| 6/25/2004 12:00:00 AM

Sueños de Bambú

Para aprovechar su histórica relación con la guadua, la industria colombiana le apuesta a su tecnificación e inserción en los mercados mundiales.

En un concurso internacional de planes de negocios de biodiversidad, llevado a cabo en Lima, Perú, en junio, la empresa Bambú de Colombia se ubicó entre los diez finalistas por su potencial de crecimiento, beneficios sociales y conservación del ambiente. Aunque la propuesta no estuvo entre los tres ganadores, el concurso fue un paso invaluable para conseguir los US$1,35 millones que Bambú de Colombia necesita para financiar su sueño: la industrialización de la guadua nacional.

Como Bambú de Colombia, otras empresas del país también buscan industrializar la guadua; sin embargo, hasta ahora, este propósito ha sido más un sueño que una realidad. El atraso tecnológico y el desaprovechamiento de la guadua colombiana han impedido su industrialización. Afortunadamente, algunos cambios auguran un futuro más promisorio.

Los retos de explotar industrialmente la guadua en Colombia son grandes, aunque su potencial es mayor. Es una de las veinte mejores especies de bambú del mundo por su resistencia, absorción de energía y flexibilidad, características por las cuales se le denomina el "acero vegetal". Más importante, los mercados para las maderas tradicionales son cada vez más exigentes en cuanto a que ellas deben ser sostenibles. La guadua por excelencia es sostenible: captura CO2 en grandes cantidades y evita la erosión de suelos, entre otras propiedades. Adicionalmente, crece rápido y se autorregenera fácilmente.

Con estas cualidades, Colombia seguramente podría ingresar con éxito al mercado internacional del bambú, valorado en cerca de US$14.000 millones anuales, liderado comercial y tecnológicamente por los países asiáticos. Sin embargo, hasta ahora la inserción de Colombia en esos mercados ha sido poca y declinante. Producto de menores precios internacionales, las más recientes cifras disponibles muestran una caída en las exportaciones colombianas de US$679.000 en 2000 a US$556.000 en 2002.

Infortunadamente, la guadua en Colombia es un recurso desaprovechado y mal utilizado. La Corporación Autónoma Regional de Risaralda estima que se aprovecha menos del 10% de las 27.000 hectáreas de la región, que incluye el Valle del Cauca. De ellas solo el 11% corresponde a cultivos y el resto es silvestre. Uno de sus mayores problemas es la falta de tecnificación. El uso que se le da a la guadua es rudimentario con técnicas de manejo, inmunización y secado artesanales. A esto se suma un mercado altamente informal y precios bajos que desincentivan la inversión. Esto impide elaborar productos de mayor valor agregado, como láminas, de las cuales se fabrican enchapes para pisos y paredes.



¿Solución a la vista?

Afortunadamente, hay cambios que permiten avizorar un mejor futuro. Para Rubén Darío Moreno, coordinador del programa Guadua-GTZ, (agencia alemana de investigación) los departamentos del Eje Cafetero han aprendido a ir hacia el mismo lado. En parte, debido a un jalón de orejas por parte del Ministerio de Ambiente, cada departamento dejó de presentar proyectos aislados de industrialización. Desde diciembre de 2003 se conformó la Cadena Nacional de la Guadua, que comprende, entre otros, los departamentos del Eje Cafetero. Otro cuello de botella que se está superando es el de la materia prima. La Secretaría Técnica de la cadena ha reunido productores de guadua y demandantes como artesanos e industriales incipientes. La idea es que se logren acuerdos acerca de las especificaciones necesarias de la guadua.

Pero, sin duda, uno de los mayores retos es el tecnológico. La guadua es un material particularmente difícil de inmunizar y secar adecuadamente y para lo cual no hay manuales técnicos que indiquen mejores prácticas, como sí hay para otras maderas. Por ejemplo, los actuales procesos de secado difícilmente aguantan los bruscos cambios de temperatura de los países con estaciones, en donde se ubican los mercados más atractivos.

Esto no quiere decir que el conocimiento no exista. Con la ayuda de la Universidad Tecnológica de Pereira y la GTZ, el Eje Cafetero se ha convertido en un centro de investigación de la guadua. La idea es concretar la experiencia artesanal que históricamente han acumulado cultivadores y trabajadores de la región. Como dice Julio Pedraza, consultor técnico de Refocosta, "falta perfeccionar el conocimiento, porque si bien hay fichas técnicas, estas son en realidad ensayos". Con todo, "esperamos que en dos años tengamos solucionadas las cuestiones tecnológicas", agrega Moreno.

Como muchos otros proyectos, la industrialización de la guadua en Colombia dependerá de la financiación que consiga. Los inversionistas solo vendrán cuando vean el potencial del mercado de esta especie. Anteriormente, los proyectos de la región se promocionaban a partir de los atributos físicos de la guadua, dice Gregorio Restrepo, gerente de la promotora Sun Rising Investments y socio de Bambú de Colombia.

Esta deficiencia se está remediando desde dos frentes. Para Bambú de Colombia es necesario mostrar los usos y bondades estéticas de la guadua que siempre ha sufrido el estigma de ser un recurso abundante, barato y por ende utilizado en construcciones con poco diseño. Para desmitificar esto, Bambú de Colombia ha hecho trabajos de alto reconocimiento como un puente peatonal en guadua en la entrada sur occidental de Bogotá y la Torre del Parque del Café. Adicionalmente, cuentan con los diseños de Simón Vélez, uno de los arquitectos más reconocidos en el mundo por sus trabajos en guadua. Con esto, Bambú de Colombia, además de las exportaciones que ya hace, espera incursionar en el nicho de construcciones residenciales sencillas que no requieren permisos especiales y posteriormente en láminas y pisos.

Por otro lado, las certificaciones de sostenibilidad son una de las maneras más seguras de lograr presencia en los mercados internacionales. Junto con la GTZ, el Eje Cafetero viene desarrollando estándares de certificación específicas a la guadua colombiana, dado que las usadas actualmente son genéricas y no se adaptan del todo a la especie colombiana. Se espera que a finales de 2004, el Forest Stewardship Council, FSC, entidad mundial de certificación de maderas, dé su precertificación a la iniciativa colombiana. Esto sería el equivalente a vender guadua de marca Colombia, dice Moreno. Esto será particularmente conveniente, dado que hacia 2005 la cadena de materiales de construcción para el hogar HomeDepot solo venderá maderas certificadas por el FSC.

Para muchos, la pregunta es si la industria colombiana de la guadua está ante un nuevo arranque en falso o si, por el contrario, esta vez sí explotará su potencial. Difícil decirlo. Las lecciones que dejan años de intentos fallidos, podrán ser aprovechadas en beneficio de un mejor futuro. Uno en el cual los sueños se hacen realidad.
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