| 4/18/2006 12:00:00 AM

Ricardo Pava: la resurrección

Luego de perder prácticamente el control de su empresa y de su marca, este diseñador del jet set masculino logró recuperar lo suyo y emprender un nuevo plan de negocios.

Todo marchaba viento en popa. Tras graduarse como diseñador en la Escuela Arturo Tejada, en 1991, Ricardo Pava empezó a posicionarse en el competido y estrecho círculo de la moda colombiana. Con sus diseños, poco a poco se fue ganando la confianza de políticos, empresarios y personajes de la farándula como los ex presidentes César Gaviria y Andrés Pastrana, Pablo Ardila, Julio Sánchez, Juan Pablo Montoya, Manolo Cardona, Ricardo Obregón, Camilo Sánchez, Gabriel Ortiz, Ricardo Alarcón y el actual mandatario Álvaro Uribe, entre otros. Su primer taller, que estaba en el barrio Chapinero, de Bogotá, se quedó corto. Luego abrió sus primeros dos almacenes en el Parque de la 93 y otro más en la Zona Rosa de la ciudad. Posteriormente, Pava se vio diseñando no solo para su propia marca sino para otras muy reconocidas. El prestigio de Pava pronto sobrepasó las fronteras colombianas. Tanto, que en 2001, un inversionista francés le propuso iniciar un plan de expansión de la mano de una reconocida firma de consultoría internacional. El nuevo socio le inyectó capital a la empresa, unos US$300.000, y a la postre terminó quedándose con el 55% de ella. A su vez, la consultora sugirió un nuevo grupo directivo para las áreas administrativa, financiera y de mercadeo. De esta manera, Pava perdió el control de su empresa y se dedicó exclusivamente al diseño. "Yo estaba descrestado. Creía estar en las mejores manos y pensaba que quienes asumían las riendas del negocio tenían la experiencia y el conocimiento suficientes para convertirlo en una gran compañía". Sin embargo, a medida que fueron pasando los meses, Pava fue observando cómo la nómina crecía de manera desproporcionada, lo que a su vez elevó los costos de producción y mercadeo, mientras que las ventas se venían a pique. Al año del atentado del 11 de septiembre, su socio europeo, un inversionista de bolsa, se declaró en quiebra y dejó prácticamente abandonado el negocio en Colombia. Esta situación le permitió a Pava ponerse nuevamente al frente de su empresa. Sin embargo, el panorama que encontró fue desolador: "Un verdadero caos administrativo y financiero. Sobrecostos, deudas, contratos mal ejecutados, estrategias de marketing mal direccionadas y una nómina de casi 100 personas". Lo primero que hizo fue sacar a los ejecutivos que había traído la firma consultora, para empezar a poner la casa en orden. Y solo, tuvo que ponerle la cara a la crisis económica y a una serie de demandas que se le vinieron encima por parte de contratistas, proveedores y trabajadores. "Por esta situación, perdí todo mi capital y la compañía se desplomó. Nadie parecía entender que no fue de mala fe que llegué a esta situación", dice. Tres años le tomó a Ricardo Pava recuperarse. Contó con la fortaleza de su marca que sobrevivió a la crisis y el respaldo de los clientes que siempre le fueron fieles. Más centrado y con los pies en la tierra, Pava reorganizó las áreas administrativas y de mercadeo. Redujo su nómina directa a 28 personas, concentró su operación en la Zona Rosa, abrió un nuevo local en Cartagena y tiene previsto inaugurar otros 7 almacenes en las principales ciudades del país. Sus diseños (que ahora incluyen calzado y accesorios), que tradicionalmente se enfocaron a hombres entre los 25 y 50 años, ahora apuntan también a jóvenes de 18 años en adelante. Estrategias como estas le han permitido crecer, en promedio, 15% anual en los últimos tres años, señala. Ahora, con el TLC, Pava cree que se abrirá un nuevo abanico de oportunidades para crecer en el mercado de Estados Unidos.
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