| 11/10/2006 12:00:00 AM

Se amasó fusión en la Costa

Dos de las harineras más tradicionales de Cartagena, Rafael del Castillo e Industrial, se unieron para afrontar los desafíos de la competencia.

Había que moverse y rápido. La industria molinera de trigo en Colombia se sigue concentrando y se sienten pasos de animal grande. Mientras que en 1975 había en Colombia 130 molinos, hoy sobrevive la tercera parte y se estima que ahora 10 compañías controlan el 90% de la producción de harina. En medio de este proceso, Harinera del Valle lidera el mercado tras la adquisición de varios molinos en Cali, Nariño y Bogotá. La sigue el Grupo Solarte con plantas en Bogotá, Cali y Pasto, y que está montando una más en Barranquilla. Por eso, desde hacía rato, la Harinera Rafael del Castillo, sexta en el ranking, pero líder en la Costa con su marca 3 Castillos, estaba buscando afanosamente la manera de fortalecerse en el mercado. Frente a dos alternativas que tenía para hacerlo —comprar un nuevo molino o buscar un socio estratégico—, se decidió por esta última por considerarla mucho más rentable.

Pero no fue fácil. Los molinos de la Costa son empresas de tradición familiar, lo que dificultó las negociaciones entre ellas. Del Castillo, por ejemplo, lleva 145 años en el mercado y ya va en la quinta generación. Pero luego de varios intentos, y de una asesoría que duró tres años, logró concretar un acuerdo de fusión con la Compañía Harinera Industrial, con 70 años de existencia. El resultado: el cuarto molino del país con una participación de 7,4%, activos estimados en $34.000 millones, un patrimonio de $18.000 millones y una producción de 100.000 bultos de harina al mes.

"Fue un proceso muy estudiado, producto de muchas consultas entre las familias. No es fácil lograr una integración de este tipo, sobre todo en empresas familiares, donde el sentido de propiedad, la historia y el amor por la compañía priman sobre los intereses de la empresa", comenta Ramón del Castillo Restrepo, quien se desempeñaba como gerente de Rafael del Castillo & Cía. S.A.

Jaime Jiménez Villarraga, presidente ejecutivo de la Federación Nacional de Molineros de Trigo (Fedemol), reconoció que se trata de una de las primeras fusiones que se dan en el sector, pues el crecimiento de varias harineras se ha hecho con base en la compra de otros molinos. "Se trata de una tendencia mundial de la que Colombia no ha sido la excepción. De ambas maneras, las empresas crecen, se hacen más competitivas, se modernizan y evolucionan como Rafael del Castillo, que está dando el paso que tiene que dar para dejar de ser una empresa familiar", dice.

En este caso, Rafael del Castillo conserva su razón social, pero se mantienen las marcas de las dos compañías por el reconocimiento que tienen en el mercado. Como parte del proceso, se desmontó la planta de la Compañía Harinera Industrial en Manga para trasladarla a la sede de la primera en El Bosque. Esta mudanza aumentará la capacidad instalada de 300 toneladas de trigo al día a 440, en dos años, para lo cual adquirirá nueva maquinaria para adicionar a la que ya tiene. El nuevo edificio se construye paralelo al de Rafael del Castillo, lo que permitirá que una sola planta de personal pueda manejar los dos molinos, los cuales quedarán con la flexibilidad de operar de manera independiente.



La estrategia

La idea es que la integración permita optimizar los activos de las empresas para concentrar las plantas de producción en un solo lugar, se manejen economías de escala y se liberen terrenos improductivos para el desarrollo de nuevos procesos de integración. Y que, de ahora en adelante, se adopte un estilo gerencial de creación de valor. Todo apunta a fortalecer la posición competitiva y financiera de la compañía y a la posibilidad de aumentar su número de clientes con un portafolio más amplio de harinas especiales para panadería, crepes, repostería, productos congelados y galletería, entre otros.

El fortalecimiento de la gestión también tendrá que reflejarse en un mayor posicionamiento de la compañía en los mercados locales como la Costa, los Santanderes y Antioquia, donde están presentes, y servir de plataforma para la posterior expansión nacional. La mayor capacidad de producción servirá para robustecer la presencia que la harinera ha logrado en países como Panamá, Curazao y Venezuela y para exportar después a otros países de Centroamérica y el Caribe donde la demanda sigue creciendo.

Por su parte, Ramón del Castillo deja la gerencia que ocupó durante 31 años, para presidir la junta directiva y permitir que Jairo Vélez de la Espriella, el gerente de Compañía Harinera Industrial, asuma las riendas de la administración. "Uno no puede permitir que el mundo le pase por encima y ver cómo se cierran las empresas. La fusión es una de las formas de enfrentar los desafíos de la competencia para seguir presente como una de las más importantes empresas del sector, mejorar la situación de empleo de la región y hacer honor al esfuerzo que sus familiares han hecho durante 145 años", dice Del Castillo.

Vélez, a su vez, sostuvo que las dificultades del mercado son el principal desafío de su llegada a la gerencia de la nueva empresa. "Pero tenemos la receta ganadora: tecnología, productos especializados, conocimiento, tradición y experiencia que hemos unido de las dos compañías para poder permanecer activos", sostiene. Los avances en gobierno corporativo también han permitido que se nombre en la junta directiva a tres miembros externos a las familias accionistas. Se trata de expertos en diversas áreas y cuya misión es oxigenar a la nueva compañía.

La meta prevista para este año es totalizar ventas por $55.000 millones, lo que representaría un incremento del 18% con respecto al año pasado. Sin embargo, en el panorama hay nuevos desafíos que deberá afrontar la nueva compañía, como las alzas del trigo en el mercado internacional, la mayor en 10 años (US$245 por tonelada puesta en Cartagena), la reforma tributaria que amenaza con incrementar el IVA para las pastas y las galletas, el TLC y contribuir con el sector en general para incrementar el consumo per cápita de harina de trigo en Colombia, uno de los más bajos del continente: 27 kilos.

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