| 7/24/2014 3:14:00 PM

El mecenas

Con un portafolio de US$1.500 millones, la Corporación Financiera Internacional (IFC) le apunta al desarrollo del país. ¿Cómo está invirtiendo esta partida?

El panorama luce devastador: 35 millones de personas sin acceso a energía eléctrica y 110 millones sin servicios públicos. Estas son tan solo dos de las mayores falencias que se ciernen sobre Latinoamérica en materia de infraestructura. Sobra decir que Colombia no es la excepción; de hecho, aporta un número significativo a este creciente fenómeno: cerca de 30%.

Conscientes de esa problemática, las directivas de la Corporación Financiera Internacional (IFC) –entidad vinculada al Banco Mundial y dedicada a financiar proyectos de desarrollo en todo el planeta– tienen por estos días sus ojos puestos sobre el país más que nunca. Precisamente para contribuir al progreso nacional y de paso ayudar a zanjar las visibles brechas socio-económicas.

Con el ánimo de entender exactamente cuáles son los planes en los que trabaja IFC en Colombia, Dinero habló con Irene Arias, su directora en América Latina y el Caribe. Advierte la ejecutiva –para comenzar– que se trata de una entidad cuyo portafolio de inversiones en el mundo consta de unos US$25.000 millones, de los cuales US$1.500 millones están destinados a nuestro país. Esto, en palabras simples, nos ubica en la casilla número 9 dentro de las 182 naciones afiliadas a IFC y que sistemáticamente se benefician de sus créditos.

Pero ahí no se detienen las cosas. A esos US$1.500 millones acumulados en el stock colombiano hay que sumar entre US$600 millones y US$800 millones que se adicionan al año para nuevas inversiones. Pero ¿cómo se está desembolsando esta multimillonaria partida en Colombia? La respuesta apunta en una sola dirección: en proyectos que la banca comercial no financia por sus altos riesgos, particularmente relacionados con infraestructura, acompañamiento a empresas, tanto públicas como privadas, y al desarrollo de ciudades sostenibles.

Así las cosas, vale la pena revisar punto por punto. En infraestructura las consecuciones y apuestas de IFC son de resaltar. Ha desembolsado, por ejemplo, US$150 millones de los US$530 millones que cuesta poner en pie Puerto Bahía, la terminal multipropósito que se construye en el Caribe colombiano y a donde llegarán diariamente 330.000 barriles de crudo en 2015.

Muy similar es lo que ocurre en el Puerto de Buenaventura, donde IFC viene dando un financiamiento de deuda con varias transacciones de más de US$50 millones. Habría que sumar a eso los US$176 millones que entregó la entidad multilateral a las empresas LG de Corea y Recaudo Bogotá para que echaran a andar el negocio del recaudo de los dineros que mueve el Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá (SITP) a diario.

El listado de ayudas de la IFC en asuntos de infraestructura en Colombia podría ser de nunca acabar. El Gobierno ha anunciado el interés de esta firma en apoyar la estructura accionaria de la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN) –entraría con 20% de participación– que es uno de los principales instrumentos para apalancar las obras viales, en especial las concesiones de cuarta generación. Además, la IFC tiene una amplia agenda de apoyo al sector empresarial y al desarrollo de ciudades sostenibles.

Más inversión

Tras mirar de forma transversal los espaldarazos de IFC en temas empresariales, es fácil concluir que de ellos se han beneficiado desde firmas del sector petrolero o lechero hasta grandes emporios financieros. Un botón de muestra es el préstamo –ad portas de quedar sellado al cierre de esta edición– que la entidad entregará a Pacific Infrastructure por US$75 millones para financiar un proyecto de exportación de gas natural licuado (GNL) en Colombia, valorado en US$300 millones.

En el sector financiero, Davivienda es uno de los grandes favorecidos por IFC. Tanto, que hoy por hoy le ayuda a amortizar una deuda senior por más de US$100 millones y a llevar a buen puerto su plan de expansión hacia Honduras y El Salvador. En el grupo Sura, por mencionar otro caso, IFC tiene una importante participación accionaria en Sura Asset Management que le ha permitido expandir su presencia regional en México, Chile, Uruguay y Perú.

Empresas Públicas de Medellín (EPM) también ha aprovechado los aportes de la IFC. Hace dos años, la entidad antioqueña recibió US$150 millones –provenientes de 10 bancos comerciales de todo el mundo, muchos de los cuales nunca habían puesto un peso en Colombia– encaminados a mejorar y acrecentar su portafolio de servicios públicos. Lo mismo ha pasado con la firma de lácteos Alquería y decenas de compañías familiares claramente más pequeñas que las mencionadas.

“Acá la idea es invertir capital en empresas privadas con las que compartimos una visión de crecimiento y que pueden tener un impacto en el desarrollo del país, independientemente de su accionariado. Y esto se da porque muchas de estas organizaciones familiares buscan un socio institucional que sea más paciente y menos controlante que un fondo de capital privado, y que les ayude a hacer una transición de empresa cerrada a ser una compañía más moderna que, incluso, mediante una oferta, pueda convertirse en pública”, apunta Irene Arias.

Por último, pero no menos relevante, aparece la apuesta de la IFC –con el acompañamiento ‘cómplice’ del Banco Mundial– por las ciudades sostenibles. En esta materia, el ente multilateral ya tiene a Cali dentro de su radar. “Empezamos con Cali por ser una ciudad en donde hoy en día existe un liderazgo que quiere cambiar su rumbo, acelerar su crecimiento, mejorar la provisión de servicios y la infraestructura. Este será el primer lugar donde tendremos una intervención integrada que va a ir desde el apoyo para mejorar las telecomunicaciones o los servicios públicos hasta los servicios financieros. Y, aunque la cifra que destinaremos allí no se ha definido, lo cierto es que serán muchos millones de dólares”, concluye Arias.

Medellín y Bogotá tampoco se ‘escapan’ de la IFC. En la primera ciudad, la entidad financiera pretende apoyar puntualmente los asuntos de innovación, en los cuales la capital antioqueña ya cuenta con innegable liderazgo. Y, por los lados de Bogotá, según Arias, la idea es dar soporte –en el mediano y largo plazo– a los sistemas de transporte eléctrico: buses alimentados por energía, metro, tranvía o tren de cercanías, por ejemplo.

En ese orden de ideas, queda claro que con su apoyo económico y con el acompañamiento que brinda a las entidades del sector industrial, financiero y territorial, IFC se ha convertido en uno de los principales bastiones de crecimiento, desarrollo y sostenibilidad en el país.
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