Por las tallas grandes

| 11/29/2002 12:00:00 AM

Por las tallas grandes

Con los beneficios del Atpa, Colombia puede convertirse en eje de la producción de confecciones. Pero la estrategia requiere un trabajo en equipo a largo plazo que vaya más allá de las preferencias.

El año pasado, las exportaciones de la cadena textil-confección fueron de US$840 millones. Ya superaron las de café, lideradas por las exportaciones de confecciones. Los niveles de productividad de este último eslabón de la cadena alcanzan estándares internacionales, con una excelente capacidad de respuesta a los pedidos y la posibilidad de reaccionar rápidamente a los cambios en las tendencias de la moda.



Los beneficios que otorgó Estados Unidos a Colombia, con la ampliación y renovación de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (Atpa), son una oportunidad histórica para esta cadena. Por ejemplo, se habla de que Colombia fabricaría el 15% de la producción de la marca de ropa interior Victoria's Secret, negocio que movería US$450 millones al año.



Antes del año 2005, podría vender a Estados Unidos más de US$1.000 millones en prendas de vestir. Es decir, en tres años las exportaciones se triplicarían.



El Atpa plantea extraordinarias exigencias en diferentes frentes a la cadena textil-confección. Ante todo, debemos aprovecharlo con visión de largo plazo y el objetivo de establecer un sólido posicionamiento en el mercado de Estados Unidos, para que cuando se haga realidad el Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), Colombia tenga un lugar consolidado. "Hay que concentrarse en el largo plazo, mejorar la productividad y no caer en la tentación de buscar las mayores ganancias en el plazo mediante aumentos en los márgenes. Esto último sería fatal. Si perdemos la oportunidad para consolidarnos como proveedores importantes en Estados Unidos mientras tenemos las preferencias, en el año 2006 no tendremos una ventaja especial. Cuando se terminen los beneficios arancelarios del Atpa, es muy poco probable que tengamos cero arancel, porque el proceso de desgravación del Alca será gradual. No podemos acostumbrarnos a vivir de la ventaja arancelaria, o cuando esta desaparezca nos golpearán muy duro", asegura Guillermo Valencia, presidente de Industrias El Cid.



Por otra parte, las preferencias del Alca definirán el futuro de la cadena en el país. Las preferencias abarcan confecciones fabricadas a partir de insumos de la región, como la tela. Esto significa que se benefician las prendas confeccionadas a partir de fibras producidas en Estados Unidos o en los países andinos. Pero los primeros eslabones de la cadena --fibras, hilos y textiles-- son débiles en el país. De hecho, registran las mayores importaciones de productos con destino a la confección, con el 89% del total. En las exportaciones, por su parte, las confecciones lideran con el 73%.



Puesto que el Atpa cubre también telas e hilos de origen o de Estados Unidos, estos eslabones pueden crecer de la mano con las confecciones. Pero tendrían que crecer al ritmo que necesita el eslabón de confección. Para lograrlo, deben acelerar el proceso de homologación de sus telas con compradores estadounidenses o con multinacionales que avalen sus procesos, como lo hace hoy Dupont.



Varios cuellos de botella dificultan la operación. El cultivo de algodón en el país ha caído en los últimos años en forma dramática, tanto que el 80% del algodón que Colombia consume se importa. Además, las grandes textileras en Colombia --Coltejer o Fabricato, entre otras-- están en Ley 550, lo cual les impide ser sujeto de nuevos créditos para ampliar sus plantas. Por último, se necesita capacitar rápidamente mano de obra --esto puede tardar 12 meses-- para aprovechar las preferencias y que no suceda que la demanda de trabajo en el sector sea muy superior a la oferta, pues los salarios aumentan y la ventaja arancelaria se reduce.



Las posibilidades que abre el Atpa son enormes, pero no sabemos si podremos aprovechar todo su potencial. Hace apenas dos meses, con la subida del dólar, las importaciones de textiles disminuyeron y se copó la producción de las textileras locales, y aún no habían llegado los beneficios del Atpa. Esta es una clara señal de que se necesitan recursos para ampliar las plantas y sus capacidades.



La relación de la cadena no ha sido la mejor en el pasado. Por años, cada eslabón ha trabajado como un mundo independiente y separado de la estrategia de cadena. Ahora, la necesidad de llegar con mayores posibilidades de crecimiento para aprovechar la ventaja arancelaria en Estados Unidos y en Europa --con el Sistema General de Preferencias, SGP--, los obliga a trabajar en equipo. De lo contrario, las confecciones, el eslabón más dinámico de la cadena, podrían trabajar con telas importadas, de la región o Estados Unidos, y dejar atrás al resto de la cadena. El reto está en el campo de las materias primas.







Oportunidades

Atpa. Las ventajas arancelarias que otorgó, por 4 años, el gobierno de Estados Unidos a las prendas de vestir colombianas pueden generar divisas por US$1.000 millones y pasar de 100.000 a 180.000 empleos directos.

Textileras. Podrían ser proveedores de materia prima para la región andina que goza de las preferencias.

Inversiones. Para atender la demanda que vendrá con el Atpa, la cadena necesitará recursos cercanos a US$400 millones. Para las empresas que están en Ley 550 se pueden diseñar modelos, como los patrimonios autónomos. Además, se abre la posibilidad de nuevas inversiones por parte de compradores extranjeros.

Europa. Desde hace 12 años, Colombia cuenta con preferencias hacia Europa. Y apenas ahora crecen las exportaciones de confecciones a esa región. El año pasado se exportaron cerca de US$18 millones, con jugadores como Vestimundo, Leonisa o Cannon.



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