| 8/27/1999 12:00:00 AM

Se rompió la burbuja

La telefonía celular se desinfló. Las empresas tendrán que replantear su modelo de negocio para sobrevivir en el futuro.

La telefonía celular en Colombia está pasando uno de los momentos más críticos de su corta historia y las decisiones empresariales y de regulación que se adopten en estos próximos meses van a marcar de manera definitiva no sólo el negocio de la telefonía inalámbrica, sino todo el sector de las telecomunicaciones.



La coyuntura actual no es fácil. Las empresas tuvieron que asumir un volumen de deuda que sobrepasa el 70% de sus activos en la mayoría de los casos y que consume el 70% de los ingresos. Todo para poder crecer al ritmo que el mercado estaba demandando durante los primeros años del negocio. Luego se encontraron de repente con el abrupto frenazo de la economía y los planes de negocio que habían previsto para cubrir las obligaciones empezaron a hacer crisis.



Hoy las empresas como Comcel y Celumóvil están abocadas a buscar capital fresco para cubrir parte de esas deudas y poder liberar recursos de sus flujos de caja, poder seguir operando y ser viables en el futuro.

El 18 de agosto pasado la junta de Comcel, conformada por directivos de Bell Canada, Telecom y la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), autorizó una capitalización de US$75 millones que es además absolutamente crítica para cumplir las condiciones de los prestamistas internacionales.



"Tenemos que buscar una capitalización para cumplir las razones de apalancamiento que nos piden los bancos internacionales" (deuda frente a las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización -EBITDA), afirma Peter Burrowes, presidente de Comcel.



"La industria es para jugadores globales de alto calibre", María Luisa de Mejía, presidente de Celumóvil.



"Bienvenida la competencia, pero la situación no es fácil", Peter Burrowes, de Comcel.





No obstante, tanto Telecom como ETB (con participaciones del 15% y el 32%) tendrían que poner cerca de US$35 millones, pero decidieron que sólo aportarían la mitad de esas necesidades de capitalización, es decir, unos US$17,5 millones o $33.000 millones al cambio actual.



En ese caso será Bell Canada, como accionista mayoritaria, la que tenga que asumir el resto de los requerimientos de capital y para lograrlo se estima que esta firma posiblemente acudirá a otro inversionista internacional.



Pero incluso una capitalización de sólo US$75 millones, frente a una empresa que tiene US$850 millones de deuda, unos $1,5 billones al cambio actual, podría sonar tímida. Las estimaciones de Dinero sobre el sector indican que la industria debería buscar una capitalización más agresiva, que permita reducir los gastos financieros a la mitad y luego mantenerlos estables en los próximos años. Sólo así se vería un sector con utilidades operativas en el año 2001. Si, en cambio, el sector mantiene su ritmo de servicio de la deuda, la destrucción de valor de ahora hasta el 2002 podría llegar a los $4,8 billones de hoy.



Todo ha sido el resultado de una gran burbuja de crecimiento, animada por sus propios gerentes, mediante técnicas agresivas e indiscriminadas de mercadeo. Cuando el auge empezó a ceder, las empresas se encontraron con miles de clientes que no podían pagar el servicio o que no consumían lo suficiente. Ahora, las cosas son diferentes. Los gerentes de mercadeo están enfrentados a la necesidad de "descremar el mercado" y buscar los usuarios con mejores ingresos y mayor consumo potencial.



Los cambios



En los cinco años que lleva la telefonía celular en Colombia muchas cosas han cambiado y el desarrollo tecnológico del sector ha sido tan fuerte y acelerado que las empresas no tienen otra alternativa diferente que revisar sus planes de negocios.



En sus inicios, las compañías de telefonía celular se montaron sobre un modelo oligopólico que les iba a permitir recuperar las cuantiosas inversiones en infraestructura y en licencias en un período que estimaban no superior a los 10 años. El gobierno de esa época aprovechó esta coyuntura, cobró las licencias más caras de la industria en todo el globo por la concesión del sistema: casi US$1.000 millones en su momento.



Los inversionistas aceptaron la propuesta y entraron al negocio bajo las condiciones de mantener el oligopolio por cinco años y en una economía que en ese momento crecía a tasas del 5,0 y 6,0% anual.



Las expectativas de crecimiento de los empresarios sobrepasaron sus propios planes de negocio y en parte por ello tuvieron que asumir deudas importantes para financiar el auge que el mercado demandaba. Sin embargo, ni ellos ni nadie contaba con una crisis económica tan fuerte como la que ha atravesado el país en el último año, ni con dos sucesivos ajustes a la banda cambiaria, lo que ha representado un fuerte encarecimiento de la deuda en dólares de las empresas.



Lo de hoy es crítico. Como sector, las empresas de telefonía celular generan ingresos operacionales de $1,5 billones, pero en el mero servicio de la deuda deben aportar cerca de $1 billón cada año. En este escenario resultará muy difícil sobrevivir, máxime cuando la arena competitiva está cambiando de manera crucial.



Amenazas y oportunidades

El próximo primero de septiembre se acaba la exclusividad sobre el mercado de telefonía celular y se abre paso para que otras empresas puedan entrar a negocios sustitutos. Aunque está claro que los operadores ya han creado barreras a la entrada, como la infraestructura que ya tienen y el expertise en el manejo de un mercado complejo, sí enfrentan amenazas latentes.



La primera y más evidente es la nueva licencia para operar los PCS que posiblemente será otorgada después de que la ley se apruebe en el Congreso antes de que termine el año. En principio, la ley establece que sólo un nuevo operador podría entrar a competir en este negocio y las firmas de telefonía celular están inhabilitadas para participar.



Eduardo Pizano, presidente de Telecom (izquierda) y Sergio Regueros, de la ETB, decidieron aportar sólo la mitad del capital que Comcel solicitó para la capitalización.



Las amenazas son varias. El PCS es, en la práctica, un servicio igual al celular, pero en otra parte del espectro electromagnético. Es simplemente una tecnología diferente, pero con mayores aplicaciones.





En un escenario en el que los ingresos de la telefonía celular no crecen muy rápido en los próximos años (10%) y los gastos financieros se mantienen, el sector acumularía un enorme déficit cercano a los $5 billones de hoy.



Con una fuerte capitalización de las deudas que reduzca los gastos financieros a la mitad y si los ingresos crecen de manera más rápida (entre el 20% y el 40% entre el 2000 y el 2002), la industria sería viable.



Los PCS se podrían vender como teléfonos fijos y tienen mayor versatilidad para realizar conexiones a internet, más de lo que hoy puede ofrecer un celular. Además, los PCS operan en la parte del espectro donde operarán en un futuro cercano los nuevos teléfonos IMT 2000, los celulares de cubrimiento mundial.



En síntesis, un nuevo operador de PCS plantea dos grandes amenazas para las empresas de celulares: derrumba parte de las barreras a la entrada y es un producto sustituto lo que también atenta contra su mercado. La estrategia competitiva de los celulares se debilitaría y dejaría de ser sostenible.



No obstante, los celulares mantienen una buena parte de su ventaja competitiva que nadie ha tocado y es el conocimiento del mercado, los dos millones de usuarios, lo que ello implica en términos de inversión en mercadeo y la infraestructura ya instalada y con potencial para entrar en nuevos negocios. Además, por el tamaño de su operación las firmas tienen gran poder de negociación sobre sus proveedores críticos.



"Creemos de todas maneras que la coyuntura actual de la economía no se presta para un nuevo operador de PCS, máxime cuando nosotros ofrecemos exactamente el mismo servicio y con el mismo nivel tecnológico", dice María Luisa de Mejía, presidente de Celumóvil.



Una movida natural




La convergencia es un hecho. Cada vez será más clara la posibilidad de obtener todos los servicios posibles de un solo gran operador de talla mundial.



En el negocio de las telecomunicaciones, todos los servicios posibles de transmisión de datos, internet, televisión en sus modalidades menos convencionales (cable, fibra óptica, por protocolos de internet y por satélite), transmisión de voz por líneas fijas convencionales, por fibras ópticas, por medios inalámbricos... tienden a ser prestados por organizaciones únicas, de escala mundial, es decir, jugadores globales de gran calibre.



Las inversiones que requieren las telecomunicaciones y el cambio técnico tan acelerado implican que difícilmente empresas locales (por más que pertenezcan a grupos económicos poderosos, pero de países emergentes) puedan acceder al capital y a las economías de escala que el negocio necesita.



Comcel, por ejemplo, ha sido un jugador agresivo que tiene el respaldo de un operador de gran tamaño como Bell Canada y está entrando en los nichos de mercado que en el futuro le podrían permitir ofrecer soluciones de comunicaciones complejas que trascenderían la sola telefonía celular.



La privatización de la ETB, por ejemplo, debería generar una nueva dinámica al permitir la entrada de un jugador global de gran escala.



"El país necesita con urgencia vender la ETB para darle entrada a la inversión extranjera y con ella la renovación tecnológica y la competencia", dice Diego Molano de la Comisión para la Regulación de las Telecomunicaciones (CRT).



Aunque la participación en el polémico negocio de la transmisión sobre IP le ha generado a Comcel dolores de cabeza, enemistades con sus propios socios (ETB y Telecom) y hasta posibles sanciones y multas en el futuro inmediato, la movida parece ofrecer potencial en el futuro. La tecnología de internet abre un mercado aún no explorado como medio de transmisión de voces e imágenes y podría ser un medio dominante en el corto plazo. La empresa además ha incursionado en el mercado de los ISP (proveedores de internet) y recientemente hizo una alianza con Microsoft para entrar en el Web TV, internet por medio de los receptores de televisión, lo que abre posibilidades para la masificación de la red de redes.



El Grupo Empresarial Bavaria se ha movido en direcciones similares, como proveedor de internet, canal privado de televisión (lo que le da una ventaja enorme como proveedor de contenido) y en otras tecnologías como el trunking.



Lo cierto es que la tecnología de comunicaciones inalámbricas tendrá en el futuro mucha más penetración de la que cualquiera imaginaría. El acceso a internet por teléfonos móviles muy pronto se va a popularizar y hasta la transmisión corporativa de datos y de televisión. Y todo ello será realidad en el momento en que entren las licencias para tecnología de banda ancha LMSD, que permitirá desarrollos en materia de transmisión de datos, imágenes, voz...



En ese negocio, las compañías de telefonía celular no tienen impedimentos, es más, será una expansión natural de su negocio.



El modelo fiscalista de financiar déficit con las licencias de telecomunicaciones ya no es viable.



Un nuevo modelo



El sector de las telecomunicaciones tiene una dinámica tal que está pidiendo con urgencia un nuevo modelo de planeación hacia el futuro. Ni los reguladores ni los mismos empresarios se han detenido a imaginar el plan estratégico de mediano plazo que requiere el sector. Ni el modelo fiscalista que tenía el Estado de conceder licencias a costos exorbitantes ni el de los empresarios de financiar el crecimiento con deuda son viables en el futuro.



Las cuantiosas inversiones de capital y el cambio tecnológico acelerado obligan a que en el sector haya grandes operadores con capacidad financiera y acceso a mercados globales que les permitan obtener el retorno de la inversión en tiempos inferiores a los que la industria está acostumbrada. En la nueva economía, un plan de recuperación a diez años está fuertemente amenazado por los cambios de la tecnología.



El otro ingrediente de fondo es que haya un mercado de capitales. Que se desarrollen mecanismos para que grandes inversionistas institucionales puedan apalancar el crecimiento del sector de telecomunicaciones.
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