| 6/22/2007 12:00:00 AM

Primero el caficultor

Fiel a su mandato de poner en el centro de su actividad al productor rural de café, la Federación Nacional de Cafeteros, que cumple 80 años de operación, planea su futuro para los próximos ochenta. ¿Cuáles son sus proyectos?

La Federación de Cafeteros, la que fuera la institución más poderosa del país en buena parte del siglo XX, cumple, en 2007, 80 años de funcionamiento. Muchos se preguntan si debe cambiar su orientación para ayudar a los productores nacionales a que mejoren su ingreso en una forma diferente a como se ha hecho en el pasado.

Para ser relevante en los próximos ochenta años, la Federación debe ajustarse a las nuevas condiciones de los mercados del grano. El director ejecutivo de la Organización Internacional del Café, el colombiano Néstor Osorio, destaca las características más importantes del mercado hacia el futuro.

De un lado, señala, hay un gran aumento en la demanda. Hoy se consumen 120 millones de sacos de 60 kilos, 50 millones más que en el año 90. El crecimiento se puede mantener porque hay nuevos consumidores en Europa central, Rusia y China, atraídos por los coffee shops y el café soluble, que son parte de las costumbres occidentales. Aunque todavía son cantidades pequeñas, el crecimiento de estos mercados es muy significativo.

De otra parte, existe la posibilidad de crecer en el consumo interno de los países productores. Brasil compra 16 millones de sacos, el doble de hace diez años. Colombia, México, India e Indonesia tienen ingresos superiores a los de hace una década y poblaciones urbanas grandes cuya balanza de pagos ya no depende del café. "Ellos están listos para demandar café de sus propios cultivadores", afirma. Los productores pueden aprovechar este mercado. "Muchas veces es mejor negocio abastecer los mercados internos, en vez de asumir carga cambiaria y los costos de los fletes de las exportaciones" añade.

La historia del consumo en Colombia es particularmente mala, lo que hace que la oportunidad de crecer parezca alentadora. "Hoy se consume lo mismo que hace 20 años, cuando tenía la mitad de la población", dice. Es claro que el consumo per capita disminuyó a la mitad. Por eso, a Osorio le parece que la aparición de las tiendas de café Juan Valdés y la promoción de consumo interno son una buena alternativa.

Otro rasgo que caracterizará el mercado en el futuro es la calidad. Con los cafés especiales, el consumidor aprendió a diferenciar orígenes y variedad de producto. Esto es particularmente cierto en el Japón que, por la enorme variedad de productos que ofrece, se convirtió en el tercer importador mundial del grano.

También aparecen con más fuerza las grandes superficies como Carrefour, que son importadores directos y a veces tostadores de café. De igual forma, crecen las cadenas de cafeterías como Starbucks, Coffee Republic o Juan Valdés, que cambian la naturaleza de la oferta. "Son un vehículo para vender un estilo de vida, uno de los elementos más atractivos en Asia", afirma.

Finalmente, destaca la sostenibilidad, que se caracteriza por la conservación del medio ambiente, la responsabilidad social y las buenas prácticas laborales. Si bien esto tiene de positivo que el mercado se está moviendo hacia denominaciones de origen específicos como en el caso del vino, la consecución de estándares de sostenibilidad y la trazabilidad de estos cafés tienen costos para los productores. En algunos casos estos exceden los beneficios.

Qué hará Fedecafé

"En los próximos 10 años, la caficultura va a desmentir a todos los que dicen que esta actividad era el pasado de Colombia. Va a demostrar que estamos entrando en una nueva edad de oro, si las cosas se hacen bien", dice el gerente de la Federación, Gabriel Silva.

La razón para que llegue esta nueva época, dice, consiste en que el mundo está girando hacia los elementos que constituyen las mayores ventajas competitivas de Colombia: alta calidad, diferenciación de productos y volúmenes altos de oferta de estos cafés.

El mayor incremento de la demanda está en los productos en los que es importante diferenciar su calidad y su origen. "Colombia tiene más de 100 perfiles de taza, definidos y trazables", añade. Esto, a su juicio, no tiene paralelo en el mundo. "En el país se produce desde la Guajira hasta Nariño, desde el Pacífico hasta el pie de monte llanero", señala. Por eso, parte del esfuerzo a futuro estará en diferenciar los productos y garantizar su volumen.

Esto lo puede hacer bien la agremiación. "Es la única que hace dos cosas bien: aglutina el esfuerzo de los caficultores y los convierte en ventajas competitivas. Los aglutina para crear hechos nacionales e internacionales", explica Silva. Por eso estima que el potencial de la caficultura solo se usará plenamente si está acompañado de las labores institucionales.

¿Cómo debería adecuarse la labor de la Federación para que siga siendo relevante en el futuro? Para el Gerente de la Federación, la comercialización es indispensable, pero ser el comprador único o hegemónico del grano es cosa del pasado. Considera que la participación en el mercado debería seguir en el 30% - 35% como máximo y el resto debería ser para los compradores particulares. Sin embargo, cree que se debería balancear un poco más la oferta de café de Colombia con las de cafés de origen regional.

De otra parte, considera que la investigación debería moverse de temas estrictamente agronómicos hacia la genética, para encontrar las bases de la diferenciación de la taza. Algo de esto ya se hizo en Nariño. De igual forma, debería incluir más temas de la agenda económica del café para encontrar nuevas fuentes de competitividad.

Por último, piensa que el café nacional se debería diferenciar y conseguir un efecto neutro o positivo en asuntos ambientales. Colombia será, dice, el primer país en mostrar un efecto neutro en emisiones de carbono.

Adicionalmente, le parece que se debe insistir en un programa que ya tiene varios años: la renovación de cafetales. "Colombia tiene 400.000 hectáreas de café envejecidos. Eso equivale a sembrar miseria". En cafetales viejos, un agricultor recibe $100.000 al mes, mientras que en un cafetal renovado, percibe $800.000. Si se renovaran 300.000 hectáreas se generaría un cambio profundo en los ingresos de las familias y se reduciría el éxodo campesino hacia las ciudades.

La última gran línea de acción que prevé Silva es la de la renovación generacional, que parte de mejorar la calidad de vida de los caficultores en el campo. Si se mejoraran los ingresos, se conseguirían primas por calidad, se facilitaría el acceso a internet y se reduciría la expulsión de caficultores jóvenes hacia los pueblos y las ciudades.



Más tareas

Para el presidente de la asociación de exportadores privados de café, Asoexport, Jorge Lozano, la Federación debería renovar algunos de los elementos del contrato con la Nación; en particular, uno que le permita verificar la calidad de todo el café que sale del país. Eso debería ser función de los exportadores y el juez final de la calidad sería el cliente internacional, señala.

El mercado cruza por un buen momento. Hay consumidores más jóvenes que discriminan más en cuanto a la calidad. Ahora el reto está en que estén dispuestos a pagar por todos los requisitos de cultivo y proceso que se exigen a los productores y a los industriales nacionales, dice. También hay que mantener los esfuerzos de mercadeo para diferenciar los productos colombianos y aprovechar fenómenos como la mayor producción de etanol en Brasil, que desplaza las siembras de café en ese país.

Otros piensan que se debe trabajar en familiarizar a los caficultores con las sofisticadas operaciones financieras de futuros y opciones en mercados internacionales. Sin embargo, por ahora, las prioridades de la Federación estarán en diversificar la oferta nacional, renovar los cafetales y propiciar el cambio generacional en la caficultura. La tarea es ambiciosa y a su éxito está ligado el de 400.000 familias que todavía viven del grano que construyó a Colombia hace 80 años.
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