| 5/31/1998 12:00:00 AM

Se endulza el azúcar

Después de varios años de ajuste y reorganización de la industria, se avecina una buena época para los azucareros colombianos.

El azúcar se prepara para el regreso de los buenos tiempos. El consumo mundial está aumentando, jalonado por demandas de la industria de las bebidas no alcohólicas. Justo cuando se creía que ésta era una industria madura y que la demanda mundial no crecería por encima del aumento de la población, la dramática expansión del consumo de jugos y gaseosas en el mundo y, en especial el de Coca-Cola, han vuelto a hacer de éste un sector de alto potencial de crecimiento.



Colombia está en la lista de los primeros países que se van a beneficiar del cambio, pues aquí se tienen las productividades física y de fábrica más altas del mundo. Después de una mala racha de bajos precios internacionales y conflictos comerciales con los países vecinos, la suerte vuelve a sonreírles a los ingenios. Las perspectivas son excelentes: sólo en China se tiene previsto un incremento del consumo per cápita de Coca-Cola de 3 botellas de 250 c.c. al año, a por lo menos 30. Al multiplicar por la población de China, se ve que aquí hay negocio para muchos años.



Años amargos



La década de los noventa ha sido difícil para el azúcar. En su momento los productores colombianos vieron en la apertura y la integración comercial una oportunidad para ampliar el mercado. Al fin y al cabo, todos los demás miembros del Pacto Andino son importadores netos de azúcar. Esta visión del negocio dio lugar a que se hicieran importantes ampliaciones de fábricas y cultivos para atender esta nueva demanda potencial.



Pero pronto se demostró que lograr el objetivo iba a ser mucho más difícil de lo previsto. Se produjo el Fujimorazo en Perú y, con éste, el retiro de ese país del Grupo Andino. Entrar a este mercado en condiciones preferenciales se hizo imposible. Vino después otro gran desconcierto. Venezuela mantuvo y aún mantiene las preferencias arancelarias concedidas bajo la ALADI al azúcar proveniente de los países centroamericanos. En otras palabras, el producto centroamericano tiene mayores privilegios en Venezuela que el de Colombia, el socio andino. Esto deshizo las metas que se habían fijado para ese mercado.



Pero aquí no pararon las cosas. La economía venezolana se enredó y a medida que el bolívar se devaluaba, en Colombia sucedía lo opuesto: el peso estaba cada vez más revaluado.



Empezó entonces a aumentar el diferencial entre los precios del azúcar en los dos países, a favor de Venezuela. Esta disparidad estimuló el contrabando hacia Colombia, trayendo producto que ingresaba desde los países centroamericanos. La situación se agravó luego, cuando Venezuela introdujo la tasa de cambio preferencial para los alimentos. Los costos en dólares a lo largo de todo el proceso productivo aumentaban, sin embargo, y el margen de rentabilidad para los colombianos se vino al suelo.



Para 1997 la situación se hizo crítica, ante la avalancha de elementos negativos que produjeron los peores resultados de la década. Por un lado, el sector trataba de manejar los efectos acumulados de cuatro años de revaluación. Por otro, el primer semestre fue pésimo para la caña por culpa del clima. Y la devaluación de 30% al final del año, si bien favoreció las ventas en el exterior, también golpeó fuertemente los balances de los ingenios, endeudados en dólares.



Se sumaron también el estancamiento del consumo interno en 1996 y 1997 y la salvaguardia que Venezuela impuso a las importaciones de azúcar colombiano, con lo cual las ventas externas se redujeron en un 33% ese año.



Reacomodamiento



Pero toda situación, por mala que sea, tiene su lado positivo. Los ingenios, en su mayoría empresas familiares, tuvieron que ajustar su organización empresarial para sobrevivir en la época de vacas flacas. Los frutos de esta reorganización se verán con nitidez ahora, cuando las circunstancias de la demanda mundial comienzan a hacerse favorables.



La generación de recursos de caja, que en una época fue una de sus grandes ventajas, se convirtió en una de las grandes limitaciones del sector durante la crisis de esta década. La diversificación de los años ochenta tuvo que ser suspendida y no quedó más remedio que enfocarse en el negocio azucarero. Hubo que concentrarse en la reducción de costos. Como dice Ricardo Villaveces, presidente de Asocaña, "se trata de producir plata y no solamente azúcar".



Las familias propietarias se reorganizaron y, como consecuencia de ello, también organizaron los negocios. En algunos casos, como el del grupo Mayagüez, liderado por Alvaro Correa Holguín, se redujeron los pasivos y se hizo una separación mediante escisión del azúcar y el resto de las operaciones.



Y en aquellos casos en los que una misma familia tenía dos ingenios, se aprovecharon las sinergias. El Ingenio del Cauca y el Ingenio Providencia unieron esfuerzos para generar economías de escala, en especial en los procesos de negociación frente a terceros. Además, el grupo Ardila, propietario de estos dos ingenios, puso en operación una refinería con una capacidad de 1.200 toneladas por día, compitiendo con Manuelita y Riopaila, que eran los únicos refinadores del país.



De acuerdo con Juan José Lülle, presidente de Incauca, dentro del espíritu de aprovechar las sinergias, este mismo grupo se metió fuertemente en proyectos de cogeneración de energía como un subproducto del proceso de refinación del azúcar. Actualmente, el proyecto de cogeneración de energía en Incauca está produciendo 20.000 Kv/h, los cuales está vendiendo a EPSA mediante un contrato a 12 años.



En Incauca se tiene otro proyecto de generación con miras a producir 96.000 Kv/h, el cual se encuentra en la etapa de desarrollo y entraría en actividad en el primer trimestre de 1999. Este proyecto se está haciendo junto con Illinova Generating de Estados Unidos. Además, se está trabajando en un tercer proyecto de cogeneración para el Ingenio Providencia. En éste se está pensando en la posibilidad de producir 50.000 Kv/h.



Los ingenios Riopalia y Castilla, pertenecientes a la familia Caicedo, se han metido también en el proceso de exploración de sinergias. Hace casi tres años iniciaron un proceso de fusión administrativa y financiera con la asesoría de McKinsey & Co. La fusión quedó aprobada en las asambleas de accionistas de abril de este año. Después de lograr igualar las participaciones accionarias, el proyecto de fusión se sometió a la Asamblea de Accionistas el pasado 30 de abril. Se rumora con insistencia que la multinacional del azúcar Tate & Lyle está interesada en adquirir esta empresa.



El ingenio Manuelita, bajo la dirección de la familia Eder, ha trabajado con intensidad en la reducción de costos y va a la vanguardia en la mecanización de la cosecha. Entre el 30 y el 40% de la caña se recoge mecánicamente, dejando de lado la práctica de la quema y el corte manual. Este ingenio está pensando en participar en el proceso de privatización de los ingenios azucareros en Perú.



Lo que viene



Con una industria reestructurada y buenas perspectivas de demanda, es posible mirar el futuro con optimismo. Si bien la devaluación del 97 golpeó sus balances, tuvo frutos que se verán este año. A esto se suma un efecto favorable del clima como consecuencia del fenómeno de El Niño que, contrario al resto de productos agrícolas, ayudó fuertemente al azúcar al incrementar la sacarosa en la caña.



Las perspectivas de la integración también mejoran. Las ventas a Venezuela para este año ya se hicieron y se ha podido vender algo al Ecuador. Perú entró de nuevo a la Comunidad Andina el año pasado y gradualmente Colombia volverá a tener acceso preferencial al mercado de ese país.



Así, si se ajusta la tasa de cambio y los azucareros siguen incrementando la eficiencia, Colombia podrá ser un jugador importante en el comercio mundial del azúcar, incrementando su participación actual, que es el 3% de las ventas mundiales.
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