| 11/26/2004 12:00:00 AM

Salida a la crisis

Tres meses después del estallido de la crisis interna en Leonisa por las diferencias entre las familias propietarias, se logró un acuerdo entre ellas para desatar el vínculo societario. ¿Cuál es la principal lección? ¿Qué viene ahora?

El 11 de noviembre, las familias Urrea Arbeláez y Urrea Jiménez -dueñas de Leonisa- llegaron a un acuerdo que les permite dirimir el conflicto interno que estalló hace 3 meses por la distribución de las utilidades.

En un acuerdo suscrito ante la Superintendencia de Sociedades, definieron como mecanismo la formulación de una oferta recíproca irrevocable de venta. Es decir, las familias se someten a un sistema de subasta privada en el que el mejor postor se quedará con la compañía.

Este es el desenlace de Leonisa, caso que hoy puede verse desde dos ángulos: uno, las lecciones que deja para las empresas de familia colombianas; y dos, desde el futuro mismo de la compañía de confecciones más emblemática del país, que el año pasado vendió más de $190.000 millones.



Las lecciones

La principal lección que deja la situación interna de Leonisa, puede resumirse en la ausencia de una visión clara y compartida por todos los accionistas, lo que generó la división interna. Los desacuerdos internos entre las dos familias -Urrea Arbeláez, con 11 miembros, y Urrea Jiménez, conformada por tres hermanas- se generaron por el tema de los dividendos, pues la visión era totalmente diferente. Para Julio Urrea, quien era el patriarca de la familia Urrea Jiménez y quien murió el año pasado, lo prioritario era no repartir dividendos o repartir muy poco, para reinvertir las utilidades en la compañía. Por su parte, los hermanos Urrea Arbeláez pretendían que se repartieran las utilidades.

Pero, además de los dividendos, la percepción sobre el negocio también es distinta. Mientras los Urrea Arbeláez mantienen una visión comercial muy profunda, la estrategia de negocio de las hermanas Urrea Jiménez está más enfocada hacia la producción y el diseño. Pero, con visiones opuestas y un control igualitario en la compañía, los puntos de acercamiento eran muy complejos.

"La comunicación no fluía y la información no se manejaba con el rigor que exige un proceso familiar", dice una fuente cercana a la compañía. "El exceso de liquidez era muy alto y al no repartir dividendos se generaron proyectos que para los miembros de la familia Urrea Arbeláez, no estaban dentro de la visión de negocios de la compañía", agrega la fuente.

"El caso de Leonisa es un claro mensaje para que las empresas familiares no repitan esta experiencia y no transiten por caminos tan difíciles y complejos como los que hoy tiene la empresa", advierte un analista.



El futuro

¿Esto qué significará para Leonisa hacia el futuro? El acuerdo se da en un momento fundamental en el desarrollo del negocio de la empresa. Leonisa, en medio de su expansión, busca su entrada en Estados Unidos, mercado que se vuelve crucial para aumentar del 30% al 55% la participación de sus exportaciones en su portafolio de ingresos en el mediano plazo, como lo tenía planeado a principios de año. Para ello, analiza tres estrategias: buscar aliados en distribución; abrir tiendas propias y franquicias e, incluso, maquilar para terceros.

Sin embargo, la coyuntura interna demorará las decisiones. Hoy es muy prematuro hablar del futuro de Leonisa. Por una parte, porque los tiempos en los que se debe desarrollar la subasta solo los conocen los integrantes de las familias que firmaron entre ellos un acuerdo de confidencialidad. Y, por otra, porque de quién adquiera la compañía dependerá la visión que tenga hacia el futuro.

Para obtener los recursos para la compra de la mitad de la compañía, las familias tienen tres opciones: una, recursos propios; dos, préstamos del sector financiero; o tres, la búsqueda de un aliado estratégico.

En ese último escenario, y cuando el mercado textil y de confecciones en el mundo se está recomponiendo por la eliminación de las cuotas a los países asiáticos, Leonisa podría convertirse en una atractiva novia para eventuales inversionistas internacionales que garanticen mercado, mayor transferencia de tecnología y know how que le permita a la marca potenciarse, pero sin desdibujar su posicionamiento que la ha hecho exitosa.

El acuerdo firmado hace unos días garantiza que el negocio sobreviva, a pesar de las diferencias internas entre las familias. Como dicen en Antioquia, "las cosas se dañan para arreglarse".
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