| 3/4/1998 12:00:00 AM

Paz del Río, agonía sin fin

El proceso de liquidación de la acería se politiza. Contrario a lo que se ha dicho, el fin no está cerca.

El ministro de Desarrollo, Carlos Julio Gaitán, anunció el pasado 13 de febrero la liquidación de Paz del Río.



Sin embargo, lo que está ocurriendo puede ser muy distinto de lo que la gente tiene en mente cuando piensa en una "liquidación".



Hasta el momento, la Superintendencia de Sociedades, entidad encargada de actuar como juez del concordato que afecta a esa compañía desde 1996, no ha recibido comunicación de las partes en torno al proceso. Legalmente no hay una ninguna liquidación en marcha.



Cualquiera que sea la solución, ésta va a tener un claro tinte político. Un comité integrado por sectores políticos de Boyacá lleva dos meses realizando reuniones con las partes interesadas. Hoy es claro que los acuerdos que se cocinan están sujetos a dos variables. Por un lado, habrá que esperar las elecciones de Congreso y las presidenciales. Por otro, la política impone que hay que buscar la cuadratura del círculo: una liquidación que no signifique el cierre de la empresa.



"Si es necesario, vamos a llevar a cabo un paro que puede afectar el desarrollo de las elecciones en Boyacá", dijo el presidente del sindicato de Acerías, Noé Vianchá, poniendo sobre el tapete las condiciones de los trabajadores en el juego.



Teniendo en cuenta que Boyacá tiene un potencial electoral de 670.035 votos, que un cierre afectaría a cerca de 32 municipios del departamento ­en especial a Sogamoso y Duitama, dos de los más importantes­ y que más de 50.000 personas dependen de Paz del Río, no es difícil ver el problema que enfrentan las fuerzas vivas del departamento.



¿Qué va a pasar?



Al hablar de una "liquidación ordenada", el ministro Gaitán también mencionó la posibilidad de cambiarle el ordenamiento jurídico. Una lectura atenta de las declaraciones del ministro muestra que, contrario a la percepción general, nunca se ha hablado de cerrar la empresa.



El punto sensible e inmediato es la crítica situación económica, con una carga pensional que llega a los $146.000 millones, con casi el doble de pensionados (5.022) frente al número de trabajadores activos (2.500) y con sueldos que llegan al 34% del costo de producción de la compañía.



Aparte del tema político, el punto neurálgico en el proceso de liquidación es lo que ocurrirá con las acciones que tiene Acerías en Cementos Paz del Río, empresa que sí es rentable. El resultado de la pelea por las acciones, llamadas 'las joyas de la corona', marcará el rumbo de las negociaciones y de la eventual liquidación, pues son el único capital relativamente líquido que le queda a la empresa.



¿De quién son las acciones? Los bancos confían en que están pignoradas para asegurar el pago de las deudas que la empresa tiene con ellos. Los trabajadores, por su parte, aseguran que con el dinero de las acciones se puede crear un fondo para los pensionados. Para la Supersociedades, según Oscar González, delegado para Procedimientos Mercantiles, en una liquidación de la empresa el dinero le correspondería a los trabajadores y los pensionados, pues son los acreedores que tienen prioridad según la ley.



En proceso de liquidación de Paz del Río, entonces duraría varios años. Es posible que en este período se cierre la producción de planos y barras y que la empresa se dedique sólo al alambrón, su línea más representativa.



Así mismo, y de esto dependería la supervivencia futura de la empresa aun después de un eventual cambio de razón social, la opción sería no apagar la batería coque, que es el alma de la empresa, y dejarla para hacer carbón coque para el mercado nacional o para exportar.



La posibilidad de que aparezca un comprador internacional está descartada por ahora. Siderperú decidió en contra de una compra, por considerar que lo primordial ahora es poner las cosas en orden dentro de su organización. Quedarían entonces los venezolanos, mexicanos o brasileños, que después de la privatización de Sidor, podrían estar interesados en tener una participación en Colombia. Es, sin embargo, un escenario lejano.



De acuerdo con las cifras del balance, Paz del Río es un muerto en vida. Y como ocurre en las peores historias de horror, es un muerto que se resiste a ser enterrado.
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