| 12/10/2004 12:00:00 AM

Paraíso perdido

Providencia es un destino sin igual. Sin embargo, la isla pasa por épocas difíciles que la han obligado a intentar definir qué quiere. La respuesta no es del todo clara.

Providencia es quizás uno de los más bellos destinos turísticos de Colombia. Ubicada en el mar Caribe, esta isla tiene uno de los tres mejores lugares del mundo para bucear. Como dice el lema con que la isla recibe a los visitantes en el aeropuerto: "Providencia es silencio, magia y paz". Se podría pensar que la industria turística de un sitio así no podría estar jamás en aprietos. Pero lo está.

La afluencia de viajeros se ha reducido, en parte por la disminución del turismo a San Andrés, desde donde parten todos los vuelos a Providencia. Y aunque los índices de ocupación hotelera del archipiélago se han recuperado en 2004, todavía son inferiores frente a los de los 90. A mediados de ese decenio, la pequeña isla recibía cerca de 30.000 turistas anuales, hoy sus autoridades estiman unos 13.000.

Esto ha dejado mal parados a muchos isleños. Las nóminas de los hoteles han desaparecido, dice Josefina Huffington, de Ecoastur, gremio turístico de la isla. Si antes tenían entre 8 y 12 personas empleadas permanentemente, "hoy solo contratamos gente durante las temporadas altas", dice Mario Rivera, dueño de South West Cabañas.

Con tan escasos viajeros, la competencia en la industria turística local se recrudeció. En la isla se quejan de la manera como ciertos hoteles compran sillas de vuelo que luego empaquetan con alojamiento. "Hay hoteles muy agresivos", dice el capitán Jorge Pérez, presidente de la aerolínea West Caribbean. Pero la aerolínea también juega duro. Para sacarle más provecho a la ruta a Providencia, West compró una participación en el hotel Deep Blue. Así ofrece el paquete integrado, desde la silla en el avión hasta la cama en el hotel, dice Pérez. Lo cual ha llevado a la desesperación a más de uno. "¿Qué hace uno cuando un hotel se echa al bolsillo la única compañía de transporte a la isla?", dice un hotelero local.

El hotel Sol Caribe forma parte de la cadena multinacional Meliá. Por ello, cuenta con una fuerza de promoción que no tiene igual en la isla, que también le ha servido para mantener su ocupación. Cotelco y Ecoastur, los gremios de los hoteleros, se preocupan por la concentración de la ocupación en unos pocos hoteles. "En esas condiciones, les queda muy difícil a los hoteleros de la isla competir", dice Ana María Fajardo, de Cotelco San Andrés.

¿Cuál Providencia?

Esta cruda realidad ha obligado a los habitantes de Providencia a preguntarse cómo quieren desarrollar la industria turística de la isla. La respuesta no está del todo clara.

"No queremos desarrollismo", dice Huffington, de Ecoastur. Asegura que los hoteles de cinco estrellas serían desastrosos para Providencia en términos ecológicos. Más aún, "la idea es vender a Providencia, no sus hoteles", dice Jennifer Archbold, de Ecoastur.

Providencia quiere especializar su turismo y evitar que se genere la percepción de que es un destino para planes masivos y baratos. Con eso, busca impedir los problemas que hoy tiene San Andrés con lo que llaman despectivamente su "turismo de olla y chancleta". Los providencianos saben que su isla tiene mucho qué ofrecer y qué mostrar, pero como señala Jennifer Archbold, no están dispuestos a perder su cultura nativa que consideran parte esencial de su desarrollo.

Así, la isla tiene planes valorados en cerca de $5.000 millones para desarrollar una oferta turística diversificada y que involucre su gente y su cultura. Quieren adecuar una red de senderos que atraviesen los terrenos de los nativos en los cuales ellos serían los guías. También contemplan la pesca artesanal, danzas y otras actividades autóctonas. Los isleños piensan que las cualidades naturales de este lugar caribe podrían posicionarlo como un destino ideal de descanso y placer.

Todo esto está bien, dice Juan Guillermo Ángel, consejero del presidente Uribe. "Queremos que el desarrollo de Providencia sea de la gente, pero sin irse a extremos". No todo lo que viene de fuera de la isla es malo, asegura. De hecho, muchos creen que una ayuda caería bastante bien porque aunque ven el potencial de la isla, creen que todavía no es un producto suficientemente pulido. "Un bellísimo mar y una playa no son suficientes", dice Fajardo, de Cotelco.

A la isla le hace falta más promoción y algunos creen que debería unir a más empresarios. Si bien todos los hoteles de la isla están agremiados a Ecoastur, solo algunos de ellos están afiliados a Cotelco, el gremio nacional de hoteles. Así, los esfuerzos de promoción van por rutas separadas. "Promocionarse es difícil y costoso y vemos con angustia que Ecoastur no se ha querido unir a los esfuerzos de Cotelco", sostiene Fajardo.

El gremio nacional cree que Providencia debe promocionarse junto con San Andrés, una visión que ha encontrado apoyo con el nuevo alcalde de Providencia, César Augusto James, pero Ecoastur insiste en que es mejor enfocarse en la isla, sin su vecino de archipiélago.

Pero si Providencia necesita más visibilidad, también necesita profesionalizar su industria turística. "Carecemos de un buen servicio", dice Martín Quintero, dueño de un restaurante en la isla. En la isla no hay una formación permanente. Y, hasta ahora, no ha sido fácil lograrla. Recientemente el Sena ofreció un curso de cinco días en la isla a precios especiales de $75.000 por persona; sin embargo, fue difícil llenar los 20 cupos, recuerda Fajardo.

Para Ecoastur, estas iniciativas tienen que manejarse cuidadosamente para que la isla no se vuelva "demasiado perfecta", dice Archbold. "Si un mesero quiere sonreír, lo debe hacer por voluntad propia, no porque así se le enseñó", insiste. Esto sería grave porque se perdería el encanto de la isla, agrega.

En todo caso, para algunos la isla sí necesita un poco más perfecta. Aunque tiene servicios aceptables de electricidad y telecomunicaciones, "tiene que ser más bonita y limpia", dice el alcalde James, que pretende renovar las fachadas de las edificaciones y reforzar las campañas de aseo. El peor problema es la falta de transporte interno. En la isla hay buenos bares y restaurantes, pero es notoriamente difícil llegar a ellos. También se está mejorando su hospital.

Providencia quiere recuperar los 30.000 visitantes anuales que tuvo y para ello intenta dibujar el norte estratégico de su industria turística, que debe balancear la modernización en promoción y servicio con la preservación de sus atractivos: el ecosistema y la cultura isleñas.

Para algunos, hay que aclarar que Providencia no tiene una gran tradición de turismo. "Apenas tenemos 20 años", dice Archbold. Para sus 6.000 habitantes se espera que los próximos 20 sean mejores.
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