| 10/12/2007 12:00:00 AM

Proteccionismo velado

Mientras en los países del tercer mundo se entonan los cánticos de apertura y globalización, en Europa se multiplican los susurros regionalistas e incluso nacionalistas sobre sus empresas.

Hace un par de semanas, el sindicato De Unie en Holanda, , anunciaba que le había encargado a un conocido compositor de ese país una canción de protesta contra el interés que mantienen empresas españolas, estadounidenses y belgas por controlar la entidad bancaria ABN Amro.

Con el título de ‘No people, no profit’ (sin gente, no hay beneficio), inspirada en la pieza ‘No woman, no cry’, del cantante de reggae Bob Marley, el cantante holandés Hans Bouwens, aseguraba que ponía su granito de arena para “apoyar completamente la lucha del personal de ABN Amro”, que busca mantener la independencia de la entidad frente a los intentos de compra por parte de Barclays y del consorcio formado por Santander, Fortis y Royal Bank of Scotland.

Esta fue solo una de las manifestaciones que el pueblo holandés ha venido realizando desde hace tres semanas contra la venta de una de sus insignias financieras y culturales. En todo el país analistas y ciudadanos de a pie no han podido conciliar la idea de que en su campo ahora vengan los extranjeros a comprar activos emblemáticos.

“La desaparición de ABN Amro no era necesaria”, tituló el diario de izquierda De Volkskrant, y agregaba en su editorial de la última semana de septiembre que “según fuentes próximas a la negociación, se podría haber producido una intervención táctica” para evitar la venta. “La élite del país está conmocionada porque ABN Amro es un ícono”, concluía el periódico, aún antes de conocer que el consorcio se quedó con el 86% de las acciones del ABN  Amro.

Algunos expertos holandeses han querido explicar la reacción social y política frente a la puja, aduciendo que es histórica, no sólo por el gran monto de la transacción de 71.100 millones de euros (más de la mitad del PIB colombiano proyectado para este año), sino también por los anuncios del consorcio de los tres bancos compradores: desmembrar los activos en función de sus orientaciones estratégicas y geográficas.
El consorcio que tiene a los holandeses conmocionados, está formado por Santander, Fortis y Royal Bank of Scotland, y lanzó una OPA sobre ABN Amro. El oponente era el banco británico Barclays.

Sin importar los detalles de la transacción, lo que este caso corrobora es la sospecha de que el proteccionismo europeo avanza, y que más allá de los subsidios agrícolas que se presentan cada año en la Organización Mundial del Comercio (OMC) como un asunto de seguridad nacional, tal y como lo asume Estados Unidos, la idea de que los activos nacionales deben protegerse como una acción responsable, viene extendiéndose a todos los sectores económicos y que la advertencia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), no es paranoia.

Cosa nostra

La Unión Europea suspendió el examen de eficacia económica al que la había sometido la OCDE hace un mes. Arguyó que no era realista pues los Estados miembros continúan protegiendo las empresas nacionales y ofreciendo subvenciones, evitando así el buen funcionamiento del mercado, de la misma forma que el flujo de información sobre sus movimientos. De esta forma, la OCDE pudo solamente dar un informe parcial que subrayaba los puntos negros sobre el trabajo de la Unión en el sector de servicios y sus trabas, deficiencias en la política agraria y poca competencia en las redes de energía y transportes, los que considera resultados de un proteccionismo soterrado.

En servicios y telecomunicaciones tenemos el caso de Telecom Italia y el ajedrez europeo para que Carlos Slim no pudiera hacerse con el control de la empresa.
En primer lugar, fue el magnate Silvio Berlusconi, quien afirmó en abril que “estamos disponibles a entrar en Telecom para garantizar su italianidad, pero no queremos mandar”, lo que los analistas en su momento tomaron como una declaración política más que financiera, tanto por ser Berlusconi opositor del gobierno de Romano Prodi, como por su abierto desinterés en participar de la operación de la empresa de telecomunicaciones.

Por su parte, el primer ministro, Romano Prodi, rechazó que el gobierno haya intervenido en el caso Telecom Italia, como lo denunció la estadounidense AT&T, que junto a América Móvil de Slim, pujaba por la italiana. “El gobierno se ha limitado a observar que Telecom representa una empresa clave para el crecimiento económico y tecnológico del país, y como tal es considerada estratégica”, indicaba el comunicado en ese momento.

Finalmente, y ante la insistencia de los accionistas de Telecom de una urgente inyección de capital, Telefónica pagó menos pero consiguió quedarse con una ventaja sobre su competidor en Latinoamérica, y de paso apaciguar las aguas políticas en la bota itálica.

Aún más reciente es el caso de la venta de Cepsa en España. Petrolera ibérica es pretendida por la argelina Sonatrach, que ha ofrecido 5.500 millones de euros por el 30,7% de Cepsa. Sin embargo, pese a la suculenta oferta del monopolio energético argelino, la analista Inverseguros destaca que el gobierno español se opone a esta venta y ha sugerido al grupo Santander, el dueño de esa fracción, esperar otro comprador políticamente más favorable.

Esta posición refleja lo paradójico de la tendencia europea, no solo frente al tercer mundo, sino frente a la Unión misma, pues resulta que los analistas consideran que la venta de Cepsa supondría para Santander “un espaldarazo definitivo a la financiación para la operación de ABN [Amro]”.

Y para sellar el rollo, desde España, tanto como desde Holanda, se viene criticando la posición francesa de proteger activos estatales. En su más reciente columna, el analista ibérico, Carlos Rodríguez Braun, señala que “(...) No está claro que el proteccionismo proteja, y cabría argumentar que su influencia es, a la postre, nociva para quienes pretende amparar. (...) Por tanto, si Sarkozy, o “Europa” o cualquier figura individual o colectiva que encarne la coacción política y legislativa limita las libertades económicas, puede que proteja a alguien, pero nunca a los ciudadanos.”, en una alusión al discurso del mandatario francés sobre cómo se debe proteger la infraestructura francesa para bien del bolsillo de los ciudadanos.

Sobre el mismo tema, el ministro de Finanzas holandés, Wouter Bos, al defender la postura del gobierno sobre la venta de ABN Amro, dijo a los medios recientemente que “el patriotismo puede confundir”, añadiendo que “aún no se ha demostrado que el patriotismo francés haga avanzar la prosperidad del país”.

A paso lento, y cada vez más corto, se vienen mostrando los dientes los integrantes de la Unión Europea, que parecen buscar proteger su identidad, o por lo menos sus buenos tiempos.
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