| 1/1/1993 12:00:00 AM

Pioneros deI SigIo "XX"

MARIO SANTO DOMINGO 1888-1973

Cuando la revista Forbes, para realizar su informe sobre los billonarios del

mundo, le preguntó a julio Mario Santo Domingo sobre el origen de su fortuna, éste contestó que era "el producto de una herencia ". En esto obviamente hay bastante modestia pues el industrial barranquillero ha sido, sin duda alguna, uno de los principales empresarios de su generación. Pero al mismo tiempo hay mucho de verdad, porque si bien el Grupo Santo Domingo ha sido objeto de una expansión fenomenal en los últimos 20 años, toda su estructura básica había sido montada por don Mario Santo Domingo, fundador del conglomerado y padre del actual presidente del mismo.

El viejo era considerado un genio de los negocios de la dimensión de don Pepe Sierra o de don Alejandro Ángel. Cuando murió a los 85 años de edad en 1973, ya era considerado uno o si no el hombre más rico de Colombia. La gran diferencia entre su fortuna y la de los demás de su época, es que, a través de su hijo, llegó a convertirse no sólo en una de las más grandes de Colombia sino del mundo.

Don Mario Santo Domingo nació el 26 de agosto de 1888 en Panamá. La familia es de origen momposino, pero nació en el istmo, porque en la época las señoras de sociedad iban allí a tener sus hijos ya que se conseguían las mejores clínicas y los mejores médicos. Desde pequeño llegó con sus padres a Barranquilla y no bien había salido de la adolescencia, y después de haber estudiado en Estados Unidos, era ya todo un comerciante.

Barranquilla era a principios de siglo la verdadera puerta de oro de Colombia. Toda la mercadería que iba hacia el interior del país tenía que pasar por allí. El Magdalena era la única vía de comunicación con el interior. Santo Domingo adquiría mercaderías de toda índole, desde textiles hasta galletas y las vendía por todos los pueblos de la costa, internándose por el Magdalena hasta Magangue, El Banco, Plato y Puerto Wilches. En la primera década de este siglo propició toda una revolución cuando fue designado representante en Colombia para la venta de chicles Wrigley, una de las compañías más grandes de Estados Unidos en ese campo. Siempre tuvo espíritu aventurero. El 18 de junio de 1919 se convirtió en uno de los primeros colombianos en viajar en avión, en un suceso que llevó a llamarlo, desde entonces, como el hombre que inventó el correo aéreo. Ese día, el piloto americano William Knox Martín realizaría el primer vuelo para llevar correo en el país en la ruta Barranquilla - Puerto Colombia. El viaje estaba programado para el mediodía y el acontecimiento fue celebrado con un almuerzo en la quinta de José Fuenmayor Reyes. Había sólo un inconveniente: Knox había buscado infructuosamente durante varios días un acompañante que entregara la bolsa de correo sin que el avión biplaza tuviera que aterrizar. Durante el almuerzo trató de convencer a cualquiera de los asistentes pero nadie quiso, pues al fin y al cabo sólo 16 años antes los hermanos Wright habían realizado el primer vuelo de la historia. Fue cuando apareció Mario Santo Domingo, quien se le midió a la aventura en medio de un gran susto. "Sólo sentía un vacío espantoso", recordaría después.

El viaje se demoró porque había sido caso imposible despejar de curiosos, de cocheros y de vacas la Plaza 11 de Noviembre, adaptada como aeródromo. Knox y Santo Domingo llegaron a la plaza central de Puerto Colombia y en medio del jolgorio del sobrevuelo Mario Santo Domingo soltó la primera bolsa de correo cuando el avión bajó a escasos tres metros de tierra. El vuelo de ida y vuelta duró apenas 20 minutos y fue registrado en toda la prensa nacional. Atraído desde ese momento por la aviación, estuvo presente en la creación de Scadta (hoy Avianca) el 5 de diciembre de 1919. Tres años después se casó con la dama barranquillera Beatriz Pumarejo.

Corría el año 1930 y en Colombia empezaban a notarse ya los efectos desastrosos de la gran depresión que un año antes se había iniciado con el colapso de Wall Street. Hasta al momento el país vivía de importaciones. Como todas las grandes industrias extranjeras estaban en crisis el desabastecimiento fue agudo y eso alentó, en medio de la depresión, al verdadero desarrollo industrial de Colombia.

Gran parte de la industria estaba en quiebra. Las autoridades económicas, además de la rebaja sustancial de gravámenes, alentaron la fusión de empresas para evitar su desaparición. Esto pasó en el sector de la cerveza también. En el centro del país, la fusión comenzó entre la Continental de Medellín con Bavaria, en lo que se denominó Consorcio de Cervecerías Bavaria, a la que se unió la

Handel, que era una firma holding de los fundadores originales de Bavaria: Leo

Kopp y Franz Koppel. Bavaria la más fuerte del país había sido fundada en 1889.

Al proceso de fusión se adhirieron luego las cervecerías de Manizales, Honda, Santa Marta, Cali, Cúcuta y Bucaramanga, por citar algunas.

Pero si en el interior se vivía esa situación, en la costa Atlántica la cosa era bien complicada. Las Cervecerías Bolívar (creada en 1921) y Barranquilla (creada en 1913) dominaban el mercado costeño hasta 1929. La última pertenecía a la familia Osorio. La crisis del 29 puso al borde del cierre la fábrica, pues préstamos que habían adquirido del Maduro Bank, de Curazao, fueron exigidos y no hubo nuevas líneas de crédito. Osorio no tuvo más alternativa que vender. Diofante de la Peña, lo puso en contacto con Mario y Luis Felipe Santo Domingo. El joven Mario, oliendo que algo se venía, había vendido gran parte de sus propiedades antes de la crisis y por tanto, tenía el dinero contante y sonante. Los Santo Domingo adquirieron el paquete mayoritario e ingresaron también como socios Arturo García, un terrateniente de Sincelejo, y el Maduro Bank, que capitalizó deudas. En este momento fue cuando Santo Domingo dio el paso de comerciante a industrial.

Casi simultáneamente los Santo Domingo adquirieron la Cervecería Bolívar que atravesaba similares circunstancias. El 22 de agosto de 1933 se fusionaron las dos empresas de los Santo Domingo en Cervecerías Barranquilla y Bolívar S.A.. Consolidaron la marca de cerveza "Aguila", que era la que más éxito tenía en el

mercado, y se dieron a la tarea de penetrar al interior del país.

Era sorprendente ver cómo este hombre con indumentaria y pinta de patriarca costeño, sin pretensiones ni sofisticación de ninguna clase, hacía negocios internacionales, cuando Colombia no existía en el mapa de negocios del mundo y obviamente mucho menos Barranquilla. En una ocasión fue designado por varias cervecerías de Panamá para dirimir un diferendo entre ellas. Su gestión solucionó el problema y como pago recibió un porcentaje de acciones del nuevo consorcio. En 1955, Mario Santo Domingo se asoció con los Reynolds, magnates del aluminio en Estados Unidos y propietarios de la empresa que producía los cigarrillos Camel. Reynolds y Santo Domingo adquirieron una sociedad argentino - francesa llamada Compañía Metálica Argentina y la transformaron en Aluminio de Colombia Reynolds Santo Domingo, Alumic, hoy Aluminio Reynolds Santo Domingo. Se asoció también con inversionistas franceses para constituir La Nacional de Seguros, en la que participó en forma minoritaria hasta los años 80, cuando el grupo la adquirió de los accionistas originales. Años después construyó, en asocio con su consuegro francés, varios conjuntos residenciales en París. Toda su contabilidad la manejaba un alemán llamado Gerhard Lehnert, que llegó a Colombia durante la Segunda Guerra Mundial, y quién habría de convertirse en uno de sus principales colaboradores, y tal vez, como todo contador, en el mayor conocedor de sus secretos.

Pero si los negocios internacionales prosperaban, también lo hacían los nacionales. Durante la Primera Guerra Mundial en Coveñas se había construido una packing house para exportar ganado. El negocio fracasó y años después don Mario lo compró, para venderle a la Colombian Petroleum da Texas) el muelle y las instalaciones donde hoy termina el oleoducto Caño Limón - Coveñas.

Posteriormente, en asocio con la familia González Porrati, participó en la creación de una fábrica de grasas vegetales en Barranquilla. Como sus compañías disponían de una flotilla fluvial para movilizarse por el Magdalena, Mario Santo Domingo visitó a los alemanes que habían fundado la Unión industrial y Astilleros de Barranquilla, que contaba con una gran planta metalmecánica para reparaciones navales. La adquirió y el paso siguiente, en asocio con los hermanos Montes, fue consolidar el funcionamiento de su flota de buques, remolcadores y planchones, al crear Transportes Industriales S.A.., Tisa. Fundó también, en asocio con inversionistas españoles, Tapas Modernas, una fábrica de tapas con corcho para la cerveza. A comienzos de la década de los 60 se presentó un fuerte racionamiento de energía en la costa y la única solución era importar barcazas generadoras. Algo similar a lo ocurrido con el actual racionamiento. El industrial financió al gobierno en la operación de transporte de las barcazas entre Estados Unidos y Barranquilla, pues no había presupuesto inicial para el asunto. También fundó la Petroquímica del Atlántico que comenzó con el procesamiento de gas natural y luego pasó a manejar el gasoducto El Difícil - Barranquilla.

Para esa época Mario Santo Domingo era ya una especie de potentado y también filántropo. Había sido uno de los fundadores de la Andi en Barranquilla y más adelante lo seria de Incolda y de la Universidad del Norte. La magnitud de su poder económico y de su influencia industrial contrastaban con una personalidad que rayaba en lo espartano.

Tenía una timidez proverbial, era sencillo y austero. No iba a cócteles ni le gustaba salir en las fotos de los periódicos. Vestía muy simple: un pantalón de lino blanco y una camisa blanca de algodón, eso sí, siempre sin corbata. Durante los últimos años de su vida uso un jeep Willys, que reemplazó a su auto preferido, un modesto Buick cupé, que casi no deja, porque lo consideraba de buena suerte. Mientras poco a poco fue alejándose del manejo directo de la cervecería, dejó a su cuñado Alberto Mario Pumarejo, a su sobrino Humberto Pacini Santo Domingo y a Diofante de la Peña, su viejo amigo, al frente del negocio. Hubo un solo negocio al que don Mario vio con malos ojos. En algún momento incursionó en la ganadería (Compañía Agropecuaria del Atlántico) debido a dos fincas que llegó a

poseer: una en San Joaquín y otra en las cercanías del río Magdalena. Sin embargo, siempre repetía a sus amigos que no le gustaba " un negocio que caminara solo das reses)".

Pero así como veía con recelo algunos negocios, el de la cerveza fue hasta sus últimos días la gallina de los huevos de oro. El 3 de marzo de 1967 las Cervecerías Barranquilla y Bolívar S.A.. vendieron sus activos a la nueva Cervecería Aguila. A finales de los años 60 don Mario, trabajando en llave con su hijo julio Mario, llevó a cabo una de las operaciones más atrevidas y a la vez de más éxito de su vida. La historia había comenzado en una especie de guerra que vivían las cervecerías de la costa con las del interior por el dominio del mercado. Cada cual quería penetrar el sitio ajeno y como en toda batalla los costos habían sido grandes para los contenedores. Santo Domingo patrocinó entonces una transacción que culminó el 10 de febrero de 1967 con la firma de un tratado de paz. Cervecería Aguila firmó un contrato con Bavaria por medio del cual las plantas de don Mario en la costa envasarían y producirían las marcas de Bavaria, y en cambio Bavaria y sus plantas de todo el país harían lo mismo con Aguila. Pero la cosa no terminó allí. Los Santo Domingo, padre e hijo, convencieron a Samper que por economías de escala, distribución y demás, las cervecerías de Barranquilla y Cartagena eran un excelente negocio para Bavaria y que estaban dispuestos a venderlas. Pero como Bavaria tenía grandes problemas económicos por un programa exagerado de diversificación, no tenía la liquidez suficiente. Los Santo Domingo le propusieron a Samper que les pagara con acciones de Bavaria.

De esa manera Santo Domingo se quedó con el 22 por ciento de Bavaria y con el control de la compañía. Bavaria tenía el capital muy democratizado y por tanto, nadie tenía individualmente más del 10 por ciento de las acciones. De esa

manera los Santo Domingo quedaron con dos puestos en la junta directiva, y de paso, con intereses en otras grandes cerveceras de entonces, como Cervunión y Andina, en las cuales Bavaria ya tenía intereses desde algunos meses antes. El

pez chico se había comido al grande. Mientras Aguila producía 632.880 hectolitros de cerveza, vendía 73 millones de pesos al año, contaba con activos por 157 millones de pesos y generaba utilidades por 3,7 millones de pesos, Bavaria era la empresa más grande del país con una producción que sobrepasaba el millón de hectolitros de cerveza, poseía activos por dos mil millones de pesos y generaba utilidades cercanas a los 200 millones de pesos.

Con este broche de oro, don Mario entró en retiro voluntario. Quien pasaba por su casa en el barrio El Prado le veía "cogiendo el fresco ", conversando con su antiguo chofer Alberto o viajando a su casa de descanso en Puerto Colombia, en donde se entregaba varias horas al juego de póquer. Tuvo cuatro hijos: dos hombres y dos mujeres. Tal vez el golpe más fuerte en su vida fue el fallecimiento de su hijo menor, Luis Felipe, en un accidente de tránsito en 1964. Pocos años después de su muerte falleció su hija Cecilia, en un absurdo accidente doméstico. Sus hijos sobrevivientes son julio Mario, hoy presidente del Grupo Santo Domingo, y Beatriz Alicia.

Esa especie de retiro fue rota en 1969. Para recordar el vuelo que había hecho 50 años antes, abordó una nave de Aerotaxi, acompañado por Knox Martín Jr., hijo del hombre que lo había convencido de convertirse en el primer correo aéreo de Colombia. Para entonces ya había recibido la medalla al Mérito Industrial y la Cruz de Boyacá. En 1971 vio, con orgullo, cómo su hijo julio Mario era designado presidente de la junta directiva de Bavaria. En la madrugada del 9 de abril de 1973 murió después de una penosa enfermedad de varios meses. Su entierro fue una ceremonia austera y discreta, como habían sido todos los actos de su vida.
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