| 9/16/2005 12:00:00 AM

¿Qué harán con los $451.000 millones?

Los recursos que obtuvieron los accionistas mayoritarios del Banco Superior por la venta a Davivienda, servirán para cancelar las deudas de la crisis financiera. El grupo Superior vuelve a su origen: el negocio avícola.

El pasado 6 de septiembre, Eduardo Robayo pudo volver a respirar tranquilo. Con el cierre de la Oferta Pública de Acciones (OPA), mediante la cual Davivienda adquirió el 97,88% del Banco Superior, se cerró también uno de los capítulos más difíciles que ha atravesado el Grupo que lidera: el coletazo de la crisis financiera de 1999.

El grupo, que tuvo su origen en el sector avícola con Kokoriko y Pimpollo, entró a la banca a finales de los 80 con la compra del Banco Superior. Ahora podrá cancelar con el producto de la venta de esta entidad sus deudas con Fogafin, con la banca local (los bancos del grupo Aval) y con otros proveedores, y que superan los $230.000 millones.

Aunque la OPA se cerró por $451.443 millones, la Promotora Superior solo recibió $400.000 millones, que corresponden a su participación accionaria. "Le debíamos a Fogafin unos $130.000 millones, tenemos deudas con bancos por más de $100.000 millones, y con los impuestos que debemos pagar por la operación, se va casi todo el saldo que recibimos de Davivienda", dice Hernando Álvarez, gerente de Promotora Superior y presidente del Banco.

El mero hecho de quedar a paz y salvo es un espaldarazo para el negocio avícola del grupo, ya que todas sus empresas del sector estaban pignoradas para respaldar las deudas, lo que comprometía su capacidad de endeudamiento. Aunque no va a haber un bolsillo profundo que les inyecte recursos, sí se les da un conveniente margen de maniobra para restablecer el crédito, de tal manera que si requieren endeudarse, puedan obtener los recursos. Antes, esto era impensable.

El grupo tiene una de las empresas más grandes del sector avícola -Pimpollo- y por medio de Avesco maneja la operación de Kokoriko.

Precisamente, el sector avícola es uno de los considerados sensibles en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, ya que este país insiste en que le permitan exportar a Colombia trozos de pollo. Pero si el gobierno colombiano se mantiene en su decisión de no ceder en este aspecto y de buscar un equilibrio en el acceso a ese mercado para los productos nacionales, tendría buenas posibilidades de crecimiento.



La salida

Para Juan Ricardo Ortega, presidente de Fogafin, el pago que le acaba de hacer la Promotora Superior demuestra la importancia de tener buenos mecanismos de salvamento para que las empresas que sufren por la crisis, pero tienen buena gerencia, salgan adelante. "La línea de Fogafin era para darles a las entidades que eran viables una oportunidad de sobrevivir a la crisis de 1999. Que una entidad que estuvo a punto de quebrarse como el Banco Superior haya sido vendida por $451.000 millones, es una prueba de la excelente labor que se hizo", afirma.

Hernando Álvarez está de acuerdo con las bondades del modelo: "La gran lección de esto es, sin duda, que en las crisis lo que necesitan las empresas para salir adelante es tiempo y que haya plata en el momento oportuno. Cuando los gobiernos y el sector financiero ayudan con la concesión oportuna de créditos y dando plazos razonables, se puede salir adelante", señala.

Los recursos que Fogafin les prestó a los accionistas de la banca para que pudieran capitalizar sus entidades fueron financiados por el seguro de depósito, que es una prima que pagan los bancos para proteger el ahorro público. "No hubo un peso público y además se les prestó caro", explica Ortega.

Además del Banco Superior, otras entidades como Conavi, el Banco de Crédito y Coltefinanciera ya cancelaron el saldo de su deuda con Fogafin. Otras -Colpatria, AVVillas, Banco Unión y Banco Caja Social Colmena- vienen cumpliendo juiciosamente sus obligaciones, pero todavía no han cancelado la deuda, explica Ortega.

Hubo fracasos en Cofinorte, del grupo Santo Domingo, Interbanco y Multifinanciera. "Esos fueron los tres descalabros: se les prestó y quebraron", señala Ortega.

A mediados de 2000, cuando la crisis amenazaba con ahogar al Banco Superior y había conceptos que aseguraban que era posible que dejara de pagar las obligaciones -porque esto no tenía repercusiones legales-, Eduardo Robayo dijo que haría todo para pagar completa la deuda, y que si tenía que quitarse las medias y los zapatos para ello, caminaría descalzo, pero iría con la mirada al frente por la calle. "No le quedaré debiendo un peso a nadie", decía. El pasado 6 de septiembre, cumplió lo que prometió cinco años atrás.
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