| 3/26/1999 12:00:00 AM

Realidad gaseosa

La mitad de los 4 millones de cilindros de gas que hay en Colombia no tiene ningún control de seguridad.

Todos los días hay un accidente con los cilindros de gas. Lo raro es que no se haya producido una tragedia de grandes proporciones, si se tiene en cuenta que no sólo hay un alto porcentaje de cilindros en mal estado, sino que al consumidor le falta capacitación para manejar adecuadamente este producto.



De los 4 millones de cilindros que hay en el país, la mitad no tiene ningún control. Problemas de óxido, válvulas en mal estado y el hecho de que en Colombia cualquier persona con un soplete y un martillo fabrique un cilindro, son situaciones muy normales.



La principal causa de esta informalidad es que la manera en que opera el negocio no permite que las empresas se responsabilicen de los cilindros. Por un lado, no tienen respaldo de marca lo que hace que ni siquiera las compañías puedan reconocer cuáles son suyos. Y, por otro, la regla general es subcontratar el transporte de cilindros a domicilio y ahí es cuando aparecen transportadores piratas que ponen a circular cilindros en mal estado. ¿Recuerda los camiones con campanita?



"Hay que empezar a buscar una normatividad que obligue a las empresas a tener sus cilindros marcados y a que los empresarios del gas sólo puedan llenar cilindros de su marca", explica Enrique Ramírez, Superintendente de Servicios Públicos.



Por su parte, Manuel Lara, presidente de Confedegas, insiste en que hay que reorganizar las empresas y educar al cliente para que se vuelva exigente y ayude en el proceso.



El mejor ejemplo es Brasil, un país con la misma estructura del sector y los mismos problemas de Colombia, sólo que elevados a la enésima potencia.



Mientras Colombia tiene en circulación 4 millones de cilindros, Brasil tiene 81 millones, y mientras el problema local se traduce a 2 millones en mal estado, el de Brasil supera los 17 millones.



En agosto de 1996, las compañías brasileñas de gas lanzaron el programa de libertad con responsabilidad. Dos años después, el programa ya empezó a dar frutos, al punto que para este año habrá 7 millones de cilindros recualificados. La meta, en diez años, es recualificar los 81 millones.



Las empresas iniciaron el proceso como muestra de buena voluntad, pero al cabo de seis meses el Gobierno les permitió ampliar sus márgenes de operación, ya que el sector tenía control de precios. A medida que se fue avanzando en el cumplimiento de metas, se le dieron más libertades a las compañías. "El control de precios no incentivaba la competencia ni el compromiso con los costos del sistema", explica Lauro Cota, una de las personas que lideró el proceso de autorregulación.



En el caso colombiano, Confedegas ha sido el más interesado en adoptar el modelo de Brasil, ya que está convencido de que la única manera de desarrollar un mercado que todavía se encuentra en una fase primaria, es garantizar reglas claras.
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