| 11/1/1995 12:00:00 AM

¡Qué buen administrador!

A su paso por el sector financiero, el actual secretario general y administrador de la Presidencia, Juan Manuel Turbay, no desfalcó a nadie, pero...

A continuación damos respuesta a la carta enviada por Juan Manuel Turbay a la revista DINERO.

'La Fiduciaria Bursátil no quebró. En dicha entidad tampoco existieron desfalcos. Ambas situaciones, que están calificadas jurídicamente, no hacen parte de su historia ". En el artículo de DINERO en ningún momento se mencionó que hubiera habido un desfalco en la

Fiduciaria Bursátil. Lo que hubo fue un pésimo manejo del portafolio de inversiones, que llevó, finalmente, a la quiebra técnica de la entidad, como se aprecia en el cuadro: en seis meses los activos cayeron en 43%, el patrimonio en 36% y las utilidades en 2.170%. Además, el Fondo Común Ordinario bajó de $22.657 millones en julio de 1992 a $2.970 millones durante el primer semestre de 1993. No es necesario que se declare una quiebra, para que se puedan definir como tal hechos como los aquí comentados. No hubo "quiebra" porque

los dueños de la fiduciaria le respondieron a los ahorradores.

"De acuerdo con lo anterior resulta insólita la afirmación que ustedes hacen en el sentido de que "se calcula que la quiebra fue de 7.000 millones", esta suma es fantasiosa como lo es el hecho de que la Bolsa de Bogotá tuvo que pagar a los ahorradores. Lo cierto es que la Fiduciaria Bursátil cumplió con todas sus obligaciones hasta el punto que ninguno de los ahorradores jamás perdió un solo centavo."

Obviamente no hubo quiebra en el sentido técnico, ni escándalo, ni pérdidas para los ahorradores, porque la fiduciaria, como lo dice el doctor Turbay, asumió todos los compromisos y respondió a los ahorradores. Pero resulta que los dueños de la fiduciaria eran los corredores y la Bolsa de Bogotá. Entonces, ¿quién fue finalmente el paganini? Si se suman cerca de $3.500 millones que hubo que pagar a los ahorradores, más los costos de oportunidad que implica haber tenido que pagar esa plata en un momento de altas tasas de interés, se llega a la conclusión de que las pérdidas conjuntas efectivamente llegaron a los $7.000 millones.

"Tan frágil es la afirmación sobre la supuesta quiebra que la Fiduciaria Bursátil fue finalmente vendida por una cifra muy cercana a su valor patrimonial en ese momento".

Obviamente. Si el patrimonio bajó en seis meses de $1.454 millones a $934 millones en junio de 1993, era muy fácil venderla por su valor patrimonial. Pero resalta que el valor no fue tan cercano. Los nuevos accionistas pagaron $380 millones, con el compromiso de responder por eventuales pasivos, cuando en ese momento fundar una fiduciaria requería un capital mínimo de $750 millones. Básicamente lo que compraron los nuevos accionistas fueron dos pisos y medio de un edificio en la calle 72 con carrera 13 de Bogota y una red de computadores con un software muy sofisticado. "Ignoraron en la publicación el hecho contundente de que el Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca decretó la nulidad de la resolución que me impuso en ,forma jurídica la multa a que buscan ustedes referencia. Para la lectura de la publicación dicha sentencia tenía ya varias semanas de existencia ".

Si. Pero el señor Turbay, que como abogado debe haber leído la sentencia, puede darse cuenta de yue la resolución de la Superbancaria se cayó principalmente por vicios cíe forma y no de fondo. El tribunal en la sentencia no analiza el argumento central de la Resolución 3029 de la Superbancaria, el cual consiste en haber realizado operaciones a futuros ele tal forma yue comprometían el patrimonio de la sociedad en mucho más de lo que se lo permitía su patrimonio. Por otra parte, ya la Superintendencia Bancaria apeló ante el Consejo de Estado la sentencia del tribunal, por lo que el proceso sigue vivo.

Manuel Turbay no puede tener tan flaca memoria corno para haber olvidado que afirmó que Pascual Martínez, "a sus espaldas" realizó todo tipo (le operaciones irresponsables con el fondo común de la Fiduciaria Bursátil. Como se anotó en el anterior artículo, por la composición del portafolio del FCO de la fiduciaria, al compararlo con la estructura promedio del sistema fiduciario, se puede comprobar que efectivamente la Bursátil se había concentrado en los papeles de más baja rentabilidad, más conocidos como "huesos". Es de destacar el rubro "otros" que en la Bursátil era del 37% del total, cuando en todo el sistema representaba menos del 5% (ver cuadro). Y el gerente es el responsable.

Se cometieron irresponsabilidades como montarse en carruseles por $150.000 millones con sólo $20.000 millones en el FCO. En un Consejo de la Bolsa, Juan Manuel Turbay reconoció que no tenía

con qué recomprar unos TER por $4.000 millones que rentaban el 18%, cuando la tasa de mercado en ese momento superaba el 30%. Otro hueso, con pacto de recompra, y sin plata para responder.

El último balance de la fiduciaria correspondiente al cierre de 1992 no lo fumó Turbay porque ya estaba en España con su jefe político y actual presidente de la República. Lo tuvo que firmar Liliana Ospina, primer suplente del gerente. Durante la Asamblea se cuestionó por qué el gerente no estaba firmando y Juan Gabriel Garcés extendió un cuestionario a Turbay que no pudo ser respondido a cabalidad. La fiduciaria estuvo a punto de ser intervenida por la Superbancaria si no cumplía sus compromisos. Ahí es cuando la Bolsa de Bogotá decidió echarse la mano al bolsillo. Al vencimiento de cada obligación se le pagaba al inversionista y se dividía el pago entre la bolsa y el corredor que había realizado la operación.

La Superbancaria demostró fehacientemente que las operaciones realizadas iban en beneficio de la fiduciaria y no del fondo común, razón fundamental para la sanción, además de las violaciones a los requisitos de liquidez, operaciones con repos y distribución del portafolio que deben cumplir las sociedades fiduciarias.

A juicio de un antiguo alto funcionario de la Superintendencia Bancaria, con la sanción impuesta a Juan Manuel Turbay, hoy en día no se le daría posesión en una junta de una entidad seria del sector financiero.

`1a otra entidad financiera que se `hundió' de acuerdo con su versión, fue la Corporación Financiera Internacional. Esa 'mancha', como ustedes la califican, tuvo un correcto y sano desempeño durante mi gestión de acuerdo con los informes financieros que reposan en la Superintendencia Bancaria a disposición del público incluyéndolos a ustedes. Seis años después de mi retiro, esta entidad fue adquirida por la Fundación FES y transformada en lo que hoy se conoce como CORFES".

Los estados financieros que mostramos aquí dan cuenta del manejo que le dio el doctor Turbay a la corporación durante su gestión como gerente. Su posesión fue el 16 de octubre de 1982, año en que la corporación dio utilidades por $8 millones. En 1983 los resultados se tomaron rojos con $14 millones en pérdidas, y en 1984 la pérdida ascendió a $112 millones. Turbay fue gerente hasta el 26 de diciembre de 1984, año

Distribución del portafolio de inversión a partir del cual los resultados adversos comenzaron a reversar.

La verdad es que Corfin pertenecía al desaparecido grupo Grafi, a Cadenalco (en ese entonces de la familia Mora de Medellín ) y a Skandia. Esta última era socia del grupo Grafi en entidades como Corfin, Finangrafi, Vehileasing y Vehicrédito. Cuando vino la quiebra del grupo Grafi, los socios suecos de Skandia lograron la autorización del gobierno parar traer $100 millones de inversión extranjera. Transaron su participación en las entidades del grupo Grafi por Corfin y un edificio en la calle 72 (otro). Skandia le inyectó en 1985 los $100 millones de capital a Corfin para responderle a los ahorradores y logró venderla en 1989 a la FES, después de sostenerla cuatro años. Mientras tanto, Skandia prescindió de los servicios de Juan Manuel Turbay, que contribuyó, con captaciones al 48%, a que la corporación diera pérdidas durante varios años seguidos y perdiera prácticamente su patrimonio que en 1984, año de la salida de Turbay, tocó el piso de $6 millones. Si eso es correcto y sano desempeño, ¿qué estará pasando en la Secretaría General de la Presidencia de la República?

`Flaco servicio le han prestado ustedes a la libertad de prensa y a la

credibilidad que tengan sus lectores sobre su revista, pero ante todo han atentado contra el derecho a mi buen nombre, ataque que no dudo un instante en calificarlo como cobarde".

Puede ser que la revista DINERO haya puesto en duda el buen nombre del doctor Turbay. Pero no por deshonesto. Desafortunadamente como revista de negocios que somos, no solamente debemos referimos a los éxitos en los negocios sino también a los fracasos.
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