colombia en su abanico de posibilidades de inversión. Empresarios de Venezuela e incluso Brasil, empiezan a considerar a Colombia en sus planes de expansión. Jaime Riera, gerente de Jeantex, la mayor productora de índigo de Venezuela, tiene como meta estar instalado en Colombia antes de finalizar el año. La estrategia es utilizar algodón de Estados Unidos, hilarlo en Venezuela y tejerlo y acabarlo en Colombia. La inversión en nuestro país superaría los US$7 millones. "Colombia es el México de hace 10 años, y nosotros queremos estar en ese mercado", afirma.

Los brasileños, por su parte, tienen en Colombia dos objetivos: atender el mercado local que se ha visto relegado con el Atpa, e invertir en el país. "Aunque no se ha definido ningún negocio, si tenemos plantas y empresas en Chile y Argentina, ¿por qué no podemos pensar en Colombia?", señala Fernando Pimentel, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria Textil.

La otra cara

La paradoja es que mientras las empresas extranjeras incluyen a Colombia en sus abanicos de posibilidades de inversión para beneficiarse del Atpa, las textileras y fabricantes colombianos de hilazas corren un alto riesgo de desaprovechar el dinamismo que se generará con estos beneficios arancelarios. Esto se debe a que sus capacidades de producción están copadas, debido a la fuerte devaluación de los últimos meses, que hizo caer las importaciones de tela, y a la mayor demanda interna que han tenido por el Atpa. Según cálculos del sector, Coltejer y Fabricato-Tejicóndor (las mayores empresas del país) producen más de 3 millones de metros de índigo al mes. Con la demanda local y la de exportación se necesitan cerca de 7 millones. Esto quiere decir que el país tiene que importar unos 4 millones de metros nuevos.

Las reglas del Atpa benefician las confecciones que utilizan telas o hilazas producidas en Colombia, los países andinos o Estados Unidos. Como Colombia es el mayor textilero de la región, sería la principal fuente de abastecimiento para atender la demanda de los confeccionistas. El problema es que los proveedores de tela de Estados Unidos, que serían los segundos abastecedores, están sobrevendidos para atender la demanda centroamericana. La alternativa que queda es Brasil, que tiene la tela. Sin embargo, no está cobijado por las preferencias.

La disyuntiva de Colombia cobra mayor vigencia, si se tiene en cuenta que los confeccionistas centroamericanos están haciendo lobby en Estados Unidos para poder utilizar telas andinas sin perder las preferencias arancelarias que les concedieron en el año 2000 a los países de Cuenca del Caribe (CBI). "Nuestra propuesta es ampliar el origen de las telas, en especial de tejido plano, a países de la Comunidad Andina de Naciones como Colombia o Perú. Con esto, nos enfrentamos a la competencia que significará la llegada de China, mientras que en la CBI y en la CAN se construirían mayores niveles de competitividad", afirma Alfredo Milian, secretario ejecutivo del Consejo de Textiles y Confecciones de Centroamérica y el Caribe.



Alianzas, la solución

Dados el monto de las inversiones que se requieren para ampliar una planta textil y el tiempo que esta ampliación demanda, es muy posible que las textileras no alcancen a aprovechar plenamente los beneficios del Atpa. El montaje de una planta de índigo, por ejemplo, dura 6 meses y se necesita un año para que alcance los máximos estándares de calidad. Es decir, si se arranca hoy con el proceso, estaría listo cuando solo queden dos años de preferencias del Atpa.

Sin embargo, los industriales saben que deben estar preparados para las oportunidades que se avecinan, por lo cual están tomando dos caminos: utilizar recursos propios para ensanchar sus plantas y conseguir alianzas que complementen su oferta en la región, sin perder los beneficios arancelarios.

No se puede desconocer que las grandes textileras del país afrontan dificultades económicas. Coltejer, Fibratolima y Enka, productor de fibras sintéticas, están en Ley 550 de reestructuración económica, por lo que su margen de maniobra para hacer las inversiones del tamaño necesario no es el mejor.

Sin embargo, Coltejer invertirá en el mediano plazo US$20 millones, lo que permitirá ampliar en 800.000 metros adicionales su producción mensual de índigo, es decir, casi 30% más. Además del mercado de Estados Unidos, complementan su oferta de exportación a países de la Unión Europea, donde Italia y España son sus principales mercados.

"Con el Atpa, esperamos vender US$10 millones este año. A partir de eso, las expectativas de crecimiento serán de acuerdo con los ensanches que tengamos. No podemos vender ilimitadamente, porque tenemos que manejar y abastecer también el mercado nacional, pues no podemos entregárselo a los extranjeros", explica Alvaro Lafaurie, vicepresidente de exportaciones de Coltejer.

Fabricato-Tejicóndor, por su parte, hará inversiones por US$30 millones, recursos que se destinarán a hilandería, tejeduría y a la planta de acabados. Además, aumentará la capacidad de producción de índigo en un millón de metros mensuales. La meta es exportar, gracias al Atpa, inicialmente US$20 millones y en el mediano plazo, las proyecciones son de US$40 millones.

"Además, las empresas de textiles tienen que avanzar en el proceso de homologación de sus telas con los compradores de Estados Unidos, proceso que ya se viene cumpliendo", afirma Carlos Eduardo Botero, director de la Cámara Textil-Confección de la Andi. Otras empresas tradicionalmente textileras, como Protela, están incursionando en un nuevo negocio: el paquete completo. Esta es una integración vertical en la que la compañía va desde proveer las hilazas, telas e insumos hasta llegar a la prenda confeccionada; así, se diferencia de la maquila simple en que genera mayor valor agregado, pues va más allá del ensamble de piezas. Desde hace dos años, Protela tiene este modelo en el mercado y hoy exporta a Estados Unidos y Europa, a donde vende 30% y 70% de sus exportaciones, respectivamente, con cadenas de tiendas por departamentos como sus principales clientes.

Y algunas otras, como Hilanderías Fontibón, están realizando alianzas que les permiten atender la creciente demanda. "Para ampliar nuestra capacidad de producción, decidimos aliarnos con Santa Mónica Cotton de Bolivia, para complementar la oferta de hilazas en el mercado colombiano. De esta manera, ellos nos hacen una especie de paquete completo en hilazas bajo nuestras especificaciones y, por pertenecer a la Comunidad Andina, las hilazas de ese país también cuentan con los beneficios del Atpa", explica Martha Callejas, directora comercial de Hilanderías Fontibón. Sin duda, el camino es buscar un aliado, como en el caso de Hilacol (ver recuadro).

Es claro que con las preferencias arancelarias, a las empresas textileras les llegó un nuevo e importantísimo aire. Sin embargo, la posibilidad de crecer no depende solo de su operación, sino de la dinámica que tengan para buscar alianzas y cambiar los modelos que por años las han acompañado. Aunque las grandes empresas deberían ser la primera alternativa para un socio extranjero, no les va a ser fácil llegar a acuerdos debido a su alta carga pensional y a su tradición de independencia. Las medianas y pequeñas textileras, por su parte, podrían tener un mayor margen de maniobra y una más fácil adaptación a una alianza.

Las alianzas que se logren en esta ventana de oportunidad que es Atpa y el mercado que se capte prepararán a la industria ante un eventual y deseable acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Además, mejorarán el poder de negociación del país en el ALCA y, si se capitaliza la experiencia, pueden darle un papel protagónico a Colombia en el eje de proveedores de Centroamérica, el Caribe y la Comunidad Andina con destino a Estados Unidos y competir directamente con los chinos.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.