| 4/3/2009 12:00:00 AM

Pandillas, guerra & paz

Empresarios de Guatemala, México, Venezuela y Colombia ponen en marcha diversas acciones para apoyar programas de reinserción en sus respectivos países.

Todo se vale. La idea es ayudar de una forma u otra para que los muchachos dejen las armas de lado. La meta es la misma, así se trate de pandilleros, delincuentes comunes, reinsertados de la guerrilla o desmovilizados de las autodefensas. Así lo están entendiendo empresarios de varios países de la región, los cuales han tenido que padecer complicadas situaciones de orden público.

En Guatemala, por ejemplo, un grupo de empresarios decidió enfrentar a dos de las pandillas más 'duras' de la capital guatemalteca: Los Mara Trucha y Barrio 18. Pero no lo hicieron con armas sino a través de un reality, donde a diez pandilleros se les retó a crear diez microempresas en 14 días. Y lo lograron. El programa se denominó Desafío 10, y se llevó a cabo en 2006. Al año siguiente, más compañías se vincularon al programa para ayudar a más pandilleros a dejar las calles, por lo cual el desafío se creció a 100. En 2008 pasó a 200 y este año la meta es que los jóvenes puedan crear 300 nuevos negocios.

José Piraval Guzmán, presidente del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras de Guatemala (Cacif), explica que su país libró una guerra de guerrillas que duró 36 años, tiempo durante el cual se desintegraron familias, se desplazaron muchas comunidades, se disparó la migración y gobernó el miedo. "Decidimos no ser unos espectadores más y estamos comprometidos con muchas causas como el retorno de los desplazados, la reforma educativa y la reintegración de estos jóvenes que sentimos son nuestra responsabilidad", dice.

Liberando alcatraces

Otro botón para la muestra es el Proyecto Alcatraz, que lidera desde hace ocho años Ron Santa Teresa, en el municipio de Revenga, en el estado Aragua, en Venezuela. Según su presidente, Alberto Vollmer, la puesta en marcha de este programa ha permitido que decenas de jóvenes que hacían parte de pandillas y grupos delincuenciales de la región ahora estén desarrollando actividades productivas. Durante tres meses los jóvenes participan en un programa que incluye capacitación en varios oficios, formación integral en valores, educación para el trabajo, práctica de rugby, asistencia psicológica y trabajo comunitario.

Hasta la fecha se han logrado desarmar cinco bandas, mientras que los índices de violencia, delincuencia y desempleo cayeron dramáticamente a medida que se fueron 'liberando' más 'alcatraces' para unirlos al proyecto.

En México, entre tanto, otro grupo de empresarios está haciendo todo lo posible para que la cárcel sea la última opción para los jóvenes infractores. Y lo están logrando a través de la Fundación Reintegra, que promueve la prevención, readaptación y tratamiento de menores.

Su director, Francisco Castellanos, explicó que se pusieron en marcha programas como el de las Fianzas Sociales, mediante el cual se les paga este derecho a quienes no cuentan con recursos para hacerlo. Cubre a unos 5.000 jovencitos al año que cometen delitos menores, a los cuales les hacen acompañamiento individual y familiar para que no reincidan.

Apoyo criollo

En Colombia, las empresas también han venido contribuyendo con el proceso de reinserción de guerrilleros y paramilitares. Además de la Consejería Presidencial para la Reintegración, que lidera las alianzas del Gobierno con el sector privado, en ciudades como Cali y Medellín se han creado organizaciones que han desarrollado sus propias estrategias para consolidar la reincorporación de sus jóvenes en conflicto con el apoyo del sector privado, entre otros.

Paz y Reconciliación, de la alcaldía de Medellín, es una de ellas. Su director, Jorge Gaviria, cuenta que actualmente hay 280 desmovilizados en las empresas de la ciudad, que otros 1.300 consiguieron empleo por su cuenta o desarrollaron su propio negocio informal como manejar taxi o distribuir productos puerta a puerta. Y que 179 están vinculados a proyectos productivos que cuentan con el aval de la Alta Consejería y del gobierno estadounidense a través de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Destaca la participación en este proceso de empresas como Suramericana, Sodexo, Almacenes Éxito, Carrefour y el Grupo Empresarial Antioqueño, entre otras.

Entre tanto, VallenPaz promueve en el Valle del Cauca el acompañamiento a campesinos que habitan regiones ubicadas en medio de los cultivos ilícitos y los enfrentamientos armados: la parte alta de Palmira, Pradera, Florida y Miranda; el cañón del río Anchicayá, Corinto, Padilla, Guachené, Santander de Quilichao y la parte alta de Jamundí.

"Reciben asistencia técnica para la siembra de sus productos, aplican sistemas de riego por goteo y comercializan directamente sus productos. Las familias que están en este proceso generan un millón de pesos mensuales", cuenta Rodrigo Guerrero, miembro de la junta directiva de VallenPaz.

Para el directivo, otro buen ejemplo de lo que realiza la fundación para quitarle adeptos a la guerra es el de Corinto. "Hay 120 invernaderos de campesinos que tumbaron la coca y se pasaron a sembrar tomate. Y en mil metros sacan lo que obtenían en una hectárea de coca".

Estas y otras experiencias fueron narradas por sus protagonistas durante el seminario internacional Reintegración de jóvenes en conflicto con la ley: bases científicas y el rol del sector privado, realizado en días pasados en la Universidad Javeriana de Cali.

Al final del evento todos coincidieron en el hecho de que para ayudar a los jóvenes a reintegrarse a la sociedad y dejar las armas y la delincuencia común, vale la pena 'combinar todas las formas de lucha'.

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