| 8/9/2016 12:00:00 AM

Las nuevas dificultades políticas y económicas de EPM

Tras superar el problema generado por los daños en la central de Guatapé, ahora EPM está enfrentando una turbulencia política: desde el Concejo de Medellín critican el alto endeudamiento y la relevancia de las inversiones en el exterior. La empresa se defiende.

Para Empresas Públicas de Medellín (EPM) el primer semestre de este año ha estado marcado por las dificultades. No solo han sido los problemas operativos tras el accidente en la central de Guatapé y los líos ambientales con las licencias para obras en la construcción de la central hidroeléctrica de Ituango y de la línea de transmisión Nueva Esperanza.

A ellos también se sumaron el Fenómeno del Niño más intenso de los últimos años y la devaluación del peso que golpeó sus finanzas. Pero tampoco se quedaron atrás las turbulencias políticas y los debates por el endeudamiento de la empresa y la relevancia de las inversiones en el exterior.

En los primeros días de julio, en el Concejo de Medellín se escucharon voces, como las de Luz María Múnera y María Paulina Aguinaga, que han advertido un aumento en el endeudamiento de la empresa y el incumplimiento en los compromisos de las condiciones de los contratos de crédito con sus acreedores, pues ha superado el indicador de 3,5 veces deuda sobre Ebitda. Para Aguinaga, esto es muy grave y circunstancias como el daño de Guatapé, la devaluación o el Fenómeno del Niño no son excusas.

De otro lado, según la concejal Aguinaga, 66% de las inversiones de EPM en el exterior han sido un desacierto por sobrecostos e incumplimiento de metas. Una de las inversiones más criticadas es la concesión de la chilena Aguas de Antofagasta por cerca de US$1.000 millones, ya que se ha mencionado en diferentes medios un posible sobrecosto por US$225 millones en la operación, ya que la segunda oferta fue de US$740 millones.

Además, la Contraloría de Medellín manifestó dudas sobre una futura pérdida patrimonial de EPM por sus inversiones en el extranjero y el aumento en los pasivos.

La ecuación

Para Jorge Londoño de la Cuesta, gerente de EPM, la explicación sobre el nivel del indicador de deuda sobre Ebitda es claro: “en los últimos dos años el dólar tuvo una devaluación muy fuerte y eso, aunque tenemos esquemas de cobertura, aumenta el numerador en esa ecuación. Y en el mismo sentido, en los últimos 12 meses –de julio de 2015 a julio de este año– tuvimos el evento del Niño que nos significa una disminución del denominador porque encarece la operación, ya que para cumplir compromisos de energía debimos generar con las térmicas y tuvimos que hacerlo con líquidos. Eso encareció la operación y disminuyó el Ebitda”, dice.

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Según él, en el Concejo esto se usa como batería y munición para los debates. “Pero puedo decir muy tranquilamente que el indicador haya subido de 3,5 a 3,76 para nada significa que la liquidez y solidez de la empresa estén afectadas”, advierte y agrega que tanto la banca como las calificadoras han entendido que es una situación coyuntural y no estructural.

Los cálculos de EPM establecen que el indicador de deuda sobre Ebitda va a estar por 3,8 y 3,9 en los próximos meses, pero según Londoño, en abril de 2017 se ubicará en 3,5.

“EPM es una empresa con patrimonios por más de $19 billones y eso es solidez. Y en liquidez tenemos cubiertas las necesidades de caja hasta mediados del año entrante. Con relación al crédito de US$1.000 millones que se pidió a finales del año pasado, estamos en un plan de inversiones en Colombia de $15 billones y toda la estructura es 60% crédito y 40% equity. Vamos a estar pidiendo créditos para desarrollar este plan de inversiones y eso no significa que estemos buscando plata porque estamos en una situación frágil sino porque tenemos un plan de inversiones agresivo”, dice el funcionario.

La visión exterior

El otro eje de críticas han sido las inversiones de EPM fuera del país, buscando no solo diversificación de mercados sino también de negocios. De acuerdo con sus cálculos, el Grupo EPM ha invertido en el exterior US$2.500 millones en toda su historia, pero solo en Antofagasta, Chile, en el negocio de agua, la inversión llegó a casi US$1.000 millones.

“Las operaciones internacionales muestran una tasa interna de retorno (TIR) de 10,7%, que son muy atractivas. La de Antofagasta tiene una TIR superior a 10%. Obviamente en este portafolio de inversiones hay unas muy buenas y otras que no lo han sido tanto”, dice Londoño.

Dentro de las que él califica como muy buenas están Guatemala, Salvador, Chile (Antofagasta –ADASA–); e incluye el negocio de distribución de energía en Panamá.

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Sin embargo, hay otras que no han funcionado como se esperaba. Dentro de las operaciones que él considera “regulares” está la hidroeléctrica en Panamá, porque al construirla hubo cambios en los diseños originales y la inversión fue muy superior a lo previsto. Además, los precios de la energía han disminuido y la rentabilidad del negocio se ha visto afectada: la TIR cayó a 4,4%. También la eólica en Chile que a diciembre de 2015 tuvo una TIR de 9%, pero que puede ubicarse en 5% o 6%.

A México, EPM llegó con el interés de buscar negocios en el segmento de tratamiento de aguas en dos frentes: construcción de plantas y operación. “Es un mercado con potencial, pero que tenemos que desarrollar. Los negocios que compramos tienen dos componentes: construir plantas de tratamiento de aguas residuales y la operación.

El de la operación viene marchando bien de acuerdo con nuestro plan de negocios; pero en el de la construcción contemplamos que iba a tener una mayor dinámica porque el gobierno anterior estaba invirtiendo fuertemente en las municipalidades al tratamiento de las aguas residuales. Pero el actual gobierno cambió de enfoque y no destinó los mismos recursos, lo que nos ha obligado a buscar nuevos mercados en América Latina. Mientras damos ese paso, el negocio tiene un presente afectado pero con potencial enorme en el futuro porque el tratamiento de aguas residuales es una necesidad muy sentida en la región”, advierte Londoño.

Explica que en Costa Rica operaba una oficina que estaba explorando negocios; al no encontrarlos en el corto plazo, EPM decidió cerrarla.

Según Londoño, no se ha pensado en desinvertir. “Del total del portafolio entre 20% a 25% de la inversión son estos proyectos que han estado afectados, pero en el restante 75% u 80% son inversiones con una TIR por encima de 10%, llegando incluso hasta 18%”, explicó.

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El agresivo plan de inversiones en Colombia le roba espacio a EPM para adquirir otras empresas en el país o en el exterior. “Si vamos a priorizar las posibilidades de crecimiento de este año hasta 2018, está más concentrado en desarrollo de proyectos en Colombia. En segundo lugar, se abriría un espacio para adquirir empresas en el país y, en tercer lugar, adquirir empresas en el extranjero. Pero quiero hacer énfasis en que EPM sigue y valida la estrategia de internacionalización como un mecanismo que le da solidez porque diversifica no solo su portafolio en lo geográfico sino también en productos o servicios”, puntualiza Londoño, para quien, a pesar de las circunstancias del primer semestre, estará cerca de cumplir el presupuesto de alcanzar utilidades $1,5 billones en 2016. El debate sigue abierto.

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