| 11/28/2014 3:20:00 AM

El eslabón más débil

El Gobierno le lanzó un salvavidas a la industria de la confección. Sin embargo, otros eslabones de la cadena se están rompiendo.

Las noticias sobre el comportamiento de los principales indicadores económicos del país tienen celebrando a muchos sectores. Pero la dicha no alcanza para todos, pues actividades como hilandería y textil enfrentan desafíos que hoy tienen en riesgo su superivencia.

Prueba de ello es la desaparición de Hilos de Mosquera, una compañía que luego de 20 años de trabajo entró en proceso de disolución tras acumular pérdidas en 2012 y 2013 que generaron un patrimonio negativo de $19.369 millones, de acuerdo con datos reportados a la Superintendencia de Sociedades.

El deterioro en las cifras también afectó a Hilanderías Fontibón, cuyos resultados se han destemplado como consecuencia de las crecientes importaciones de hilazas de India y China. Según la Supersociedades, la empresa registra pérdidas desde 2008 y sus ingresos están a la baja.

A comienzos de este año su gerente general, Felipe Lozano, le dijo a Dinero que la situación era muy compleja y que la empresa –que en ese momento ocupaba a 400 personas– se encontraba adelantando un proceso de revisión de su esquema productivo con el fin de encontrar fórmulas para mantenerse viva.

El panorama no parece mejorar en una industria que durante años ha sido azotada por la competencia desleal. Al inicio de 2013, el Gobierno adoptó medidas para ayudar a los confeccionistas a través del Decreto 074, que impuso un arancel mixto para frenar las importaciones de prendas de vestir especialmente de China.

Esta norma fue reemplazada por el Decreto 456, –en vigencia desde el primero de marzo de este año– y determina que productos cuyo precio sea menor a US$10 por kilo tienen una tasa de US$5 por kilo más 10%, pero para los de valor superior a US$10 por kilo, el arancel será de US$3 por kilo más 10%.

Esta medida ha beneficiado al último eslabón de la cadena, los confeccionistas, pero no a textileros e hilanderos.

Juliana Calad, directora de la Cámara Sectorial de Algodón, Fibras, Textiles y Confecciones de la Andi, opina que el mencionado decreto ha incrementado el costo de la importación del kilo de confecciones, pero por otro lado ha motivado un alza en los niveles de contrabando en hilados y telas.

Precios bajos

Uno de los actuales desafíos del sector es que textileros, hilanderos y confeccionistas no han podido ponerse de acuerdo sobre las medidas que debería adoptar el Gobierno para hacerle frente a la coyuntura y beneficiar toda la cadena.

Si bien coinciden en que se debe atacar la competencia desleal, no tienen un punto común en lo que a modificación de aranceles se refiere. Hace dos años la Cámara de la Andi le solicitó al Gobierno una salvaguardia para proteger a la industria de tejidos e hilados.

Al no obtener respuesta, a finales de octubre pasado se presentó una nueva propuesta. En esta oportunidad el gremio plantea que cuando un kilo de tela ingrese al país a un precio inferior a US$4,7 el arancel sea de 10% más US$0,50 y si es mayor a este precio, que el gravamen se mantenga en 10%. En caso de ser aprobada esta opción, retirarían la solicitud de salvaguardia.

Competitividad


Pero lo que podría ser bueno para los hilanderos y textileros no parece satisfacer a los confeccionistas. “Para que estos puedan ser competitivos requieren insumos a precios favorables, con tiempos de entrega oportunos y en calidades y variedades suficientes. La hilandería colombiana solo abastece 30% de la demanda que tiene el país para la producción de telas y prendas. No se puede por vía de aranceles o salvaguardias encarecerle la producción al confeccionista porque eso afecta toda la cadena, que ha llevado a que hilanderías y empresas de tela hayan desaparecido y muchas tejedurías hayan comenzado a importar”, dice Carolina Blackburn, directora ejecutiva de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines.

A su vez, Carlos Eduardo Botero, director de Inexmoda, señala que se debe combatir la competencia desleal y para ello se deben adoptar medidas estructurales y no coyunturales.

“Sin duda lo que se tiene que lograr es la competitividad y esto solo se obtiene con un control efectivo al contrabando y la ilegalidad. Soy un convencido de que estos sectores son capaces de competir en condiciones de legalidad con los productos importados, pero no es viable hacerlo con problemas de lavado de activos y prácticas ilegales de comercio”, señala el directivo, quien demanda del Gobierno mayores esfuerzos para acabar con este flagelo que afecta a todos los eslabones de la cadena.

Esa misma opinión la comparte Álvaro Hincapié, presidente de Enka, quien agrega que los países en donde esta industria sigue siendo competitiva se caracterizan por haber fortalecido cada uno de sus eslabones.

Para zanjar sus diferencias, los dos gremios han comenzado a adelantar mesas de trabajo con el apoyo de la viceministra de comercio, Mariana Sarasti, con la idea de lograr acuerdos para el beneficio de todos. El tema todavía tiene mucha tela de donde cortar.

Las cifras


El comportamiento de la cadena textil-confección es contradictorio. Entre enero y septiembre de este año la hilatura, tejeduría y acabado registraron una caída de 2,6% en la producción y 6% en ventas, frente al mismo periodo de 2013, mientras que el subsector de prendas de vestir subió su producción en 4,4% y sus ventas en 6%. En lo que se refiere a las importaciones de fibras, hubo un descenso de 2,58%, mientras las de hilados crecieron 18%, tejidos aumentaron 12,9% y confecciones crecieron 7,29%.
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