| 7/23/2004 12:00:00 AM

Rentabilidad, pero con goles

Once Caldas y Deportivo Cali son los equipos de fútbol más respetados del país, por sus logros administrativos. Sin embargo, sus resultados deportivos hoy no coinciden.

La noche anterior a la final, Jairo Quintero mandó producir 40 camisetas del equipo con la frase 'Campeón Copa Libertadores 2004', y ordenó disponerlo todo en la fábrica para hacer más si el Once Caldas lograba la hazaña. Veinticuatro horas después sus jugadores pudieron lucirlas y, al día siguiente, todo Manizales corrió a comprarlas. Golazo.

Aquella inolvidable victoria frente al encopetado Boca Juniors de Argentina permitió no solo que el Caldas se convirtiera en el mejor club de Suramérica, sino que una vez más la visión de negocio de su presidente se viera respaldada con los triunfos deportivos del equipo. Pero mientras los blancos celebraban, otra hinchada, la del Cali, quedaba con la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, su triste constante de los últimos 5 años.

A pesar de tener el esquema de administración más elogiado del país y conformar nóminas de lujo cada año, los verdes no ganan el torneo colombiano desde 1998 cuando vencieron -precisamente- al Once Caldas; y en la Copa Libertadores, su última gran actuación fue el subtítulo de 1999. Desde entonces, sus equipos siempre han llegado como favoritos pero al final pierden. De hecho, este año, el Cali fue eliminado en los cuadrangulares finales por el Medellín y en la Copa, en cuartos de final, por el River Plate de Argentina. ¿Dónde está la falla?

Para muchos, en la actitud de los jugadores. Tanto el Once como el Cali son instituciones serias, rentables, que pagan bien y a tiempo y cuentan con sedes sociales y deportivas de lujo. Sin embargo, el primero es percibido como un equipo humilde y el segundo como rico. Y todo por el número de figuras en sus nóminas.

El Cali le apuesta a traer estrellas reconocidas como refuerzos, las cuales atraen público al estadio, y el Caldas a la homogeneidad del conjunto. La primera fórmula comienza a ser puesta en duda con experiencias como la del Real Madrid, que acaba de terminar una temporada muy exitosa en lo económico pero decepcionante en lo deportivo, a pesar de tener los mejores futbolistas del mundo.

En cambio, la segunda empieza a ganar adeptos, con los títulos recientes logrados por equipos de 'bajo perfil' como el Oporto de Portugal, que ganó la Liga Europea de Campeones, tras vencer a su similar francés Mónaco. Ni qué decir de la inédita final en la Eurocopa de Naciones, entre Grecia y Portugal, que ganaron sorprendentemente los griegos. Ahora, el Caldas se suma a la lista de los nuevos ganadores.



Ni se compra ni se vende

Sin duda, la pasión del hincha es el motor de la prosperidad económica en cualquier equipo de fútbol. Pero debe ser alimentada con triunfos deportivos, pues de otra manera el modelo de negocio utilizado no será viable en el largo plazo. Ese es el gran reto que afronta ahora el Deportivo Cali, equipo que no obstante sigue descrestando por sus logros administrativos.

Precisamente, el conjunto verdiblanco está a punto de convertirse en el primero del fútbol colombiano con estadio propio. La obra, que tendrá capacidad para 52.000 espectadores, costó más de $42.000 millones y será inaugurada en diciembre próximo y financiada totalmente con recursos propios. De las 817 suites que tendrán sus tribunas de apartamentos (de 22 m2 cada una), la firma comercializadora ya tiene vendidas 700, a precios que oscilan entre $32 millones y $110 millones según su ubicación.

El Deportivo Cali es un ejemplo de democratización del capital en el fútbol, el cual incluso la Superintendencia de Sociedades acaba de destacar en su informe sobre los equipos profesionales con la siguiente afirmación: "Este club registró un aumento de capital por $548 millones en 2003, lo cual generó un incremento proporcional en los aportes; en esta asociación deportiva cada socio es titular de un aporte, por ello no existe concentración. Es un ejemplo para el sector deportivo colombiano".

Cada uno de los 2.000 a 3.000 socios que tiene el equipo vallecaucano posee una -y solo una- acción, que en la actualidad vale $3 millones, y paga una cuota de sostenimiento de $120.000 mensuales. De esta manera, el club asegura el ingreso de recursos y los socios, dos boletas preferenciales por partido como local del Cali y el derecho a disfrutar de las sedes campestre y social del equipo.

Bajo la presidencia de Humberto Arias, el conjunto azucarero se consolidó como la mejor organización empresarial del balompié colombiano, con la tienda deportiva -Blanco y Verde- más vendedora del país; inversiones en divisiones menores por $1.500 millones al año; ventas millonarias de jugadores; patrocinadores fieles y los mejores salarios para sus jugadores.

A pesar de su rentabilidad y solidez actual, el Cali sigue sin lograr triunfos que justifiquen el gran esfuerzo gerencial. Varios hinchas dicen que el equipo se 'aburguesó' y que el conjunto de jugadores no se identifica plenamente con la causa verdiblanca. Las directivas arman nóminas competitivas que arrancan muy bien, pero al final bajan la guardia. Es momento para cambiar la historia.



Once para uno

Una actitud muy diferente de los jugadores es la que hoy disfrutan los hinchas de Manizales. El liderazgo de Jairo Quintero, quien lleva nueve años en la presidencia del equipo, convirtió a la institución caldense en un grupo que trabaja unido para conseguir objetivos mucho más ambiciosos de los que ninguno de sus integrantes habría imaginado. De ahí que la pasión por el Once haya seducido y unido muy pronto a jugadores, cuerpo técnico, periodistas e hinchas. "Aquí el dolor de uno es de todos, e igual la alegría", anota Quintero.

Paralelamente, el presidente del equipo tuvo el acierto de contratar al técnico antioqueño Luis Fernando Montoya (que en año y medio llevó al Caldas al título colombiano y al de la Copa Libertadores); mantener cuidadosos procesos de selección de jugadores (basados en su condición como personas); invertir anualmente $1.000 millones en los más de 6.000 niños de sus divisiones inferiores y $2.500 millones para adquirir su sede deportiva de Chinchiná (que alquila en tiempos muertos a $450.000 diarios); poner a producir ganado de ceba en sus terrenos ($4,5 millones mensuales); crear áreas internas especializadas en mercadeo y publicidad, y nuevos medios (página web, periódico y programa semanal de televisión); incentivar con premios justos y equitativos a sus jugadores, y realizar una administración transparente.

El resultado, ventas millonarias de jugadores y un poder de convocatoria que le permite sumar 53 empresas que pautan publicitariamente en los diferentes medios que comercializa el equipo (camiseta, vallas, etc.). Además, un boom de venta de camisetas que este año alcanza las 22.000 unidades (a $65.000 cada una) y los US$4 millones que le produjo su éxito en Copa Libertadores.

Por eso, el panorama para Jairo Quintero es muy distinto, pues el equipo hoy es un grande del continente, sus jugadores figuras internacionales y sus metas deportivas y económicas mucho mayores. Lo difícil será mantener el equilibrio y la humildad en la nómina, en medio de tanta riqueza y felicitación, porque solo con éxitos deportivos su visión de negocios podrá seguir dando utilidades.
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