| 3/30/1998 12:00:00 AM

Revolcón de película

Los colombianos regresaron en masa a cine. El multiplex es la última moda y el negocio de exhibición de películas no volverá a ser el mismo.

En cada centro comercial grande que nace en el país hay salas de cine. Salas espectaculares, que ofrecen lo mejor del mercado mundial y casi al mismo tiempo que en Estados Unidos. El cine mueve hoy en ventas cerca de $45.000 millones anuales y la mayor parte se concentra en una empresa: Cine Colombia.



¿Cuándo se había visto que las películas de estreno de Hollywood se proyectaran en los teatros colombianos antes de los premios Oscar? Hay dos razones fundamentales para este cambio. Por una parte, los mercados internacionales se han vuelto más importantes para los productores de Hollywood, de modo que la distribución mundial se ha acelerado. Y en forma complementaria, las salas de cine y los sistemas de distribución en Colombia se han puesto a la altura de los estándares internacionales.



Según un estudio de Media Planning, casi seis millones de colombianos tienen la costumbre de ir a cine y de ellos el 27% va por lo menos una vez al mes. Por esta razón, Hollywood comienza a ver un mercado interesante en nuestro país.



Cine Colombia ha sido el líder en la modernización del negocio de exhibición de cine en los últimos años. La asistencia había entrado en crisis, debido a la falta de instalaciones y a la inseguridad en las ciudades.



Pero gracias a las inversiones que cambiaron el modelo de las salas de cine, trasladándolas a los centros comerciales y dotándolas de la mejor tecnología, ir a cine volvió a ser un placer: salas amplias con silletería arrulladora, sonido estéreo, proyectores computarizados, boletería prepagada, horarios para madrugadores y noctámbulos y, sobre todo, las más recientes novedades para que los cinéfilos afiebrados puedan estar perfectamente al día.



Cine Colombia, el promotor



Amigos y contradictores coinciden en que esta empresa lideró la transformación de la exhibición de cine en el país. Cine Colombia fue creada hace más de 70 años, pero sólo hasta 1989 dio el gran salto a la modernización. En ese año fue adquirida por el grupo Mayagüez.



Esta empresa ha impulsado la construcción de teatros multiplex en varios centros comerciales. En estos recintos cerrados, los espectadores tienen amplias facilidades de acceso a parqueaderos y, además, sienten que su seguridad personal está resguardada ­la falta de seguridad en nuestras ciudades era una de las principales razones por las cuales los espectadores habían dejado de ir a cine.



El modelo multiplex sofisticó la exhibición de las películas. Las cintas se pueden rotar entre distintas salas en un solo centro de exhibición, con lo cual se dedican las salas más grandes a los filmes de estreno. Además, el ofrecer más comodidades segmentó el mercado, con lo cual los precios dependen de la ubicación de las salas.



A la par con las salas de cine, se ha desarrollado la venta de golosinas y gaseosas antes de entrar a la proyección de la película. Buena parte de la rentabilidad de Cine Colombia proviene de esta fuente.



Y la tendencia sigue. A mediados de 1998, con una inversión de más de $7.000 millones, se inaugurará el multiplex más grande del país, con 10 salas y 3.200 nuevas sillas, en el centro comercial Plaza de las Américas en Bogotá. Cine Colombia tiene proyectada la construcción de 72 salas más para el año 2000, con lo que acumularía 160 en todo el país.



A medida que despierta el entusiasmo por el cine, la competencia se despierta. El principal contrincante de Cine Colombia en este mercado es Procinar, que lleva 10 años en el mercado.



La otra cara de la moneda



Como toda industria en la que ocurren grandes transformaciones, en este caso hay una fuerte tensión entre el líder del mercado y otros empresarios tradicionales y más pequeños. Estos últimos se quejan de que el tamaño y el dinamismo de Cine Colombia han hecho que los distribuidores internacionales prefieran a esta empresa para canalizar sus películas en el mercado colombiano. Esta decisión tiene lógica, pues Cine Colombia puede garantizar mayor exposición para las películas. Y cuanto más se amplía la diferencia en inversión entre el líder y los demás, más grave es el problema para las pequeñas.



Para Jorge Armando García, gerente del teatro Astor Plaza de Bogotá, uno de los más grandes del país, con capacidad para 1.110 espectadores, la situación para los teatros que no pertenecen a una cadena se ha vuelto complicada. García, que trabaja para la famila Sefair, dueña de los teatros Metropol, Astor y Royal Plaza, Riviera y Cinelandia en Bogotá, afirma que "conseguir películas de estreno es casi imposible hoy en día, pues Cine Colombia las acapara, con el consentimiento de agentes y distribuidores". Así, las empresas pequeñas de proyección, como las familias Sefair en Bogotá o Londoño en Medellín, tienen que resignarse a exhibir películas de menor atractivo, aquellas que Cine Colombia ya haya estrenado o que rechaza por no tener pantallas disponibles para exhibirlas.



Para García es claro que "hoy la película hace al teatro y no lo contrario, como sucedía antes". No tener películas de estreno le baja la categoría a un teatro y puede llevarlo incluso a desaparecer, como ha sucedido con gran cantidad de ellos, convertidos ahora en centros de culto religioso. Claro está que las empresas pequeñas no se han modernizado y no han entrado en la onda del multiplex, exceptuando a Procinal, que surge como alternativa en este mercado cinematográfico.



Pero la piedra en el zapato, afirma García, la conforman los dueños de las películas, por preferir a unos más que a otros. Entre éstos hay tres modalidades. La primera es la de distribuidores como United International Pictures, UIP, que representa a firmas como Paramount, Metro Goldwyn Mayer, Universal, United Artists y DreamWorks, la empresa del famoso director Steven Spielberg. La segunda es la de los agentes, que ofrecen los derechos de las películas de la Fox, por ejemplo. La tercera es la de aquellos que compran películas en los festivales internacionales. Esto lo puede hacer cualquier persona y de hecho también lo hacen las empresas como Cine Colombia, que tienen su propio archivo de películas.



Pero el problema se presenta cuando Hollywood tiene una película supertaquillera como el Rey León o Titanic. En ese momento, todos los teatros quieren tener la cinta para proyectarla y obtener las mayores ganancias. Tanto para agentes como para distribuidores, lo mejor es vender varias copias de estas películas de estreno. Ellos cobran en promedio un 40% de las entradas, aunque el porcentaje disminuye a medida que la película está más tiempo en cartelera.



Lo anterior lleva a que Cine Colombia sea el comprador preferido pues, con 88 salas en todo el país, que producen cada una cerca de tres millones de pesos diarios por taquilla, está en posición privilegiada para pedir exclusividad y poner condiciones a la hora de escoger las películas.



Sin embargo, Procinal, que maneja en Bogotá salas en Bulevar Niza, Salitre Plaza, Tunal, Unisur, CentroSuba e Iserra 100 se ha ganado un espacio en este mercado, gracias a que ha hecho una inversión grande para construir salas modernas y competitivas. Ha emprendido un proyecto de multiplex de ocho salas que estarán abiertas al público en noviembre, en el centro comercial Bima de Bogotá, en la autopista Norte con calle 200.



Pero los demás se están quedando fuera del negocio. Según García, sobreviven con una u otra película que Cine Colombia rechaza y que afortunadamente para ellos atrae buena cantidad de espectadores. Pero cada vez tienen menos opciones. Una vez más se cumple que, cuando cambia la estructura de un mercado, sólo los que tienen capacidad de invertir pueden salir adelante.
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