Ríos de leche

| 4/19/2002 12:00:00 AM

Ríos de leche

La sobreoferta de leche, producto de la caída del mercado venezolano y los bajos precios internacionales, es una prueba de fuego para la cadena del sector.

El 2001 fue el mejor año para la industria productora de leche. Por primera vez en la historia, tuvo una balanza comercial superavitaria y registró un año récord en exportaciones, al vender en el exterior más de US$60 millones, cuando en promedio en el último lustro no superó los US$10 millones.



Sin embargo, este año, el panorama se oscureció. La situación cambió radicalmente y estos productores no solo tienen enormes inventarios que bordean las 15.000 toneladas de leche en polvo, sino que afrontan una situación tensa con sus compradores nacionales, a quienes descuidaron en la época del boom de las exportaciones.



A pesar de la enlechada en que se encuentran, las empresas productoras de leche han intentado seguir vendiendo a los precios del año pasado, mientras los compradores de esta materia prima, que tuvieron que hacer cola detrás de las compañías internacionales para abastecerse de leche, pelean por que los precios reflejen las nuevas condiciones del mercado.



Una anécdota ocurrida el pasado 9 de abril durante la reunión del Consejo Nacional Lácteo ilustra la tensión que se vive entre los eslabones del sector lechero. Un pequeño industrial reclamó a los delegados de Colanta porque, según él, a mediados del año pasado necesitó unas toneladas de leche en polvo para procesar helados y la cooperativa le dijo que no tenía producto para atender ese pedido.



Ahora Colanta, al igual que las demás cooperativas lecheras, tiene producto de sobra para atender a una industria local que quiere disfrutar de los bajos precios que debería generar la sobreoferta, y son los compradores los que tienen el sartén por el mango. Lejos están las épocas en que Colanta debía cumplir las solicitudes que le hacían desde Venezuela y atender un mercado que estaba dando inmejorables resultados, tanto que en el 2001 la empresa exportó más de US$18 millones. Ahora tiene un inventario de 6.000 toneladas de leche, y no sabe cómo salir de ellas.



Aunque la relación entre productores y compradores es tensa, y el alto nivel de inventarios lácteos no permite asegurar cuál va a ser el futuro de este producto, se ha producido un consenso entre los distintos representantes de la cadena que tienen asiento en el Consejo Nacional Lácteo, en torno a que para enfrentar la coyuntura se dará prioridad a la compra de la producción nacional. El tema candente sigue siendo el de los precios. El gobierno ya aumentó al 44% los aranceles para la importación de leche en polvo (ver recuadro), lo cual nivela un poco el desfase entre el precio de producción interno de una tonelada de leche en polvo, que estaba alrededor de US$2.130, y el precio de importación, que estaba en US$1.700.



La discusión ahora está en si los industriales comprarán internamente la leche a los precios que los productores dicen, o a los que tiene hoy el mercado.



Los antecedentes



¿Qué hizo que el mercado cambiara? Venezuela, el mejor mercado de exportación para la leche colombiana --más del 90% de las exportaciones de leche van a ese destino-- se desaceleró, como consecuencia de la devaluación. La demanda se contrajo y el producto que estaba destinado para ese mercado se quedó en las bodegas. Incluso, se dice que en Caracas hay inventarios de leche colombiana por un valor superior a US$5 millones.



En este escenario, hay un factor nuevo: la reducción del precio internacional de la leche en polvo, que cayó de US$2.200 a niveles de US$1.700 e, incluso, US$1.300 por tonelada. Es decir, se volvió más atractivo importar leche que comprar la nacional. A finales del año pasado, la tonelada de leche que en el mercado interno tenía un precio de referencia de US$2.130, se podía traer por US$1.700.



Al mismo tiempo, hubo otro factor de desequilibrio: Argentina. Primero, porque perdió competitividad frente al mercado brasileño, hacia donde va el 39% de sus exportaciones, por la devaluación de la moneda carioca y la sobrevaluación de su peso en 2001. Segundo, porque México suspendió el año anterior las exportaciones de leche y carne argentinas para prevenir el contagio de fiebre aftosa. Así las cosas, Argentina buscó otros mercados regionales, como Venezuela e incluso Colombia. Nuestro país fue uno de sus destinos y el 46,2% de las importaciones de leche en polvo el año pasado llegó tanto de Argentina como de Uruguay.



A esto se suma el tema climático: ante un eventual fenómeno de El Niño y con un desabastecimiento recurrente en los primeros meses de cada año, la industria decidió blindarse desde los últimos meses del 2001. En total, el año pasado llegaron al país cerca de 17.000 toneladas de leche.



Según Jenaro Pérez, presidente de Colanta, las medidas son tardías. "El problema no es de clima. Inventan un fenómeno de El Niño, pero olvidan que ya aprendimos a producir leche. Si en algunas regiones no hay pasto, se usa heno para alimentar el hato y se hacen tanques para conservar el agua en época seca. Lo realmente sospechoso es que las importaciones de leche pasaron de 3.300 toneladas en promedio al año, a 18.000 toneladas en el último lustro, también en promedio".



Pero si las cooperativas se quejan, uno de los mayores reclamos recae precisamente sobre ellas. De acuerdo con un analista del sector, "al exportar, no solo se debe conquistar un nuevo mercado externo, sino no perder los clientes internos que le dieron a la empresa la dimensión que tiene hoy".



Además, tienen problemas inmediatos más graves. Según el Consejo Nacional Lácteo, las principales cooperativas tienen inventarios por 9.000 toneladas. Cuando importaron producto, lo hicieron a un precio internacional elevado y, frente a la caída del precio interno, están asumiendo, además de la reducción del precio del mercado, un elevado costo de almacenamiento y dada su organización social no están preparadas para asumir estas dificultades financieras.



Las cooperativas tienen dos caminos: asumir las pérdidas y vender el producto al actual precio de mercado, o mantener el inventario a un costo de oportunidad enorme. "Si tienen 5.000 toneladas, esto son más de $30.000 millones en producto. ¿Cuál es el costo financiero de este dinero al 1 ó 2%?", se pregunta un empresario.



Para solucionar la coyuntura, el 9 de abril, la Federación Colombiana de Cooperativas de Productores de Leche (Fedecooleche) le envió una carta a Rodrigo Villalba, ministro de Agricultura, para que se eleven los aranceles al 70%, "para contrarrestar los precios de la leche argentina que están alrededor de US$1.300 por tonelada".



Pero esta petición tiene varias lecturas: se podría generar una triangulación, pues desde Venezuela, habitual importador, se puede ingresar leche a Colombia sin arancel. Allí llegarían leches de otros países con bajos precios que serían reempacadas y exportadas a Colombia. Además, obligaría al repunte del precio interno, pero ahora, cuando el mercado internacional está cayendo.



Por su lado, las multinacionales, como Nestlé o Parmalat, tienen a Colombia como trampolín para exportar leche a Venezuela y atender los dos mercados. Su ventaja competitiva está en no tener aranceles con el vecino país y gozar de los beneficios del Plan Vallejo porque importan leche para exportarla con valor agregado.



Nestlé tiene en sus inventarios 6.000 toneladas que al parecer importó, porque necesitaba protegerse durante su proceso de convención colectiva y atender la demanda frente a la huelga.



¿Para dónde va la situación?



La enlechada es la prueba de fuego para la cadena láctea. Aunque generó un resentimiento entre productores y compradores, hay un lugar de discusión: el Consejo Nacional Lácteo, que se creó por la conformación de la cadena. Allí surgieron las propuestas para enfrentar esta coyuntura y 'darse palo' de puertas para adentro. Es el órgano asesor del gobierno para definir políticas y del consenso interno surgieron las medidas para enfrentar la sobreoferta.



Pero esta primera dificultad evidenció que el esfuerzo que se ha hecho en estos 3 años por un cambio estructural al que esta cadena le está apostando, podría peligrar por las visiones de corto plazo. Es necesario, entonces, superar la coyuntura para construir entre todos la visión de cadena que le permita dinamizar la industria en el país. Por eso es necesario aprender de la lección que están atravesando y hacia el futuro incorporar en sus estrategias comerciales las variables que no tenían en cuenta en un mercado que hace unos años era solamente interno. Ahora el reto es buscar nuevos mercados y darse cuenta del riesgo de colocar todos los huevos en una sola canasta.



El pulso que tienen los protagonistas de la cadena está en que si el 2001 fue un año de vendedores, hoy la situación juega a favor de los compradores. Llegar a consensos que permitan avanzar en la cadena será el reto fundamental de la industria. De lo contrario, el mercado se podría agriar.







Las medidas

Para enfrentar la enlechada, el gobierno siguió las recomendaciones de la cadena láctea:



Incrementó el arancel de importación de leche por 90 días, que pasó de 22% a 44%.

Garantizó que la producción nacional y los inventarios de leche en polvo sean absorbidos para que la dinámica de la cadena no se vaya a perder.

La industria accederá a un mecanismo de compensación de US$487 por tonelada exportada.

Se revisará el permiso sanitario de Argentina, Uruguay y Bolivia, para verificar que los productos provenientes de estos países no traen el virus de la fiebre aftosa.
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