| 4/29/2005 12:00:00 AM

Para cerrar la brecha tecnológica

En un incipiente proceso, las universidades colombianas comienzan a comercializar su conocimiento en beneficio propio y de la sociedad.

En marzo pasado, representantes del sector financiero, gobierno, sector privado y academia firmaron el Pacto por la Innovación en Colombia. La ambiciosa iniciativa busca aumentar el gasto en investigación y desarrollo hasta 1,5% del PIB en 2015, cuando hoy no llega a 0,4%. El pacto es la más reciente versión de continuas iniciativas del Estado colombiano para darle un urgente empujón a la innovación tecnológica en el país. De los cuatro actores, las universidades han comenzando a dar pasos firmes para cumplir la meta y no solo por medio de la investigación, sino "haciendo negocio", ya que están aprendiendo a comercializar su conocimiento.

En Colombia, las universidades acuden a la comercialización de su conocimiento por dos razones. Una es la presión externa. Los países tienen que innovar para generar crecimiento económico. Hoy, Europa está en una carrera por cerrar su brecha tecnológica con Estados Unidos y ha entendido que esta es una de las maneras de lograrlo. De hecho, muchos países están intentando emular el modelo de comercialización de Estados Unidos, desde reformas legislativas hasta la creación de oficinas de comercialización tecnológica regionales o universitarias. En Colombia, como lo demuestra el Pacto por la Innovación, algunos han entendido que el tema es vital para el desarrollo económico y que el grueso de la investigación que genera innovación se hace en universidades e institutos asociados.

La búsqueda de recursos para investigación tampoco es fácil, especialmente para las privadas, que no reciben recursos públicos. Universidades como la del Norte, en Barranquilla, decidieron acudir al sector privado para implementar proyectos que se apoyaran en sus investigaciones. Hasta la fecha, 37 proyectos con varias empresas -como Acesco, Cemento Argos y Procaps- le han generado $9.500 millones adicionales para investigación y desarrollo. Estos han provenido en parte de licenciamientos y de líneas de financiación de organismos estatales como Colciencias que exigen una alianza academia-empresa para la aprobación de recursos.

La comercialización del conocimiento se da de tres maneras. Primero, la universidad y la empresa privada se alían para solucionar algún problema técnico de esta última. En Colombia, esta modalidad es la más común. Segundo, la universidad y la empresa se unen para innovar de manera "radical", al crear un nuevo producto o mejorar un proceso. Tercero, los frutos de una investigación universitaria pueden ser utilizados para crear una nueva empresa o spin-off. En estos dos casos, la empresa se ocupa de la innovación, es decir, de asegurar el éxito comercial, la universidad de la investigación y desarrollo, mientras que la implementación es conjunta. Si hay éxito comercial, la universidad deriva unos ingresos o regalías. Los réditos pueden ser inmensos. Según la Association of University Technology Managers, entre 1993 y 2000, las universidades estadounidenses generaron 20.000 patentes y 3.000 nuevas empresas. Solo en 2003, aplicaron para casi 8.000 patentes, les fueron concedidas 3.000 y recibieron US$1.300 millones por licencias y US$1.125 millones en regalías.



Cambio de paradigma: La Universidad Emprendedora

El verdadero giro hacia una universidad emprendedora nace desde adentro. De nada sirve una estructura, si no hay cómo usufructuarla. En este sentido, la universidad debe dar varios pasos -no necesariamente en orden- para cumplir el ideal emprendedor: establecer vínculos con el sector privado, definir el proceso comercializador, crear un marco normativo y estimular la investigación.

Aunque en Colombia existe la preocupación por la escasa colaboración entre empresa y academia, un estudio de Clemente Forero, de la Universidad de los Andes, y el Observatorio de Ciencia y Tecnología muestra que más del 50% de los grupos de investigación estudiados tienen algún "vínculo fértil" con el sector privado. Sin embargo, están conscientes de que deben estrechar esos lazos, por más difícil que sea. Según Andrés Sicard, director del programa de extensión de la Universidad Nacional, a las universidades les está costando mucho trabajo entender que solas no lo pueden hacer todo y que necesitan la colaboración de los demás.

"Se trata de redes", dice Julio Mario Rodríguez, director del Área de Innovación, Desarrollo Tecnológico y Emprendimiento de la Nacional. Con estas redes, la Nacional quiere coordinar y agilizar la respuesta de los variados departamentos de la Universidad ante el sector privado. El AIDE, por su parte, se ha encargado, entre otras actividades, de buscar proyectos de investigación dentro de la universidad y está tratando de realizar su potencial comercial. "Pero no se trata de centralizar el proceso", agrega Rodríguez. La idea es invitar a todas las dependencias a buscar acercamientos con el sector privado, incluso como lo está haciendo la Facultad de Ciencias Básicas. Por su parte, el Programa de Gestión Tecnológica de la Universidad de Antioquia, creado en 2002 pero reformado a principios del año para atender mejor al sector privado, mediante "proyectos manejados con más criterio de negocio que académico".

Las instancias oficiales son necesarias, aunque el proceso de comercialización es esencialmente informal. "Este debe ser de abajo hacia arriba y no al revés", dice Carlo Tognato, profesor de la Universidad de los Andes. En los Andes se ha generado una red informal de profesores y estudiantes de maestría y pregrado interesados en el emprendimiento tecnológico que abarca 14 departamentos. La red busca proyectos con potencial comercial, elabora planes de negocio y hasta se ha creado un fondo de capital de riesgo cerrado de 100 alumnos y ex alumnos. El proyecto entre Procaps y la Universidad del Norte que resultó en un nuevo asperjante se originó debido a que un profesor de la Universidad conocía a uno de los científicos antes de su ingreso a la empresa barranquillera. Además, estas redes se pueden ver reforzadas pues muchos profesores colombianos se han formado en otros países donde la comercialización del conocimiento es más común y quieren replicar el modelo en Colombia, dice Gonzalo Torres, vicedecano de ingeniería de los Andes.

Por otra parte, las universidades también deberán contar con un marco normativo que ofrezca alicientes a la comercialización del conocimiento. Un marco de propiedad intelectual ofrece estímulos y crea conciencia sobre la necesidad de proteger el conocimiento. Por ejemplo, en el caso de la propiedad industrial, el marco de la Universidad Nacional define porcentajes de distribución de las utilidades netas generadas por la comercialización o licenciamiento de su investigación entre la facultad, autores y colaboradores y otras dependencias y programas. El de Uninorte ha ayudado a estandarizar los contratos que hacen con las universidades y a dar seguridad a los empresarios. En el desarrollo del asperjante con Procaps, Uninorte cedió la mitad de su conocimiento a cambio de regalías por entre el 3 y 7% de las ventas netas del producto. En todo caso, todavía hay mucho por aprender. A veces, las universidades no saben cómo manejar esto y no están encima del proceso, dice Fanny Almario, de Colciencias.

Además, las universidades entendieron que deben crear estímulos para sus investigadores y que publicar no es el único criterio para ascender en la escala profesoral. Los Andes tiene un programa para profesores asistentes que les da $20 millones por 4 años para hacer investigación. Uninorte ofrece una línea de ingresos extra que les asegura a sus profesores una compensación adicional a su sueldo, si consiguen proyectos de investigación financiados por terceros. Y la Nacional abrió la posibilidad de que sus profesores de tiempo completo emprendan siempre y cuando sea con docentes del Sena.



De la investigación a la acción

Si bien la mayor parte de la comercialización que se hace en Colombia es por medio de alianzas entre la universidad y empresas establecidas, se puede ir más lejos. Esto es, creando empresas o spin-offs con base en la investigación generada en la universidad. "Pero se requiere romper paradigmas en los grupos de investigación del país", dice Fernando Gómez, gerente de la empresa ProteusNT.

Un grupo sabe investigar pero hacer un plan de mercadeo le parece algo críptico. "Les da miedo revelar sus cosas, porque temen que se las roben o que sean ridiculizados", dice Jorge Reynolds, científico colombiano impulsor del primer marcapasos cardiaco en el mundo. Y "misteriosamente se abstienen de cerrar un negocio", agrega.

Gómez cree que esto puede cambiar. ProteusNT es una empresa colombiana corredora de proyectos de alta tecnología especializada en biotecnología y nanotecnología. Su objetivo es fomentar el potencial emprendedor de los grupos de investigación colombianos. Por ahora, su contacto con diez grupos se ha limitado a hacer consultoría tecnológica orientándolos hacia aquellas con mayor potencial comercial. En las etapas subsecuentes, harán planes de negocios y luego buscarán inversionistas. Gómez confiesa que no esperaba ver grupos tan adelantados en Colombia. Hoy, dos están a unos dos años de ser comercializables. La recepción de los grupos ha sido inesperada. "Se les ven las ganas y quieren conversar acerca de las posibilidades". Por primera vez, sienten que alguien los está ayudando a hacer lo que ellos nunca podrían.

Para las universidades, las spin-offs están en un terreno más difícil de navegar. Por un lado, el potencial de una nueva tecnología puede ser más claro en manos de una empresa establecida que en una de papel. Por otro, el manejo de la propiedad intelectual es más espinoso y no hay recursos para su preincubación. Pero sí se considera. El programa de gestión tecnológica de la Universidad de Antioquia tiene 26 empresas en preincubación; Colciencias tiene la meta de crear 10 spin-offs, y en Uninorte, las nuevas iniciativas se dirigen a la incubadora Incubar Caribe, donde una mayoría de las empresas tienen relación con la Universidad.

La comercialización del conocimiento en Colombia es todavía incipiente. Y aunque hoy en la comunidad académica probablemente rondan más iniciativas que nunca, hay que tener en cuenta que estos procesos no siempre llegan a feliz término. "Solo uno de diez llega a ser un nuevo producto", dice Raimundo Abello, director de investigación y proyectos de Uninorte. El desarrollo del genoma humano en la Universidad de Stanford no es algo usual. Pero esto no desanima a nadie. Las universidades seguirán trabajando para generar más conocimiento, integrarlo con la sociedad y la empresa privada, de paso, ayudando a cerrar la brecha tecnológica de Colombia con el mundo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?