| 10/28/2015 7:00:00 PM

La industria musical se reinventa para sobrevivir

En un entorno de constante transformación, Sony Music avanza en su proceso de reinventarse para vender no solo música sino entretenimiento. Así está dando la pelea.

Los tiempos dorados en que las casas disqueras firmaban millonarios contratos con artistas de moda para la producción, distribución y publicidad de sus obras musicales y luego esperaban a que sonara la caja registradora con la venta de discos parecen lejanos. 

Hoy nada es igual por cuenta de los cambios tecnológicos y una generación que consume música de otra manera. Esto ha generado una transformación total de una industria que ha tenido que reinventarse para sobrevivir.

Sony Music es una de las compañías que cambió el “chip” para mantenerse en el mercado: dejó de ser una casa disquera para convertirse en una compañía de entretenimiento. Andrés López, presidente de la empresa para la Región Andina, explica que lo primero que hizo la firma fue convencerse de que no solo vende música, sino también entretenimiento; por eso migró a otros negocios que le permitieran tomar un nuevo aire para mantenerse en el mercado.

La compañía abrió una nueva línea de negocios que se encarga de la creación y realización de eventos propios o a través de alianzas. En la lista están las peleas de artes marciales mixtas y carreras, además de la representación de artistas, en cuya lista están Carlos Vives, Andrés Cepeda y Martín Elías, solo por mencionar tres. 

Esto significa que ahora no solo se dedica a promocionar la música de los artistas y venderla en diferentes formatos, sino que los representa mediante acuerdos de venta de su imagen a otras empresas o la realización de campañas de promoción y marketing para terceros interesados en ligar sus productos o marcas a la música. 

Esta línea representa para Sony Music 30% de los ingresos en el país, pero sus directivas esperan que esta cifra alcance la mitad de la facturación total en dos o máximo tres años.

Adicionalmente, Sony Music migró al mundo digital e ingresó en diferentes plataformas como iTunes y Spotify, línea de negocio que viene creciendo en promedio 120% al año y que hoy representa 48% de los ingresos.

Las ventas de discos –el negocio original– hoy aportan 21% de los ingresos en el mercado local, con una venta promedio mensual que oscila entre 30.000 y 40.000 unidades. Sin embargo, esta cifra puede variar dependiendo de si se realiza un lanzamiento específico.

López tiene la teoría de que el negocio del disco físico va a transformarse en un mercado de nicho, que puede resultar interesante para coleccionistas; pero para llegar a una mayor audiencia, la compañía busca migrar hacia diferentes formas de pago para que los consumidores puedan tener acceso a la música a través de diferentes formatos. Esta será, en adelante, la forma de trabajar.

La revolución digital ha dejado muy lastimada a una industria que estaba centrada en producir discos y promocionar artistas. Según datos de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (Ifip), de los US$14.970 millones devengados por la industria musical en 2014, 46% provinieron de los ingresos digitales; es decir, US$6.850 millones, mientras que las de formato físico sumaron US$6.820 millones.

De acuerdo con Ifip, que representa a 1.300 compañías en todo el mundo, es la primera vez que la modalidad de venta digital iguala los ingresos generados por la comercialización física, lo que pone en evidencia un mercado en transición.

Colombia es un mercado en el que 75% de la industria musical es digital y 25% físico, explica el directivo, mientras que Perú es el mercado más digital en la región, con 90%, según López.

Pero no ocurre lo mismo en Venezuela, donde el producto físico representa 99% de las ventas para Sony Music. En el vecino país no hay plataformas de streaming y el mercado de You Tube no se está monetizando, lo que les impide a los consumidores acceder a estas posibilidades. 

Sin embargo, parece inminente la migración hacia otras plataformas. La venta de CD viene en caída desde hace varios años. Para 2010 la industria musical en el mundo recibía US$11.100 millones por ventas físicas, en 2011 el dato fue de US$10.200 millones, en 2013 se redujo a US$7.420 millones y el año pasado llegó a US$6.820.

En Latinoamérica las cosas también están cambiando para las disqueras. En Bolivia, por ejemplo, no hay una empresa grande dedicada a este negocio, en Paraguay el mercado está paralizado, en Costa Rica y Panamá solo hay dos y en Colombia solo quedaron tres multinacionales luego de que hace una década eran cinco grandes disqueras, según López. Hoy hacen presencia Sony Music (que compró a BMG) y Warner (que adquirió Emi y Universal).

Dura coyuntura

Además de la transformación del consumo, temas como la devaluación y la desaceleración de la economía también han empezado a preocupar. En el caso de la tasa de cambio, afecta el negocio físico porque los insumos para la fabricación de los CD son importados y los productores de los mismos han comenzado a incrementar los precios. 

Sin embargo, para Sony la situación no es compleja dado que buena parte de esos discos se exportan a Ecuador, Perú y Venezuela. Adicionalmente, en el negocio digital la multinacional maneja unos servicios de streaming que, a pesar de ser pagados en pesos en Colombia, se cancelan al tipo de cambio del día y los contratos están en Estados Unidos, lo que hace que ingresen más dólares.

En este contexto, Sony Music se seguirá ajustando a una realidad mundial para garantizar resultados favorables y su permanencia en los primeros lugares de la industria musical.

Errores costosos

Andrés López, gerente de Sony Music Región Andina, reconoce que la industria de la música en el mercado local ha cometido muchos errores que le han costado caro y uno de ellos fue haber asumido de frente la lucha contra la piratería, una pelea que debió dar el Estado y no las empresas. “Este era un problema del Estado que asumió la industria y generó una pésima imagen ante el público con graves efectos. 

Afortunadamente, en el momento en que la industria entendió que no eran empresas de venta de discos y abrieron el espectro hacia otras posibilidades de negocio y se olvidaron de ese problema de la piratería, las cosas comenzaron a retomar el rumbo”, concluye.
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