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Al menos 460 trabajadores de las plantas de Cali y Bogotá de Icollantas perdieron su empleo. Por lo pronto, la empresa se quedará con tan solo 60 agentes comerciales.

| 6/27/2013 2:00:00 PM

Se desinfla un ícono

El cierre de las plantas de Icollantas representa un golpe a la industria nacional. ¿Serán suficientes los esfuerzos del Gobierno para evitar que el sector siga en picada?

En 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial atravesaba por una de sus etapas más cruentas, Colombia empezaba a sentir las consecuencias de ese conflicto. La más evidente, sin lugar a dudas, fue el desabastecimiento de cientos de productos básicos; pero en especial, de las llantas que entonces llegaban al país provenientes de Europa. Una dificultad que obligó al Instituto de Fomento Industrial (IFI) –en asocio con la multinacional BF Goodrich– a crear ese mismo año una fábrica de neumáticos en el Valle del Cauca con el propósito de garantizar la presencia de dicho artículo dentro del mercado colombiano.

El resultado fue el nacimiento de una marca que a la postre se convertiría en referente de la industria nacional: Icollantas. Hoy, siete décadas después de haber iniciado aquella historia, se acaba de escribir su último capítulo con el intempestivo cierre de sus plantas operativas de Cali y Bogotá. Según la plana mayor de la compañía francesa Michelin –propietaria de Icollantas desde 1998–, la decisión fue tomada porque en los últimos años las pérdidas de la firma superaron los $300.000 millones.

Pero, además, factores internacionales incidieron en su clausura. Según Jorge Luis Vega, presidente de Michelin Colombia (Icollantas), la devaluación de la moneda de Brasil –principal destino de las exportaciones del fabricante de llantas– golpeó de frente sus ventas en ese país. Así como también le hizo mella a sus finanzas la creciente llegada de neumáticos del Asia a bajos precios y la desaceleración económica mundial.

Un cúmulo de condiciones adversas que llevaron a los directivos de Michelin a tomar toda suerte de medidas para evitar que las cosas llegaran a este punto de no retorno. Inyectaron, por ejemplo, $261.000 millones a la operación de la fabricante de llantas, al tiempo que intentaron mejorar su productividad y garantizar los derechos de sus trabajadores. Esfuerzos que, no obstante, fueron inútiles.

Actualmente, el panorama de la empresa es desolador: 460 trabajadores despedidos y una pérdida en sus libros contables por US$134 millones, durante el primer semestre de este año. Con el sol a las espaldas, desde ahora Icollantas le apuntará a importar neumáticos y a distribuirlos a lo largo del país. Tarea que quedará a cargo de 60 agentes comerciales.

Así las cosas, resulta paradójico que, preciso en estos momentos, cuando el gobierno nacional acaba de implementar un paquete de medidas para incentivar el crecimiento del sector industrial y frenar su caída, un ícono de la industrialización colombiana como Icollantas haya sucumbido. Se trata, entonces, de un campanazo de alerta que por lo pronto solo deja una pregunta en el aire: ¿serán suficientes las iniciativas del Gobierno para evitar el desplome de otro emblema de la industria nacional?

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