| 7/10/2014 6:00:00 AM

El rey de las teleclases

Con ánimo de lucro, pero también con un negocio de impacto social, Edupol crece como plataforma educativa. De 2012 a 2013 sextuplicó sus ventas y va por más.

Nadie es profeta en su tierra, pero el barranquillero Carlos Franco Amastha está buscando contradecir el popular refrán. Luego de volverse millonario en Brasil, ideando un sistema educativo a distancia, regresó al país para replicar su negocio y hasta ahora lo está logrando.

Se trata de Edupol, un sistema que ofrece educación superior y que funciona a través de televisión satelital. La idea es que los alumnos en zonas apartadas asisten una vez por semana a una clase presencial, frente a una pantalla cuya señal se transmite desde la Sabana de Bogotá, de tal manera que pueden interactuar con los profesores. Es una videoconferencia en vivo. Esto permite la cercanía y las relaciones que se generan en las universidades presenciales, así como contar con profesores que de otra manera no se irían a dar clases al Amazonas o al Chocó. También incluye un componente de educación por internet. En otras palabras, es un sistema multimodal.

Franco, quien comenzó como vendedor de cursos de inglés en su tierra natal, fue comisionado para expandir dichas ventas en Perú y Brasil, país donde se estableció e independizó. Creó el grupo Skipton, un conjunto de empresas que factura más de US$100 millones al año, y que, además de la plataforma de Edupol, incluye varios centros comerciales, una firma de ropa femenina y una urbanizadora.

Edupol sirve como intermediaria entre las universidades y los estudiantes. En Brasil tiene 300.000 alumnos y está en 1.500 municipios, en Colombia ya va por los 30.000 estudiantes en 412 puntos. Ya ha graduado a 320 alumnos. Ofrece 13 programas académicos en asocio con cuatro universidades.

Mónica Leyva, presidente de Edupol, explica que, a diferencia de otras entidades de educación superior que tienen prohibido el ánimo de lucro, en el caso de ellos ese no es un impedimento, pues son una comercializadora de servicios de educación y no una universidad. “Además, creo que el ánimo de lucro vuelve el tema más transparente y es una garantía de calidad para estudiantes y accionistas”, aclara.

Para iniciar la operación colombiana, en la que han invertido US$5 millones en cinco años, Franco se asoció con Mario Galofre, exembajador de Colombia en Brasil, y otros tres inversionistas brasileños, al tiempo que nombró en el Consejo Superior de Edupol a las exministras Cecilia María Vélez y María Consuelo Araújo, al director de McKinsey, Andrés Cadena; al gerente de la Sociedad Fondo Inmobiliario, Jorge Cubides, y al presidente de Sociedades Bolívar, Miguel Cortés. Sus resultados van en ascenso: de vender $806 millones en 2011; alcanzaron $1.302 millones en 2012 y llegaron a $8.861 millones el año pasado, logrando punto de equilibrio.

El paso a seguir, según Leyva, consiste en convertirse en una zona franca educativa, que ya fue aprobada por el Gobierno y que tendrá capacidad para albergar 21 universidades de Colombia, Costa Rica, Chile y Perú. Este proyecto arranca en enero y, a través de esta figura, exportará servicios.

Con la consolidación de Edupol, muchas personas se van a convertir en profesionales, quedándose en su región y Franco Amastha también podrá triunfar en su tierra.
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