| 7/10/2014 6:30:00 AM

En plata blanca

¿Cómo ha ejecutado su ambicioso plan de inversiones la Empresa de Energía de Bogotá, que asciende a US$7.500 millones?

Con la misma habilidad con la que mueve sus fichas el más curtido y resuelto ajedrecista, parece estar moviéndose por estos días la presidente de la Empresa de Energía de Bogotá (EEB), Sandra Stella Fonseca, a la hora de hacer negocios.

No es fortuito el hecho de que en menos de dos meses hubiera logrado cristalizar un paquete de distintas apuestas. Entre ellas, por ejemplo, la creación de la Empresa de Movilidad de Bogotá S.A.S, encaminada a administrar –bajo la batuta de la EEB– sistemas de transporte eléctrico en la capital.

Dio vida, por otra parte, a una filial de la EEB en España con el único propósito de convertirla en vehículo de inversión a la hora de capitalizar la compra de 32% de TGI. Y, para finalizar, durante la primera semana de julio anunció la adquisición de 7,78% del Oleoducto del Pacífico. En fin, jugadas tan estratégicas como atractivas que, no obstante, dejan sembrado un interrogante de fondo: ¿se estarán ejecutando correctamente los US$7.500 millones que, como parte de un plan estratégico, pretende invertir la Empresa durante el cuatrienio venidero?

Para responder el interrogante no está de más dejar claro que –tal y como advierte Carlos Andrés Terrassa, socio de la banca de inversión Sumatoria– a pesar de que la Empresa no logró hacerse al 23,6% de la Transportadora de Gas del Perú – TGP (inversión por US$650 millones) y tampoco quedarse con la concesión del Gasoducto Sur Peruano y su participación en la venta de Isagen quedó en medio de restricciones por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio, el cumplimiento de su ambicioso plan de inversiones no está en vilo.

Sin duda, un parte de tranquilidad que se sustenta con una simple operación de aritmética. Si la meta de inversión de la empresa es de US$7.500 millones –entre 2013 y 2017– su ritmo de ejecución anual en promedio debería ser de US$1.875 millones. En ese orden de ideas, las cosas irían por buen camino si se tiene en cuenta que, al corte del primer semestre de este año, la EEB ha cerrado compromisos de inversión por más de US$1.000 millones.

¿En qué ha desembolsado esa jugosa partida? Fundamentalmente en la adjudicación reciente de dos proyectos de transmisión eléctrica por US$200 millones: las líneas Bolívar-Cartagena y Sogamoso-Nueva Esperanza y la adquisición de 31,92% de las acciones de la Transportadora de Gas Internacional (TGI) por US$880 millones.

A propósito de TGI, vale la pena recordar que dentro de sus planes de inversión aparece una llamativa agenda para los próximos cuatro años. Allí sobresale la ya mencionada adquisición de un porcentaje del Oleoducto del Pacífico, proyecto que marca la entrada de la empresa al transporte de petróleo y que podría demandar recursos del orden de los US$5.000 millones hasta su puesta en operación entre 2018 y 2020.

“Quiero dejar claro, sin embargo, que este oleoducto es un proyecto que está en etapa de prefactibilidad –le dijo Sandra Fonseca a Dinero–. Eso quiere decir que la inversión que completamos ahí por ahora solo nos da posibilidad de seguir participando en los posteriores estudios de factibilidad que deberán desarrollarse”.

Por lo pronto, mientras se define la suerte del Oleoducto del Pacífico, lo cierto es que los proyectos liderados por la compañía –mediante sus filiales internacionales– avanzan. Tresca en Guatemala, en primera instancia, logró a finales del año pasado el cierre financiero que le permitirá adelantar durante 2014 las inversiones correspondientes a la construcción de los 850 kilómetros de líneas de transmisión y la ampliación y construcción de 24 subestaciones que les fueron adjudicados en ese país centroamericano.

Muy similares son las consecuciones de Contugas en Perú. La firma avanza satisfactoriamente en la puesta en marcha de un gasoducto regional que, con una longitud de 200 kilómetros, busca encargarse del transporte y la distribución de gas natural en el departamento de Ica.

Por último, Cálidda –también asentada en el país Inca– muestra resultados halagüeños. “El año pasado cuando la recibimos la empresa tenía 100.000 usuarios. Hoy en día tiene 200.000 y en el último año hemos invertido cerca de US$100 millones allí. Esta es una empresa en expansión que queremos seguir creciendo”, remata Fonseca.

Al revisar todas estas operaciones, Terassa, de Sumatoria, señala que la compañía ha venido monitoreando la región en busca de nuevas oportunidades, participando como oferente en procesos licitatorios de concesiones y procesos competidos de venta de activos, principalmente en los sectores de gas y energía eléctrica.

“Valga la pena aclarar que no son oportunidades fáciles de materializar en la medida en que nos encontramos en una coyuntura de mercado enmarcada por un exceso de liquidez que se traduce en un gran apetito de los fondos de pensiones y los fondos de gobierno por adquirir activos regulados en mercados emergentes, que es precisamente el nicho de negocio donde opera la EEB”, apunta Terrassa.

Estas condiciones del mercado conllevan competencia con tasas de descuento muy agresivas; muestra de ello es el caso del 23,6% de las acciones de TGP, activo por el cual la EEB presentó una oferta interesante pero que finalmente quedó en manos de CPPIB (Canada Pension Plan Investment Board) y Graña y Montero, quienes ejercieron el derecho de preferencia en su condición de accionistas previos de TGP.

Así las cosas, lo que se desprende de todo esto es que la Empresa de Energía está haciendo los esfuerzos necesarios para garantizar inversiones apropiadas de sus recursos. Sin embargo, solo el tiempo dirá si las apuestas de negocios fueron las adecuadas, los riesgos medidos y la generación de valor la esperada para la EEB, que es la joya de la corona de Bogotá.
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