| 3/4/2011 12:00:00 AM

Pelea amarga

Una inédita carta revela la batalla que libran los azucareros y las más poderosas compañías de alimentos y bebidas del país por el incremento en los precios del azúcar.

El 30 de julio de 2010, a las 3:32 p.m., quedó radicada ante la Superintendencia de Industria y Comercio una carta de cuatro páginas con la referencia "Mercado del azúcar" y clasificada bajo el formato de denuncia por prácticas restrictivas. La misiva inició su trámite ante el despacho del entonces superintendente Gustavo Valbuena, quien la trasladó a su delegado para la competencia.

La carta no pasaría de ser una queja más de las cientos que a diario se radican ante la entidad encargada de dirimir los conflictos de competencia, si no fuera porque estaba firmada por diez de las más poderosas compañías de alimentos y bebidas del país. Los presidentes de la Compañía Nacional de Chocolates, Bimbo, Meals de Colombia, Noel y Big Cola, y los vicepresidentes de Femsa, Coca Cola, Nestlé, Casa Lúker y Bavaria dejaron por escrito el malestar con los proveedores de azúcar del país por los incrementos en los precios del insumo, que califican de injustificados. En el primer punto de la carta, piden a la Superindustria "indagar y, si resulta procedente, investigar el comportamiento del mercado de venta de azúcar en Colombia, a fin de establecer si (…) se presentan prácticas restrictivas de la competencia".

La denuncia representa una verdadera 'bomba' en el sector empresarial, que hasta ahora había manejado los conflictos de precios de manera diplomática para evitar discordias que afectaran los negocios. De hecho, aunque los rumores sobre pugnas entre azucareros e industriales se conocen hace tiempo, pero la intervención gubernamental y gremial habían logrado frenar una 'guerra' por el insumo.

Sin embargo, la carta y el lenguaje de la misma muestran que, por primera vez, los industriales están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias porque creen que la situación de precios representa una restricción indebida de la competencia. ¿Cuáles son los motivos de esta amarga pelea?

Las quejas centrales de los industriales son tres: el precio al que venden los ingenios en el mercado colombiano rebasa los niveles de la inflación de manera exagerada; los empresarios están subsidiando las exportaciones de azúcar y las excesivas protecciones a los ingenios están distorsionando el mercado y generan pesadas cargas, tanto a los productores como al consumidor final.

Los azucareros, por su parte, se defienden y dicen que los precios internos se han reducido entre 2001 y 2008 de manera sostenida en términos reales y que, debido a la alta volatilidad de los precios internacionales del azúcar, el Gobierno ha visto la necesidad de mantener dos herramientas clave: las franjas de precios para regular y ajustar los aranceles frente a los cambios internacionales y el Fondo de Estabilización de Precios del Azúcar (Fepa) que se encarga de manejar los excedentes para evitar un deterioro del mercado.

Para Johann Martínez, director del área económica de Asocaña, el sistema de precios funciona bien y, además, los industriales tienen toda la libertad para importar azúcar de donde quieran. Por eso, si se presenta algún brote especulativo con los precios, no tiene nada que ver con los ingenios, asegura. "Cuando el precio del azúcar no subía nada, la industria de alimentos sí subió bastante sus precios y nosotros no nos quejamos de ellos. Ahora, cuando se estrecha la diferencia, ellos se escandalizan", aseguró.

Cifras de Asocaña indican que el año pasado fueron importadas 170.000 toneladas de azúcar.

Aunque hasta el momento la Superindustria no se ha pronunciado sobre el desarrollo que ha tenido internamente esta denuncia, se sabe que en octubre del año pasado algunos de los firmantes fueron notificados del trámite y que podría estar avanzando un proceso de indagación preliminar que, de encontrar mérito, incluso derivaría en una investigación formal a los ingenios.

No sería la primera que enfrentarían los productores azucareros. El año pasado, diez ingenios fueron multados por la Superindustria que, luego de una investigación formal abierta en 2004, encontró que se habían puesto de acuerdo para manejar el precio que pagaban a los proveedores de caña.

Empresarios, al rompe

Los excesivos aumentos en el precio interno del azúcar y la anacrónica protección al sector azucarero son las razones de fondo del malestar entre los empresarios de alimentos y bebidas. De estos precios se han beneficiado principalmente los ingenios de mayor tamaño, que pertenecen a grupos como la Organización Ardila Lülle -dueña de Incauca y Providencia- la familia Eder, propietaria de Manuelita, y los Correa Holguín, dueños de Mayagüez, así como los inversionistas de ingenios como Riopaila y Castilla.

De acuerdo con la queja, "no existe una razón de mercado que explique el constante incremento del precio interno del azúcar frente al comportamiento de las variables económicas colombianas, pues mientras la inflación en Colombia aumentó entre septiembre de 2008 y enero de 2010 3,7%, el precio del azúcar para el mismo periodo se incrementó en 51,5%".

Según los empresarios, estos aumentos se han dado en momentos en que el precio internacional tiene una tendencia a la baja, lo cual resulta paradójico. En la denuncia aseguran que existen "diferencias sustanciales y falta de correlación entre el comportamiento del precio internacional y el precio del azúcar en el mercado colombiano, pues mientras en lo corrido de 2010 el precio internacional ha bajado casi 50%, el precio interno ha aumentado 16%, llegando a ser 2,5 veces mayor que el precio de cotización del azúcar crudo de Nueva York y 1,8 veces que el precio de cotización del azúcar blanco en Londres".

Pero, quizá la queja central tiene que ver con la forma en que opera el Fepa, creado por el gobierno en 2000 para mejorar el desempeño de los azucareros. Para los industriales, el fondo estaría sirviendo como mecanismo para restringir indebidamente pues su operación se ha convertido en una verdadera "caja negra". El Fepa se encarga de regular el mercado y permitir que los excedentes de ingresos que se obtengan en la operación nacional ingresen allí para compensar las pérdidas que se puedan registrar por ventas al exterior. Bajo este modelo, los precios internos terminan subsidiando a los externos, un asunto que resulta ilógico, tanto desde el punto de vista del consumidor como de la competitividad de las empresas.

Todo bien, todo bien

Pero, mientras los industriales se quejan de aumentos 'abusivos' en los precios del azúcar, los ingenios se defienden y atacan. De acuerdo con Asocaña, el gremio que representa a los productores de azúcar, antes que afectar a la industria, la evolución del precio interno "ha beneficiado a los productores de derivados del azúcar, aumentando su competitividad frente a productores industriales extranjeros", pues entre 2001 y 2008 los precios internos "se redujeron sostenidamente en términos reales".

Para Asocaña, entre diciembre de 2008 y el mismo periodo de 2010 los precios internos "aumentaron tan solo una fracción de lo que se incrementaron los precios internacionales" pues el precio internacional del azúcar blanco creció 143% y el precio interno tuvo un incremento de 41%.

También rechazan que los ingenios le den prioridad a las exportaciones antes que al mercado interno y señalan que históricamente han estado comprometidos con el abastecimiento del consumo nacional.

Insisten que los industriales pueden importar azúcar y que el Sistema Andino de Franjas de Precios permite que desde septiembre de 2010 hasta la fecha los aranceles sean del 0% "lo cual ha expuesto totalmente al sector azucarero colombiano a la competencia internacional".

Al margen de los argumentos que esgrimen las partes, el peso político y económico de los empresarios que se enfrentan en esta controversia resulta no solo llamativo sino que le da al tema una alta sensibilidad. Para la Superindustria, entidad encargada de dirimir el conflicto, este no es un asunto muy dulce; por el contrario, una amarga pelea.

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