| 6/1/1995 12:00:00 AM

¿Quantum te debo?

El caso de la firma comisionista de bolsa Quantum deja varias lecciones a los actores del mercado de capitales.

Es agosto de 1993 y las cosas no andan muy bien en el mercado de valores. Una empresa de los algodoneros del Cesar, la Federación de Textileros, Federaltex S.A., salió a la bolsa con una emisión de bonos ordinarios para financiarse pues estaban pasando las duras a raíz de los notorios percances del sector durante los últimos meses.

Muchas fueron las firmas comisionistas que ofrecieron quedarse con los bonos, entre ellas la corredora Quantum, una de las más agresivas del mercado en ese entonces. Quantum licitó $1.500 millones en bonos Federaltex (la mitad de la emisión), de los cuales vendió $450 millones a la Fiduciaria de La Previsora y los restantes $1.050 millones entre otros a Proquinal, Fiduciaria Bursátil, Cicolac y el Banco Anglo Colombiano.

Sin embargo no había pasado un mes de la emisión y los clientes comenzaron a desprenderse de los bonos porque no tenían aval. Quantum empezó entonces a buscar posibles compradores. Ancízar Castaño, entonces gerente comercial de Quantum, envió el prospecto de venta de los títulos a Cafam explicándole la bondad de los papeles y sus condiciones de rentabilidad. La caja de compensación maneja un portafolio de bolsa que vale unos $17.000 millones.

El tesorero de Cafam, Miguel Carrillo, se comprometió a comprarlos, pero le pidió a cambio a Quantum el compromiso de que cuando tuviese problemas de liquidez le "fondeara" los títulos por algunos períodos. Ese "fondeo" es algo usual y necesario en el mercado financiero en cualquier lugar del mundo, pero a veces se traduce en los famosos carruseles o tíovivos o en operaciones fuera de bolsa.

La empresa que se involucra en una inversión de largo plazo y tiene problemas temporales de liquidez busca que su asesor en bolsa o en el mercado financiero le ayude a superar esas pasajeras inquietudes. Se comprometen a comprar a 60 o 90 días y cuando necesitan dinero piden que su comisionista les busqué un comprador.

A partir de octubre de 1993 y hasta marzo de 1994, se dieron varias compra ventas de bonos Federaltex por parte de Cafam, lo que no era otra cosa que "fondeos" para conseguir liquidez. Así se llegó al 29 de marzo de 1994 cuando Cafam compró definitivamente $1.050 millones en bonos de Federaltex, con la intermediación de Quantum.

De allí en adelante se dio una relación comercial muy activa entre Quantum y Cafam no sólo ton papeles Federaltex, sino con títulos de entidades financieras de diversa índole. La caja se convirtió en uno de los mejores clientes de la comisionista de bolsa.



¿QUÉ SE UNTAN?



Hasta esa época Quantum había logrado convertirse en una de las empresas medianas del mercado bursátil bogotano, a pesar de su corta presencia allí. ¿Qué se untan?, se preguntaban algunos ante su notorio éxito, en medio del bajón de los demás comisionistas. En agosto 27 de 1989 la firma había afrontado serios problemas internos por un enfrentamiento entre primos: Roberto Wills Obregón, Alfredo Vásquez Cobo y Gregorio Obregón.

Mientras se resolvieron esas diferencias y algunas financieras con otros socios, que culminaron cuando Wills Obregón se quedó con la empresa, parte del puesto de bolsa fue vendido. Empero el Consejo Directivo de la Bolsa de Bogotá rechazó el ingreso de nuevos accionistas que no reunieron los requisitos del caso, entre ellos Luis Fernando Pereira.

La firma estuvo inactiva varios meses hasta que regresó al mercado el 20 de noviembre de 1992 con todo el ímpetu, tras la compra que hicieron nuevos dueños de la mitad del puesto de bolsa. Un grupo de amigos encabezado por Luis Ignacio Sotomayor Camacho y el constructor Mario Rodríguez se metió en la aventura.

Sotomayor, un administrador de empresas egresado del Centro de Estudios Superiores de Administración, Cesa, antes de ingresar al mundo bursátil fue gerente de la sucursal San Martín del Banco de Bogotá, de una sucursal del Banco Colpatria y luego del Banco Caldas. Había estado también al frente de la empresa familiar Credigilmar, compañía financiera de automóviles.

Un año después Roberto Wills Obregón se desprendió de la otra mitad de la propiedad (la que mantuvo con su primo Andrés Obregón Santo Domingo). Algunas de las acciones pasaron a antiguos socios, a la vez que se integró un nutrido número de propietarios, unos 20, cada uno con el dos o el tres por ciento del capital. La sociedad quedó como una de las más democratizadas de un mercado en donde las corredoras cuentan apenas con cinco socios en promedio.

Sin embargo, desde agosto de 1993 las cosas habían empezado a tambalear. Algunos corredores de Quantum, consultando en ocasiones y en otras no, a Ancízar Castaño, Carlos Fernando Aguilar Avila, Jaime Alberto Uribe Galindo o el mismo Sotomayor, empezaron a realizar operaciones descubiertas sin comprador final, jugando a que en breve se daría una reducción de las tasas de interés en el mercado.

Se "fondearon" títulos a unos seis meses, pero empezó a pasar el tiempo y las tasas nunca bajaron. Cuando se vencieron los papeles, en lugar de caer, las tasas habían subido, con las consiguientes pérdidas para Quantum. Algunas de las operaciones que involucraron TES y CDTs de Delta Bolívar fueron adelantadas por Ancízar Castaño y Carlos Fernando Aguilar, quienes ya se retiraron de Quantum y manejan hoy con Uribe una mesa de dinero registrada ante la Superintendencia de Valores.

Para esa época, en el caso de los papeles de Delta Bolívar, las pérdidas acumuladas ya eran de $180 millones. Y para completar, Quantum licitó $4.000 millones en bonos Uconal, emitidos para financiar la compra del Banco Popular. Al fracasar la operación de privatización, el cliente conseguido por Quantum se "chupó" del negocio y dejó un hueco de $700 millones.



EL GOLPE DE GRACIA



Sin embargo, a los "trancazos" se logró sobreaguar de muchos de estos problemas hasta que llegó octubre. El 14 de ese mes entró en concordato Federaltex al no poder pagar deudas por $7.600 millones a sus acreedores, entre ellos los poseedores de sus bonos ordinarios. En ese momento Cafam puso el grito en el cielo.

El 4 de noviembre envió una carta a Quantum exigiéndole explicaciones sobre lo sucedido y especialmente con algo que habían descubierto: que las operaciones entre Cafam y Quantum no tenían los debidos soportes de que habían sido hechas a través de la Bolsa de Bogotá (es decir, las boletas de liquidación de cada operación).

La cosa se complicó más cuando Quantum les contestó que lo raro era que Cafam no supiera que se trataba de operaciones por fuera de bolsa pues desde un año antes así constaba en cartas cruzadas durante la relación comercial. En febrero pasado Cafam decidió acudir entonces a la Bolsa de Bogotá, exigiendo incluso, en principio, que la entidad pagara los "platos rotos".

La cuenta de cobro a la bolsa surge entre muchos inversionistas que creen que cuando el negocio no da buenos resultados, alguien tiene que responder. La queja de Cafam era que la habían metido en un "hueso" de inversión. La Bolsa de Bogotá le contestó, palabras más, palabras menos, que en Cafam ya estaban grandecitos como para saber que una situación como la de Federaltex se salía de las manos de cualquiera.

El caso pasó a la Cámara de la Bolsa, organismo disciplinario de autocontrol, que es la instancia para resolver los litigios del mercado. Visitadores de la bolsa fueron a la firma comisionista y no encontraron indicio alguno de operaciones entre Quantum y Cafam. En principio se creyó que había un error en cuanto al nombre del corredor de bolsa y entonces se decidió visitar a Cafam que por esos días había prescindido de los servicios de Miguel Carrillo, al descubrir otras operaciones no ortodoxas en su manejo de tesorería.

En Cafam fueron descubiertas 174 cartas que respaldaban las órdenes de compra venta de títulos a Quantum en bonos Federaltex y otros papeles. Pero el problema no era sólo si habían sido hechas por fuera o no de la bolsa, sino que era importante precisar sus alcances en dinero y además, si eran operaciones al descubierto, es decir, transacciones con papeles que no tenían comprador.

Pasaban los días y mientras tanto en el corro de la bolsa se hizo muy fuerte el "run...run" de que se estaban "fondeando" algunos papeles a tasas muy bajitas. Todos los hechos descubiertos fueron puestos en conocimiento de la Cámara Disciplinaria de la Bolsa en su sesión del cuatro de mayo pasado. Este órgano de autocontrol ordenó profundizar la investigación, pues en el informe de visita surgieron indicios sobre la existencia de muchas otras operaciones por fuera de bolsa.



AL CAÍDO...



Pero otra pata le nació al cojo. La Superintendencia Bancaria había expedido la famosa Resolución 200 de 1995 que exigía que a partir de abril las entidades financieras debían incluir en sus balances, a precios del mercado, sus inversiones. La Superintendencia de Valores exigió otro tanto a sus vigiladas por Resolución 096 de 1995.

Sucedió que en ese momento, tal vez por primera vez en muchas entidades financieras, los administradores, los manejadores de portafolio y los tesoreros se sentaron a hacer la tarea de tener las cuentas precisas sobre cuánto valían sus inversiones. Muchos fueron los hallazgos y muchas las explicaciones que tuvieron que dar. Uno de ellos fue el de Crecer.

Se descubrió entonces que operaciones similares a las de Cafam, por fuera de bolsa, tenían lugar entre Crecer y Quantum. Por ejemplo existía un "fondeo" al descubierto con vencimiento del 28 de junio siguiente. La queja llegó a la Bolsa y a la Superintendencia de Valores. Las dos entidades entraron a trabajar en equipo y las investigaciones de la bolsa arrojaron grandes luces sobre lo sucedido.

El jueves 11 de mayo la Superintendencia de Valores realizó una visita relámpago a Quantum y el viernes por la tarde el representante legal de la firma, Luis Ignacio Sotomayor, fue citado a la Superintendencia de Valores para explicar el fondo del asunto. Allí estuvo hasta bien avanzada la noche y empezó a desvelarse lo que venía ocurriendo.

El lunes 15 de mayo fue citado a la presidencia de la Bolsa de Bogotá para que respondiera a un amplio interrogatorio. Al principio trató de mostrar que nada irregular existía, que Quantum era sólo un asesor de Cafam y que en las denominadas "operaciones por fuera de bolsa nunca medió una comisión para Quantum S.A., ni para un comisionista ni para nadie y nuestra única gestión era la de colaboración de liquidez para la mencionada Caja".

Sin embargo, cuando se le exhibieron las 174 que habían aparecido en Cafam y tras cuatro horas de declaración, por fin Sotomayor Camacho destrabó el hilo del asunto. Contó que las operaciones al descubierto habían tenido lugar desde 1993 y reconoció que el problema se les fue acrecentando y tuvieron que empezar a sustituir papeles.

Aunque muchas operaciones todavía no están totalmente aclaradas, se conoció el caso de un título con vencimiento en el año 2004 que apenas tiene una tasa del 6% después de haber sido sometido a fuertes "fondeos" durante las últimas semanas. Eso desnuda la verdadera gravedad de lo que ocurría.

Por todo eso, en enero pasado el puesto de bolsa había salido a venta y hubo hasta 10 ofrecimientos de compra, los que no se concretaron por las peculiares

circunstancias económicas que vivía Quantum y que la habían llevado al puesto 25 entre 31 firmas comisionistas.

Los desesperados accionistas de Quantum buscaban con esos recursos o con la consecución de créditos, normalizar las operaciones por fuera de bolsa y "vender definitivamente los títulos que se encontraban deteriorados", aseguró Sotomayor. En esencia Quantum tenía una mesa de dinero paralela a la firma comisionista de bolsa. Sus operaciones descansaban en un computador que operaba por fuera de las reglas de la bolsa.

Con semejantes elementos en la mano, la Bolsa de Bogotá suspendió las actividades de la corredora, mientras la Superintendencia decidió su intervención y la posterior liquidación de sus negocios. Al final de cuentas, las pérdidas de este "tíovivo" fluctúan en tre los $900 y los $1.500 millones en papeles con valores nominales por unos $2.000 millones.

Hay cerca de $550 millones perdidos en títulos de Tesorería TES y Teres. Hay bonos Uconal, una cédula del BCH y otros documentos. "El caso que originó el problema para Quantum consistió en la adquisicón del mercado primario de unos TES que fueron fondeados por un plazo determinado a cuyo vencimiento se tenían expectativas de que las tasas hubiesen bajado y eso permitiría venderlos con una buena comisión para la empresa, pero sucedió lo contrario. Resumiendo, la firma se comprometió con el respectivo comitente de que al vencimiento del plazo respectivo conseguiría un comprador o ellos mismos podían quedarse con los títulos en el evento de que la tasa fuera favorable", señaló Soto

mayor. Lo cierto es que mientras por Bogotá no escampaba, en Cali también llovía. La Cámara Disciplinaria de la Bolsa de Occidente multó con $500 mil a la firma comisionista Sarmiento Lozano, con domicilio principal en Bogotá y sucursal en Cali, por realizar una operación de intermediación por fuera de bolsa.

El caso es muy distinto en proporciones al de Quantum y la sanción es una advertencia al mercado en uso de los mecanismos de autorregulación de la misma bolsa. Sarmiento sólo puso en contacto a dos inversionistas para una transacción extrabursátil.

Y como van las cosas, no son casos aislados, pero tampoco generalizados. Una gran investigación está en marcha por operaciones fuera de bolsa (aunque no descubiertas, decir con comprador) entre Eurovalores y Ahorramás (en don

de hay coincidencia de socios) y durante la primera semana de junio habrá resultados.



CINCO MORALEJAS



En síntesis, al menos cinco moralejas deja el caso Quantum al mercado bursátil colombiano.

Primero, que en épocas duras de tasas de interés, similares a las actuales, estallan problemas muy parecidos en las bolsas de valores del país. Así ocurrió en 1982 y en 1988, y seguirá ocurriendo mientras algunos aprenden la lección.

Segundo, "esta lección debe, a nuestro juicio, invitar a la reflexión a aquellos agentes que, aunque no están forzados por ley a valorar el mercado, poseen portafolios importantes. Valorar a mercado, así sea únicamente para efectos de evaluar su propia calidad de gestión, es un ejercicio provechoso", advirtió el presidente de la Bolsa de Bogotá, Carlos Caballero Argáez.

Tercero, que la avidez de ciertos personajes que entran al mercado creyendo que van a ser ricos en un año, siempre los lleva a cometer "estupideces" como las muchas veces comentadas: las operaciones con "hombres de paja", asumir posición propia arbitrariamente, etcétera.

Cuarto, la lección para los inversionistas, que ejerzan su derecho a reclamar por cada una de las operaciones que hagan en la bolsa, la papeleta de liquidación de su operación. Es la única prueba de que las cosas marchas bien, o al menos de que en últimas la bolsa deberán responder si el comisionista o un supuesto comprador o vendedor no lo hacen.

Quinto, la lección para las autoridades, que deben entrar a vigilar de una vez por todas las famosas mesas de dinero independientes, registradas o no, que se han convertido en ruedas sueltas del mercado monetario nacional.
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