| 2/15/2008 12:00:00 AM

¿Proyecto de quijotes?

En uno de los momentos más difíciles para los textileros y confeccionistas, una zona franca del sector se abre paso. ¿Cuáles son sus posibilidades?

Parece una quijotada. Jorge Cardona, gerente de Intexmoda, lleva varios meses promoviendo una zona franca al occidente de Bogotá, para uno de los sectores más amenazados y con mayores riesgos en la actualidad: el de textiles y confecciones.
Pero precisamente por este panorama, las empresas del sector ven en los beneficios tributarios de la zona franca una alternativa para mejorar la competitividad de su negocio. El problema es que, dada la coyuntura, no están en el mejor momento para invertir.

Con la nueva reglamentación, los beneficios tributarios de las zonas francas, en especial el 15% de impuesto sobre la renta, hacen atractivo el modelo, al igual que la posibilidad de integración, las sinergias y economías de escala que puedan alcanzar las empresas. Según Intexmoda, se pueden generar ahorros de hasta el 16% en el precio final del producto. Estas cifras son muy interesantes a la luz de un sector cuyo margen neto apenas superó el 2%, de acuerdo con cifras de las 5.000 Empresas de Dinero para 2006.

Y es que la coyuntura del sector no es la mejor. La revaluación del peso ha golpeado las exportaciones, mientras que Estados Unidos y Venezuela, los dos principales mercados de destino, tienen grandes riesgos para los productos colombianos. El primero, por la desaceleración de su economía, el crecimiento de las exportaciones asiáticas de prendas de vestir y la incertidumbre con el tratado de libre comercio; y el segundo por la difícil situación política y el riesgo de que esto pueda derivar en una restricción a las exportaciones colombianas.
Además, las importaciones de telas y confecciones vienen en aumento y la guerra de precios deteriora el mercado interno que, según un estudio de la consultora Raddar, representa el 2,17% de la economía en el país.

Los interesados
El proyecto, que tiene una extensión de más de 113 hectáreas y cuyo valor total puede ascender a $1 billón, ya tiene vendidos 38.000 m2. Empresas como Pat Primo, el Grupo Uribe, que fabrica marcas como Espirit o Chevignon,  Hilanderías Bogotá o Comertex, entre otras, han manifestado su interés.

Por ejemplo, Pat Primo, que está en un proceso de ampliación en cercanías a esa zona, analiza la posibilidad de que parte de su estructura ingrese al régimen franco a través de esta zona o, al menos, que lo haga una de sus unidades de negocio, como Primatela.
 “Es innegable lo que está pasando. A pesar de las dificultades y amenazas del sector no podemos dejar que se entierre. Es una época compleja pero vienen momentos interesantes dados por el interés del gobierno en abrir nuevos mercados con tratados de libre comercio adicionales”, explica Cardona, de Intexmoda.

Sin embargo, no a todos les interesa. CI Jeans, una de las empresas de confecciones más grande del país y proveedor para marcas como Levi’s y Gap, no consideró la posibilidad de trasladarse a la zona franca. “Para un negocio de nuestro tamaño, una zona franca en Bogotá no funciona. Puede ser útil para exportaciones de productos terminados hacia Venezuela o México, pero en menor cuantía. De hecho, estuvimos interesados en que nuestra planta en Medellín pudiera acogerse a la reglamentación de zonas francas, pero por la fechas no pudimos acceder”, dice Santiago Navarro, gerente de CI Jeans.

Para empresas que hace años operan en áreas distintas a la zona franca, este proyecto puede ser una posibilidad de negocio, pues las necesidades de terrenos para el sector de comercio, como las grandes superficies y los centros comerciales, han valorizado esos espacios y podría ser la oportunidad de vender a buenos precios y reubicarse para aprovechar los beneficios tributarios.

Otro factor a favor es la atracción de inversión extranjera en la zona. Hay interés de textileras brasileñas como Vicunha, que quieren operar cada vez más cerca del mercado colombiano (ver Dinero 294) y ven en las zonas francas un instrumento atractivo para su inversión. Y, por otro lado, hay un convenio de confidencialidad con una empresa canadiense de confecciones de alto valor agregado para ingresar a la zona franca.

Pero las dificultades del sector no son ajenas al proyecto y para cristalizarlo tiene varios retos. Uno, no será fácil agrupar empresas, especialmente pequeñas y medianas, que en medio de las dificultades del mercado tienen problemas de caja para nuevas inversiones y proyectos. Dos, la indefinición del TLC con Estados Unidos puede llevarse inversiones a otros países, como ha sucedido con el caso de Centroamérica o incluso Perú, que ya firmó su TLC con ese país. Y tres, hay falencias en mano de obra calificada y será necesario montar una estructura de capacitación y formación para fortalecer el modelo de integración.

Los empresarios buscan soluciones a sus problemas. La pregunta es si este proyecto será suficiente y logrará capitalizar la experiencia de los industriales o las amenazas sobre el sector dificultarán su desarrollo.
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